Pendientes de las decisiones del BCE y de la Fed este mes de septiembre, los fondos monetarios, que invierten en letras y pagarés de empresa con una vida no superior a 18 meses, son una de las opciones más claras de inversión. Los analistas de la gestora francesa Ofi Invest apuestan por este tipo de fondos para escapar de las dudas sobre el comportamiento de los tipos y su efecto en los bonos, y por el complicado momento que atraviesa el mercado de acciones. Las dudas sobre el aterrizaje de las economías, sobre una posible recesión en Europa, elevan el riesgo tanto de invertir en bonos como hacerlo en las Bolsas. Por ello, estos expertos consideran que actualmente es la opción de inversión que ofrece la mayor rentabilidad/riesgo.

Con datos de cierre de agosto ofrecidos por la patronal del sector, Inverco, los fondos monetarios acumulan en el año una rentabilidad media del 1,6% y en el pasado mes de agosto (mes de caída de los mercados) tuvieron entrada de dinero fresco por importe de 281 millones de euros. Actualmente, estos fondos tienen en su conjunto un patrimonio de 7.880 millones de euros que se ha incrementado un 50,6% en el año. Las previsiones para el cierre del ejercicio es que alcancen una rentabilidad cercana al 3% que, al menos, cubriría el incremento de los precios (IPC) del presente año.

Estos fondos no tienen riesgo de mercado por el pronto vencimiento de los activos en los que invierten y, por ello, la pericia del gestor de estos fondos no marca una diferencia relevante entre unos y otros. Sí que hay que fijarse en las comisiones de gestión que cobren las gestoras porque será determinante en la rentabilidad final que consiga el ahorrador. Así, habrá siempre que buscar aquellas gestoras con comisiones más bajas, lo que redundará en el resultado final.

Las mejores expectativas, según Ofi Invest AM, las presentan las inversiones en el mercado monetario, inmejorables en términos de rentabilidad/riesgo, con rendimientos cercanos al 4%, aunque los bonos corporativos no están muy por detrás de ellos. “Es probable que el BCE y la Fed aumenten sus tipos clave una vez más como mucho, antes de mantenerlos invariables durante varios trimestres, mientras vigilan si resurge la inflación”, explican desde la gestora. Y añaden: “las expectativas de recortes de tipos en 2024 se difuminan, confirmando el escenario de una larga fase de estabilidad en los tipos de interés clave”, concluyen.

Muchas dudas en los mercados

El consenso del mercado apunta a una desaceleración fuerte de la economía europea con el riesgo de una recesión (decrecimiento económico), mientras Estados Unidos muestra una gran fortaleza en su economía con tensiones inflacionistas, provenientes sobre todo del incremento en los costes salariales.

Esta misma semana Bank of America (BofA) presentaba un informe donde prevé que el tipo del bono estadounidense a 10 años se coloque en el 4,75% al finalizar este 2023. Esto supone una subida importante respecto a la cotización actual, que se mueve en sus niveles máximos del año del 4,30%. La posibilidad de tipos más altos a largo plazo implica la caída de los precios de los bonos emitidos a tipos inferiores: existe, pues, un riesgo de pérdida en estos bonos y en los fondos de inversión que han invertido en estos activos a largo plazo.

Aunque en Europa las condiciones económicas sean distintas, el contagio de tipos más altos en el mercado estadounidense deberá producirse. Estos contagios se explican en la necesidad de captar dinero por parte de los distintos países. Así, si las rentabilidades se elevan en Estados Unidos, Europa tendrá que seguir ese camino, aunque su economía esté más débil. Estas expectativas de crecimiento sólido en Estados Unidos y de tipos más altos explican que en las últimas semanas el dólar se haya revalorizado frente a la divisa europea, el euro. A mediados del pasado mes de julio por un euro se conseguían 1,12 dólares y actualmente por ese mismo dólar te ofrecen 1,07 dólares. La divisa europea ha caído un 4,42% frente al billete verde en tan corto espacio de tiempo.

La otra gran incógnita es el comportamiento de las bolsas en lo que queda de año. Desde el 16% que subía el mercado de acciones en el mes de abril se ha producido un ajuste hasta una rentabilidad positiva del 12%. Pero ¿la corrección llegará a más? Tanto el mes de agosto, que fue negativo para las grandes Bolsas, como el comienzo de septiembre, están siendo muy complicados. De un lado, el temor a tipos más altos proveniente de la fortaleza de la economía estadounidense con la inflación que conlleva y, de otro, el miedo a una recesión en Europa que mermaría los resultados de las empresas en la parte final del ejercicio. Temores aún no resueltos y que, de momento, provocan la caída de las plazas financieras.

Todas estas incógnitas se disipan con los fondos monetarios, no expuestos a los vaivenes de los tipos de interés a largo plazo y ajenos al comportamiento de los mercados de acciones.