En los últimos años, ocho instituciones destacadas del mundo empresarial y económico y de la sociedad civil catalana se han unido para hacer frente común en temas como la mejora de la financiación de Catalunya, la ampliación del Aeropuerto del Prat o la solución al mal funcionamiento de Rodalies. Ahora, la unión de este G8 está en el aire por la crisis abierta entre la Cambra de Comerç de Barcelona, que es actualmente quien lidera la unión, y Pimec, por la ampliación de las llamadas sillas de plata en la institución cameral.
La primera prueba la tendrán este próximo lunes, sin tiempo para digerir lo que ha pasado. Los presidentes de la Cambra, Josep Santacreu, Pimec, Antoni Cañete, Fira de Barcelona, Pau Relat, Col·legi d’Economistes de Catalunya, Carles Puig de Travy, Cercle d’Economia, Teresa Garcia-Milà, Femcat, Tatxo Benet, Barcelona Global, Josep Lluís Sanfeliu, y el RACC, Josep Mateu, se encontrarán el día 20 en un almuerzo privado, sin invitado, para hablar de los próximos pasos a dar de la institución. El encuentro estaba programado antes del choque en la Cambra, pero este tema no quedará al margen.
Si bien es cierto que la ruptura entre Josep Santacreu y Antoni Cañete no tiene que ver con el G8 sino con la gobernanza de la Cambra de Comerç, también lo es que la sintonía entre las dos organizaciones se ha roto y esto hace que se replanteen las alianzas. Y, además, se junta con el hecho de que en el seno de algunas organizaciones ya no ven mucho sentido a esta alianza a ocho.
La fractura se empezó a producir hace unas semanas, cuando Santacreu planteó volver a ampliar el número de empresas de mayor aportación al pleno de la Cambra de Barcelona, pasando de dos a diez, y Cañete se opuso. La decisión supondrá incrementar el número de grandes compañías en el pleno y una reducción de las empresas elegidas por sufragio. Por este motivo, Pimec se inclinó por el no, junto con Eines de País, el grupo de empresas que gobernó la Cambra entre 2019 y 2023, pero que perdió las últimas elecciones.
El presidente de la Cambra intentó llegar a un acuerdo con el de Pimec e incluso rozaron un principio de acuerdo a principios de semana. Eloi Planes, que negociaba en nombre de la Cambra, y Emili Rousaud, que lo hacía en nombre de Pimec —aunque ambos tienen vínculos con las dos organizaciones— consensuaron una propuesta que Cañete rechazó, según han explicado fuentes al corriente de las negociaciones. Para el presidente de la patronal de pymes, era “innegociable” ampliar la presencia de grandes empresas en detrimento de las elegidas por sufragio.
Esta negativa dolió a Santacreu, que esperaba un pleno ya con acuerdo y con la propuesta aprobada holgadamente, y a Planes, que también tiene vínculos con Pimec. La medida salió adelante, pero con una victoria pírrica —en realidad, hubo un empate y el presidente tuvo que hacer valer su voto de calidad—, lo que tampoco beneficiaba a Santacreu. Tanto él como Cañete encajaron el resultado del pleno con cierto enfado.
El G8, en cuestión
Algunas fuentes consultadas hablan de un claro distanciamiento que puede tener repercusión en las relaciones entre las dos instituciones más allá de la Cambra. El G8 tiene números de salir perjudicado porque ya ha habido algún tira y afloja y hay voces que no ven sentido a una unión de organizaciones muy diferentes, tanto en su forma como en su composición. De hecho, está ya disminuyendo la frecuencia de sus encuentros, apuntan fuentes de algunas instituciones miembros.
Este grupo fue creado a instancias de Javier Faus cuando era presidente del Cercle d’Economia, junto con Antoni Cañete, como un contrapeso a Foment del Treball. Pero cuando Faus abandonó el Cercle, la Cambra tomó el liderazgo en tanto que representante de todo el tejido empresarial. Pimec, sin embargo, siempre ha reivindicado su papel como impulsor del G8. Ahora, algunos creen que una unión del ecosistema empresarial y la sociedad civil sin Foment no tiene sentido. De hecho, en enero la patronal y el G8 ya se unieron para hacer frente común por la financiación.
