El movimiento de Alberto Núñez Feijóo planteando a Junts y PNV la presentación de una moción de censura instrumental que active inmediatamente el calendario electoral obedece fundamentalmente a dos cosas: se cumplen este lunes ocho años de la moción de censura presentada por el PSOE para desalojar a Mariano Rajoy del Palacio de la Moncloa y que, paradojas de la historia, defendió José Luis Ábalos. Y, en segundo lugar, la visita del presidente del Partido Popular este martes a las jornadas del Cercle d'Economia que se celebran esta semana en Barcelona. Feijóo, que es un fijo a estas reuniones, sabe que una de las preguntas más repetidas que se le harán es qué, más allá de declaraciones, piensa hacer para un cambio de gobierno en España sin esperar a que la legislatura toque a su fin, cosa que sucederá en julio de 2027. Y que por qué no mueve pieza y sale de la zona de confort en la que espera pacientemente, como gallego que es, que el cadáver político de su rival pase inexorablemente por delante de él.
Aunque Feijóo sabe que su movimiento es más estético que cualquier otra cosa, ha dado el paso, en parte, para sacudirse la presión que existe en Madrid. El PP sabe que hay más de un 99 % de posibilidades de que ese movimiento tenga poco recorrido. Junts y PNV tampoco deben ver que acabe pasando y sus opciones actuales quedarían en un cero con algo. Y es que, en política, es muy difícil que algo sea 100 % seguro aunque no tenga posibilidades. En el caso del Partido Popular hay un factor añadido: las encuestas que manejan en la calle Génova de Madrid apuntan muy claramente a que dos de cada tres votantes suyos le están pidiendo una moción de censura. Igual que las bases electorales de Vox le exigen lo mismo a Santiago Abascal. Pero el problema para Junts y PNV sigue siendo el mismo del inicio de la legislatura, ya que el elefante ultra sigue estando en la habitación y eso hace muy difícil cualquier movimiento.
¿Cuál es el gesto que está dispuesto a hacer Feijóo, más allá de pedir al partido de Carles Puigdemont y al de Aitor Esteban que le entreguen en bandeja la presidencia del Gobierno para que él llegue a la Moncloa?
Esa situación provoca una paradoja, puesto que 184 diputados del Congreso —los de PP, Vox, Junts y PNV— exigen a Pedro Sánchez que convoque elecciones, una mayoría absoluta sobradísima, pero ese número se reduce a 172, por debajo de la mayoría absoluta, a la hora de sumas y restas ante una moción de censura. Aunque Feijóo la ha alimentado este lunes, aunque sea mínimamente, con su oferta a los nacionalistas e independentistas catalanes y vascos de centroderecha, y ha agregado que las tres formaciones podrían buscar una solución orillando a Vox como si no existiera, lo cierto es que una moción de censura no se proclama en un programa de televisión, sino que se trabaja con la mayor discreción. Lo otro, el ruido mediático y de las tertulias, acaba siendo, a la hora de la verdad, mucha propaganda y muy poca cosa más.
Feijóo entenderá que una moción de censura para un programa político que vaya contra Catalunya y Euskadi tenga pocos alicientes a la hora de seducir los votos que imperiosamente necesita. Incluso uno de sus predecesores, José María Aznar, que se encontró en una situación bastante similar, fue capaz de salir en televisión, en TV3, en 1996, diciendo que hablaba catalán en la intimidad, condición indispensable planteada por Jordi Pujol para rebajar la urticaria del electorado catalanista hacia el entonces presidente del PP. ¿Cuál es el gesto que está dispuesto a hacer Feijóo, más allá de pedir al partido de Carles Puigdemont y al de Aitor Esteban que le entreguen en bandeja la presidencia del Gobierno para que él llegue a la Moncloa? ¿Qué compromisos está dispuesto a aceptar? ¿Admitiría que este presidente de la moción de censura instrumental que convocara elecciones fuera un independiente y no él? Supongo que su respuesta a todo ello sería una serie de noes. Pero, si no fuera así, los canales de comunicación que otras veces ha empleado deben seguir abiertos.