Barcelona revalida un año más su liderazgo indiscutible en la atracción de capital en España. La capital catalana, como epicentro del ecosistema, concentró durante 2025 inversiones por valor de 1.374 millones de euros distribuidos en 140 operaciones, consolidándose no solo como un hub de actividad sino como el polo donde se define una parte sustancial de la trayectoria del mercado. Esta posición, sin embargo, se ejerce en un contexto de transformación.
El ecosistema estatal de empresas emergentes, analizado al detalle por Bankinter, presenta un año 2025 de transición, caracterizado por unos indicadores que apuntan hacia una madurez forjada a partir de la prudencia y el pragmatismo. En el conjunto del Estado, el volumen total de capital registró un ligero descenso del 3%, situándose en 3.108 millones de euros. Esta contracción, que podría interpretarse como un signo de debilidad, queda inmediatamente matizada por un crecimiento robusto del 11% en el número de rondas de financiación, que alcanzaron las 376 transacciones. La imagen que emerge es la de un mercado más activo.
El corazón de esta transformación se encuentra en la evolución del tamaño de las operaciones. La paradoja de un capital total que decrece mientras las operaciones crecen se resuelve observando una tendencia clara hacia la moderación y el equilibrio. El volumen medio de cada ronda experimentó un ajuste a la baja del 14%, hasta los 9,4 millones de euros. Esta cifra, por sí sola, podría sugerir un hundimiento generalizado.
Sin embargo, el aumento del 34% en la mediana, que subió hasta los 2,14 millones de euros, revela una realidad mucho más significativa: el mercado se está alejando de los valores extremadamente altos que distorsionan la media y se está densificando alrededor de operaciones de tamaño intermedio. Es un movimiento que refleja una salida de la época de la euforia financiera fácil y la llegada a una fase donde la sostenibilidad, la trayectoria demostrada y la eficiencia en el uso del capital ganan peso respecto al simple crecimiento a cualquier precio. Este ajuste no implica, sin embargo, una retirada del capital, sino su redistribución hacia etapas más avanzadas del ciclo de vida de las empresas.
En este sentido, los datos son elocuentes y confirman un cambio de estrategia por parte de los fondos de inversión. Las apuestas más iniciales, las rondas seed, sufrieron un retroceso del 10%, con 89 operaciones. En cambio, las fases donde las empresas ya han validado su modelo de negocio y buscan escalar atrajeron una atención renovada. Las inversiones en serie A, cruciales para la expansión, crecieron un notorio 34%, mientras que las de serie C, dirigidas a consolidar líderes de mercado, experimentaron un impulso del 65%. Esta corriente evidencia una clara preferencia por añadir capital a proyectos con un riesgo más contenido y un camino más claro hacia la rentabilidad, en detrimento de la pura exploración en fases germinales. Es, en definitiva, una señal de un ecosistema que ha entrado en una época de selección y profundización.
A pesar de esta tendencia hacia la moderación, la importancia estratégica de las operaciones de gran volumen se mantiene intacta y es un factor clave para entender la geografía de la inversión. Las rondas que superaron la barrera de los 50 millones de euros representaron solo un cuatro por ciento del total de operaciones, pero lograron acumular la cifra desproporcionada del 44% de todo el capital movilizado el año pasado. Esta concentración extrema del capital en unas pocas operaciones explica, precisamente, la capacidad de impacto de una sola operación en el panorama territorial.
Es el caso de San Sebastián, que gracias a la ronda excepcional captada por Multiverse Computing pudo situarse al lado de Valencia y justo detrás de Madrid en el ranking de hubs, siguiendo a gran distancia de Barcelona. Esta dinámica recuerda que, a pesar de la racionalización general, el mercado continúa siendo dual: por un lado, un tejido denso y vibrante de rondas intermedias que sostiene la actividad diaria; por otro, unas pocas operaciones estratégicas, de gran magnitud, que continúan determinando las grandes cifras y la proyección internacional de los polos de innovación. El ecosistema, pues, camina hacia un equilibrio más sólido, pero sin renunciar a la capacidad de generar grandes hechos que lo sitúen en el mapa global.
