Hoy quiero detenerme en un concepto que se está utilizando con una ligereza muy peligrosa: la llamada “prioridad nacional”. Detrás de esas dos palabras aparentemente inocentes hay una idea profundamente excluyente, que intenta dividir a la ciudadanía entre quienes merecen más y quienes merecen menos, y que además choca con la Constitución, con la ley y con el propio sentido democrático de la igualdad. Lo preocupante no es solo lo que Vox pretende defender, sino el clima que está ayudando a normalizarlo; con mensajes ambiguos, con matices forzados y con declaraciones como las de Joan Garriga, que reabren fantasmas muy viejos en una sociedad que debería haberlos superado hace mucho tiempo.
