Hay una idea muy extendida sobre el reciclaje que continúa generando errores cada día: pensar que el contenedor amarillo es “el contenedor del plástico”. Pero no lo es. Y esta confusión, aparentemente menor, provoca que miles de residuos acaben en el lugar equivocado.

El contenedor amarillo no está pensado para recoger todos los objetos de plástico, sino únicamente los envases. Es decir: botellas de agua, bandejas de alimentos, bricks, latas o envoltorios. En cambio, muchos otros objetos de plástico que usamos habitualmente no deberían ir ahí, aunque estén fabricados con este material.

Este es uno de los errores más frecuentes a la hora de reciclar. Juguetes, cepillos de dientes, cubos, bolígrafos o fiambreras suelen acabar en el contenedor amarillo porque la mayoría de las personas asocian directamente “plástico” con “amarillo”. Pero estos productos no forman parte del sistema de envases y, por lo tanto, no se pueden gestionar de la misma manera en las plantas de tratamiento.

La consecuencia es lo que se conoce como “impropios”: residuos depositados en el contenedor equivocado que dificultan el proceso de reciclaje y encarecen su tratamiento. Cuando esto ocurre, muchas plantas tienen que separar manualmente estos materiales o, en algunos casos, descartarlos directamente.

¿Qué va realmente en el contenedor amarillo?

La norma es más simple de lo que parece: al amarillo solo van envases de plástico, latas y briks.

Por lo tanto, sí que podemos tirar allí:

  • botellas de detergente o champú
  • bandejas de porexpan
  • bolsas de snacks
  • vasos de yogur
  • latas de refresco o conserva
  • bricks de leche o zumo

En cambio, no deberían ir:

  • juguetes de plástico
  • utensilios de cocina
  • pañales
  • cepillos de dientes
  • pequeños electrodomésticos
  • objetos metálicos que no sean envases

Muchos de estos residuos tienen circuitos específicos o bien se tienen que llevar al punto limpio.

Un pequeño error con mucho impacto

Los expertos en reciclaje hace años que insisten en que reciclar mal puede llegar a ser casi tan problemático como no reciclar. Cuando los residuos se depositan incorrectamente, se dificulta la separación posterior y se reduce la calidad de los materiales recuperados.

En Catalunya, todavía hay una gran cantidad de residuos mal separados. Especialmente en el contenedor amarillo, donde la mezcla de objetos incorrectos es muy habitual. De hecho, una parte importante de lo que se tira allí no se puede reciclar correctamente por culpa de estos errores de clasificación.

Además, el problema no es solo ambiental, sino también económico. Cuantos más impropios hay en los contenedores, más caro es el sistema de gestión de residuos. Y esto acaba repercutiendo directamente en el coste del servicio público.

Reciclar mejor, no solo reciclar más

Cada vez más campañas de concienciación insisten en la misma idea: no se trata solo de reciclar mucho, sino de reciclar bien. Conocer qué va a cada contenedor es una de las herramientas más simples y efectivas para mejorar el sistema. Y en el caso del amarillo, la clave es recordar una frase muy concreta: no es el contenedor del plástico. Es el contenedor de los envases.

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