Este martes, coincidiendo con el primer día del curso escolar en Catalunya, han visto la luz los resultados del informe PISA 2025, las pruebas estandarizadas que se realizan en el conjunto de 38 países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico y otros 52 asociados. Después de unos resultados desastrosos en el informe de 2022, los peores de la historia, se esperaban con ansias los resultados de este año para ver el impacto de las medidas que, desde entonces, ha implantado Educació en el currículum y el aprendizaje de los alumnos catalanes. Sin embargo, una cadena grave, y aún por investigar completamente, de errores en el Departament d'Educació ha provocado que quedaran fuera de ser evaluados un 23,2% de los alumnos que realizaron el examen, una cifra que multiplica por 4,5 veces el 5% de las exclusiones que recomienda la OCDE. El resto de alumnos evaluados han obtenido unos resultados que el Ministerio de Educación ha decidido hacer públicos, aunque por separado de las otras comunidades autónomas en los gráficos, ya que no son comparables al no ser suficientemente representativos. Esta Catalunya ilusoria, sin embargo, ha destacado positivamente en las pruebas, con una fuerte recuperación respecto a los resultados de 2022 y liderando en dos de las tres categorías en todo el Estado español, solo con Madrid por encima en los resultados de matemáticas.
¿Qué significa esto? Que los alumnos catalanes que realizaron las pruebas y han sido evaluados, un 76,8% del total de los que realizaron el examen, han obtenido unos resultados muy buenos dentro del contexto español, en muchos casos también por encima de la media de la OCDE y la UE, pero no podrán ser evaluados en las comparaciones internacionales por culpa del acusado sesgo de las pruebas que han dado resultados mejores de los que habrían salido con la muestra completa. Educació atribuye la exclusión de 591 de los 2.500 adolescentes de 15 años que hicieron las pruebas a una "incidencia técnica" a la hora de hacer llegar las indicaciones a los centros y las interpretaciones que estos hicieron. El motivo señalado para las exclusiones es que no estaban capacitados para realizar la prueba, ya sea por dificultades en el aprendizaje, falta de conocimiento de la lengua catalana o problemas de conducta. Solo cinco centros se ajustaron al 5% de las exclusiones recomendado por la OCDE, mientras que unos diez centros superaron el 40%.
El error de Educació invalida los resultados
Esta discrepancia se atribuye, desde fuentes conocedoras del informe, a una sobrerrepresentación de los centros de alta complejidad, donde hay un porcentaje más alto de alumnado recién llegado, que todavía se está introduciendo en la lengua y en el sistema educativo catalán, y también de alumnado con entornos socioeconómicos más complejos. El Ministerio de Educación ha reiterado en la presentación del informe que sus técnicos advirtieron a los de Educació de la alta incidencia de las exclusiones en las pruebas que esta había presentado, y desde Catalunya el mensaje que se recibía era que "se corregiría". Sin embargo, esta corrección no se ha producido y la evaluación de los alumnos catalanes no es lo suficientemente representativa para poder compararla con la de años anteriores u otros territorios y, de esta manera, poder evaluar las políticas educativas emprendidas desde el desastre de 2022.
En España, el porcentaje de exclusiones se ha situado este año en torno al 8%, también por encima de la media, pero la OCDE ha aceptado los resultados como igualmente válidos y comparables, cosa que también ha hecho con las pruebas de las Illes Balears y Murcia, donde un 7,2% y un 12,7% de los alumnos también han sido excluidos. Con los resultados de Murcia, el informe indica, mediante un asterisco, que los datos de la región se pueden usar en comparaciones con otros territorios o ediciones anteriores, siempre que se interpreten "con la debida cautela por el posible riesgo de sesgo". Los alumnos catalanes quedan fuera de las gráficas comparativas y se indica que los resultados solo corresponden a los evaluados y no al conjunto del alumnado.
Con los resultados de 2022, el Govern de Pere Aragonès atribuyó los desastrosos resultados a la alta tasa de alumnos recién llegados a Catalunya, así como a las complicaciones en el sector educativo relacionadas con el confinamiento y la pandemia de la covid-19 durante los años 2020 y 2021, que trastocaron los resultados educativos en todo el mundo. Este año, el Ministerio apunta a otras causas que explicarían el retorceso, contando Catalunya, que han sufrido los alumnos españoles en las tres categorías evaluadas, pero especialmente en las de lectura y matemáticas.
Desde el ejecutivo español desvinculan la bajada de los resultados a la aplicación de la ley educativa aprobada en 2020, la LOMLOE, que ya estaba completamente en vigor cuando se hicieron las pruebas el primer trimestre del año pasado. En cambio, el secretario de Estado de Educación, Abelardo de la Rosa, indica que el modelo de aprendizaje competencial que incorpora la ley "tiene sus adaptaciones" y que "hay muchos factores extraeducativos" que afectan a los resultados. En este sentido, se refiere a la digitalización, la falta de atención de los alumnos y, también, la "complejidad social" que afrontan los centros, las familias y, en definitiva, el Estado.
Los estudiantes españoles, a la baja
En global, los resultados españoles empeoran respecto de 2022 en las tres categorías evaluadas, y más acusadamente en lectura y matemáticas. En lectura, los alumnos españoles sacan 451 puntos de media, una bajada de 23 puntos respecto de 2022, cuando los alumnos de 4.º de ESO del Estado se situaban solo 3 puntos por debajo de la media de la OCDE con 474 puntos. Ahora, los alumnos españoles están a 12 puntos de la media de la OCDE, en registros parecidos a los de los alumnos de Hungría, Eslovaquia o Noruega. Si, sin ser un dato del global de los alumnos catalanes, solo de los que fueron evaluados, se coge la puntuación atribuida a Catalunya, esta supera la media española ampliamente y llega a los 473 puntos. Son los alumnos con la puntuación más alta del Estado, por delante de Asturias (471), Madrid (469) y Castilla y León (466), y superan por 12 puntos la media de la OCDE.
En el apartado de matemáticas, los resultados no son mejores. Los alumnos españoles sacan 457 puntos, por debajo de la media de la OCDE, que se sitúa en 463. Respecto de los resultados de 2022, hay una bajada de 18 puntos respecto de los 473 de aquel año, cuando los alumnos españoles rondaban la media de la OCDE de 475 puntos. Los resultados de Catalunya situarían a los alumnos evaluados en los segundos con la puntuación más alta y sus 474 puntos solo los supera Madrid (477). Por detrás de Catalunya quedarían Castilla y León (472), Cantabria (470) y Asturias (469), todas también por encima de la media de la OCDE.
En la categoría de ciencia es donde el rendimiento de los alumnos españoles no empeora tanto. Los 477 puntos de los alumnos españoles quedan solo cinco puntos por debajo de la media de la OCDE, los mismos puntos en los que se reduce el rendimiento respecto de la prueba anterior. Por comunidades, si los resultados catalanes fueran comparables, quedaría destacada, en primer lugar y 502 puntos, que situarían a los alumnos catalanes en la parte alta de la tabla global, con puntuaciones parecidas a las de Irlanda, Suiza, Estados Unidos o Finlandia. Esto, claro, si no se hubieran producido los errores que dejan a Catalunya sin poder comparar un indicador clave en el rendimiento del sistema educativo del país.
Los resultados positivos
No todo son malas noticias con respecto a los resultados españoles, como insisten en decir desde el Ministerio. El descenso respecto de los resultados de 2022 es una tendencia global, como también lo es la curva más pronunciada de este descenso que el de 2022 respecto del de 2018 a escala mundial. Donde destacan positivamente los resultados españoles es en el apartado referente a la equidad y el rendimiento del sistema educativo para resolver desigualdades. El nivel socioeconómico es fundamental en el rendimiento académico, como indican el mismo informe PISA y el consenso académico al respecto. Según indica De la Rosa, "los resultados a nivel general de España sugieren que, aunque el origen socioeconómico sigue teniendo un papel muy relevante en los resultados educativos, una proporción significativa de los estudiantes de España consiguen superar estas condiciones de partida y obtener resultados que superan sus limitaciones de origen".
En este sentido, los catalanes evaluados sitúan el país en la media española del Índice Social, Económico y Cultural, que mide el nivel socioeconómico de cada territorio. Con estas puntuaciones, Catalunya también estaría ligeramente por debajo de la media de diferencias en las puntuaciones de los alumnos más favorecidos y los más desfavorecidos. Cantabria y Galicia se sitúan a la cola de este índice, es decir, son las comunidades donde las puntuaciones por cuartil socioeconómico son más parecidas, mientras que en La Rioja y Murcia es donde la diferencia es mayor. En la comparación global, el sistema educativo español es de los que presentan una diferencia menos acusada entre las puntuaciones de sus cuartiles, a nivel parecido a Dinamarca, Malta, Corea del Sur, Japón o Eslovenia. Letonia y Canadá son los países más igualitarios en este sentido, mientras que en Luxemburgo y Alemania es donde las diferencias son más notables.
A mayor nivel socioeconómico, mayor batacazo
El secretario De la Rosa, como también hace el informe, ha destacado el resultado del cuartil con más ISEC. Este sector del alumnado, que históricamente ha tenido el mejor papel en las evaluaciones de este tipo y, en general, educativamente, es el que observa una bajada más acusada en su rendimiento en todas las categorías. En ciencias, se dejan 12 puntos respecto a 2022, pero en matemáticas son 24,2 puntos y en lectura 33 puntos, de media. En el conjunto de la OCDE, la imagen es similar, aunque el retroceso, como ya se ve con los datos, es más moderado. Desde el Ministerio dicen que están analizando "los microdatos" para tener una imagen más completa, pero el resultado es "sorprendente" y "curiosísimo", porque "no debería ser así en principio".
El sistema educativo español también da buenos resultados en cuanto a la diferencia del rendimiento entre los alumnos españoles y los alumnos inmigrantes, con una diferencia de unos 40 puntos, a pesar de tener un 20,3% de alumnado migrante, por encima del 16,3% de la media de la OCDE. La situación mejora sustancialmente cuando se descuentan los efectos del índice socioeconómico del alumnado, ya que el alumnado migrante está sobrerrepresentado en los cuartiles inferiores. Sin el ISEC, esta diferencia se reduce a la mitad, alrededor de los 20 puntos.
Por comunidades autónomas, con los resultados no representativos, los alumnos catalanes quedan en la media del Estado, con unos 45 puntos de diferencia entre nativos y migrantes, que se reducen a la mitad al descontar el efecto de la desigualdad económica. En Canarias, Ceuta y Melilla es donde las diferencias son más pequeñas, resultados no estadísticamente significativos al descontar el efecto del ISEC en Ceuta, Melilla, Navarra y Madrid.
¿Y qué hacemos con los resultados?
Por culpa de los errores de la Conselleria, que se avisaron en múltiples ocasiones desde los técnicos del ministerio, los resultados que se muestran de los alumnos catalanes no reflejan la realidad de todo el alumnado y solo son válidos para estudiar los resultados de aquellos que hicieron las pruebas y se evaluaron. Probablemente, si la muestra hubiera sido representativa, es decir, con un nivel de exclusión dentro de lo permitido por la OCDE, que este año ha estado por encima del 5% en España, los resultados habrían sido peores de los que muestra esta foto. Esto se debe a que los excluidos son alumnos con más complejidades educativas, sea por entorno, trastornos u otras causas.
Catalunya tendrá que esperar ahora hasta 2029 para obtener unos nuevos resultados que sean comparables y con los que se puedan evaluar los logros y las carencias del sistema educativo, de las medidas introducidas desde 2022 y poder hacer los cambios pertinentes siguiendo los resultados obtenidos. Porque el error de Educació deja el sistema catalán y las políticas públicas en educación sin una pieza esencial para poder hacer una evaluación de los resultados obtenidos. Los docentes, sin embargo, defienden que no todo está perdido y que hay otras maneras de seguir evaluando el éxito, o no, de las medidas adoptadas. Pero no disponer de esta herramienta comparativa con el resto de España y del mundo hace perder una guía para orientarse en este campo, como lamentan las direcciones y otros miembros de la comunidad educativa.