Desde que desapareció la bonificación universal de veinte céntimos por litro de carburante, seguro que has notado ya como se te marcha más dinero de la cuenta en combustible al acabar la semana y, por eso, has empezado a tratar de identificar estrategias para ahorrar carburante y a aplicarlas. Una de las más habituales es conducir a no muy altas revoluciones y, si bien es cierto que permite ahorrar gasolina, puede acabar generando problemas a largo plazo si te excedes.

Posibles averías
Si tu coche funciona con gasolina, conviene que sepas que la franja en la que mejor trabaja el motor es la comprendida entre las 2.000 y las 3.500 revoluciones por minuto. Por el contrario, si el combustible que consume es gasóleo, esa franja queda entre las 1.500 y las 3.000. Si lo mantienes siempre en el rango indicado, tu motor ofrecerá en todo momento el empuje preciso para reaccionar con la premura necesaria cada vez que pisas el acelerador y el consumo, por supuesto, se reducirá. Por el contrario, si circulas por debajo de la horquilla de revoluciones óptima no harás otra cosa que forzar el motor y disparar el consumo de combustible cada vez que aceleres y le exijas reaccionar. Y el problema no es sólo ése porque, además, si obligas a tu motor a hacer cosas que no debe, las averías llegarán más pronto que tarde.
Vibraciones
Circular a revoluciones demasiado bajas, además, tiene efectos negativos sobre el confort: el motor vibra más y los pasajeros, por supuesto, lo notan. Los sistemas anticontaminación se dañan, los filtros antipartículas se deterioran antes y todo el bloque de motor puede resentirse llegando, incluso, a desgastarse o romperse algunas piezas antes de tiempo. Para pensárselo, la verdad.