¿Sabes qué es el formaldehido? Sí, efectivamente, es un gas. Un gas que, además de empeorar la calidad del aire y generar irritación en las mucosas, es inflamable. En verano, con las altas temperaturas, las concentraciones de formaldehido se incrementan hasta en veinte veces y el riesgo de incendio crece. ¿Qué solución hay? Purificar el aire.
A más calor, más partículas nocivas para el organismo
Las olas de calor aumentan también directamente los niveles de partículas (PM), dióxido de nitrógeno (NO2) y ozono troposférico presentes en el aire. Además, si se combinan con humedad las altas temperaturas propician la liberación de compuestos orgánicos volátiles como el ya citado formaldehido, que está presente en muebles, colchones y paredes. Con el calor, además, todos estos compuestos reaccionan entre sí y la atmósfera de tu hogar se enrarece. De hecho, las partículas en suspensión llegan incluso a ser capaces de penetrar en el aparato respiratorio, depositarse en los alvéolos pulmonares y hasta llegar al torrente sanguíneo, lo que incrementa el estrés oxidativo proinflamatorio. En estos casos, la receta siempre es la misma: controlar la calidad del aire interior mediante, por ejemplo, purificadores de aire. Desde Dyson, fabricante de estos dispositivos, se indica que se puede eliminar con ellos hasta el 99,95% de las partículas más pequeñas.
¿Cómo actuar?
En verano es clave comprobar la contaminación del aire exterior y las concentraciones de polen antes de abrir las ventanas. Para ventilar, los mejores momentos son la última hora de la noche y la primera hora de la mañana. Igualmente, conviene mantener un hogar sin humos, escoger mobiliario que no desprenda formaldehido, limpiar el polvo con frecuencia, evitar productos de limpieza tóxicos, evitar espacios húmedos y vigilar a nuestras mascotas para que no accedan a determinadas estancias en las que están presentes personas con algún tipo de alergia, ya que los animales son agentes alérgenos
