Nada, no hay nada que hacer: quien pretenda que en España se vuelva a quemar carbón para producir electricidad y que las centrales nucleares retrasen su fecha de cierre ya puede ir pensando en votar a un partido que no sea ninguno de los que hoy integran el Gobierno. Lo adelantó Pedro Sánchez durante su careo con Núñez Feijóo en el Senado y lo reafirma ahora Teresa Ribera, la Ministra de Transición Ecológica: el actual Ejecutivo no piensa retroceder en sus planes de descarbonización y apagón nuclear. Poco importa que el gas ruso suba, que las relaciones con Argelia sean cada vez peores y que las renovables no se estén desplegando con la celeridad deseable. El bolsillo de empresas y particulares, que pagan la electricidad más cara que nunca y van a tener que abonar este invierno facturas de gas astronómicas parece que todo lo puede.
A contracorriente de Europa
La decisión gubernativa, que eleva casi a dogma de fe la revolución verde, contrasta con las iniciativas de países como Alemania, donde nunca se ha dejado de quemar carbón, o Francia, en el que la energía nuclear forma parte casi de la identidad del país y es, de hecho uno de sus sectores más dinámicos y exportadores. Ni siquiera sirve que la Unión Europea considera la energía nuclear una energía verde porque la decisión lleva años tomada: en 2027, las nucleares españolas empezarán a dejar de producir energía y en 2035 se espera que no quede ninguna en funcionamiento. El desinterés de las eléctricas, que no han manifestado ningún tipo de interés en proyectar nuevas instalaciones de este tipo juega a favor del Ejecutivo que preside Sánchez. Frente a ellos, La Sociedad Nuclear Española, asociación sin ánimo de lucro que agrupa a empresas y profesionales del sector, recuerda que España es el único país europeo que ni siquiera valora replantear su política nuclear. Sobre las térmicas, mejor no hablar: ahora ya sabemos por qué había tanta prisa en dinamitar chimeneas y torres de refrigeración. No era otra cosa que una simple política de tierra quemada. Si las centrales térmicas no existen, nadie se atreverá a exigir usarlas. Aboño, en Asturias, y los Barrios, en Andalucía, aún funcionan, pero As Pontes no se va a reactivar y su desmantelamiento está pendiente sólo del último visto bueno.
Planes de recolocación
Tan calor lo tienen ya en el Gobierno que el Ministerio de Transición Justa ultima estos días hasta un plan de recualificación y recolocación de los trabajadores de térmicas y nucleares. A tal fin, destinan casi nueve millones de euros que servirán para financiar cursos y reubicar en empresas de la llamada economía verde a quienes durante décadas han producido energía se supone que sucia pero, también, mucho más barata que la que hoy utilizamos.
