Además del vino y las naranjas, en España tenemos un activo muy exportable: la lengua española, que es, con sus cerca de 600 millones de hablantes, la segunda más utilizada después del inglés como lingua franca. Por supuesto, idiomas como el chino o el hindi se hablan más que el castellano, pero su importancia es exclusivamente local. Por eso, y aunque las relaciones que España mantiene con ellos no son las mejores, en Marruecos no se lo han pensado dos veces van a crear secciones bilingües en sus centros de secundaria. Así lo han acordado esta semana la ministra española de Educación, Pilar Alegría, y el titular de la cartera homóloga de nuestro vecino del sur, el señor Chakib Benmoussa.

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¿Cómo funcionarán?

Lo explica esta semana el Ministerio e Educación en una nota: los estudiantes marroquíes podrán conocer la lengua y cultura españolas -muchos de ellos ya la dominan, no en vano el Rif fue protectorado español durante décadas- y, si lo desean, podrán continuar sus estudios superiores en España, ya que obtendrán una doble titulación que les permitirá acceder a nuestras universidades. El acuerdo vincula también alos centros de Formación Profesional marroquíes, desde los que se activarán actividades de intercambio y movilidad en las que podrán participar profesores y alumnos.

¿Y en España?

Pues en España, nada: las secciones bilíngües acordadas se articularán sólo en Marruecos y no habrá un equivalente en nuestro país, ya que el acuerdo no comporta reciprocidad. Hoy, cualquier joven que llega a nuestro país desde Marruecos o cualquier territorio el norte de África lo hace llevando en su mochila, como mínimo, el árabe que ha aprendido en casa y el francés que le han enseñado en la escuela pero, a menudo, también porta ciertos conocimientos de castellano que ha aprendido por su cuenta y, muchas veces, completa también el bagaje con cierto dominio del bereber, la lengua del Rif. Aquí, con suerte, nuestros jóvenes dominan más o menos el castellano (y el catalán, el gallego o el euskera, según donde) y se medio manejan en inglés. ¿Tan difícil era rubricar un acuerdo que, por ejemplo, comportase la posibilidad de aprende árabe en los institutos españoles?