Los trenes y autobuses de camino al área metropolitana de Barcelona ya iban repletos este martes a primerísima hora de numerosos estudiantes, apuntes en mano, repasando de última hora y comentando qué puede salir o no en el examen con sus compañeros. Son algunos de los más de 45.000 alumnos de bachillerato y ciclos formativos que se examinan este año de la selectividad. Unas pruebas de acceso a la universidad (PAU) tras un curso complejo, marcado por las sucesivas y masivas protestas que ha habido en el ámbito de la educación pública para exigir mejoras laborales y más recursos para atender la creciente diversidad de las aulas catalanas. También por un final de curso condicionado por las jornadas de bibliotecas cerradas por huelga.
Quienes han cogido el coche y han entrado por la mañana en Barcelona por la Diagonal lo han notado. También los usuarios del metro, que se han encontrado los vagones llenos hasta los topes con estudiantes recordando qué son pares mínimos, las variedades lingüísticas, una elipsis o enumerando los tópicos literarios. Y es que estos tres días de exámenes han comenzado hoy con la prueba de lengua castellana a las 9:00 h. Algunos de ellos, vestidos con camisetas de la suerte —muchas elásticas del Barça, de la selección española o del Espanyol, para una jornada especial—, se preguntan si esta o aquella parte es tipo test o no. "¡Me marearé!", dice una chica, visiblemente nerviosa.
A las puertas de la Facultad de Biología de la Universitat de Barcelona (UB) se amontonan los alumnos al tocar las 7:00 horas. El Govern había pedido llegar muy pronto y con suficiente margen a las aulas donde harán las pruebas, dado que esta selectividad coincide con la visita del papa León XIV a Catalunya y con una nueva jornada de huelga y manifestaciones de los maestros y profesores, todo un cóctel explosivo para dificultar la movilidad. Sin embargo, los docentes se han comprometido a no comenzar las acciones y cortar vías en Barcelona hasta que no comenzaran los exámenes a las 9:00 h, y la jornada se ha iniciado con total normalidad en la zona universitaria alrededor del Palau Reial y Maria Cristina, en la parte alta de la Diagonal.
A Daniel, que cursa el bachillerato científico en el Institut Francisco de Goya, en el Guinardó de Barcelona, se le ve bastante tranquilo. Lleva más de un ocho de media de bachillerato. Quiere estudiar Biotecnología en la universidad y la nota para acceder debe ser alta. Él confía en cumplir el expediente con las materias troncales, como catalán, castellano, inglés o historia, y ve su punto fuerte en las específicas científicas. También se muestra confiado Max, de la escuela Virolai de la Teixonera. Él quiere estudiar Náutica. Del mismo instituto, Martina, quiere hacer marketing en la UB y se muestra esperanzada de que los exámenes serán finalmente "más fáciles de lo que parece".
Sara, del instituto Manuel Vázquez Montalbán de Sant Adrià del Besòs, estudia el bachillerato social y quiere cursar Derecho en la universidad. Está muy nerviosa y explica a este diario que si no consigue la nota, optará por Relaciones Laborales. Ella y su grupo, reunidos repasando los apuntes en un banco a las puertas de la facultad, afirman sentirse "muy agobiados", pero creen que es normal. Cerca de ellos, está el grupo del Centre d'Estudis Jaume Balmes de l'Hospitalet de Llobregat. El docente que los acompaña los ve nerviosos: "¡Quién no lo estaría!", afirma. Pero confía en que sus alumnos van preparados.
"Una nota no te define como persona"
Hacia las 8:00 h, han empezado a desfilar hasta los aularios de la Facultat de Biologia, y los pasillos de los centros se han convertido en una marea de alumnos con sus mochilas, avanzando en oleadas. Han sufrido el calor angustioso mientras los iban llamando uno a uno a su respectiva aula. Otros aprovechaban para ir al lavabo de última hora. "Una nota no te define como persona", decía un alumno a otro para tranquilizarlo antes de entrar. Una chica entra llorando en el aula, agarrando con fuerza su DNI.
Una vez dentro, y con cara de circunstancias, los estudiantes han recibido explicaciones detalladas de los docentes que participan como vigilantes de las PAU. Unas indicaciones adaptadas a los nuevos tiempos: ningún teléfono móvil, ningún reloj inteligente, este año pasarán detectores de frecuencia —en este tribunal lo han hecho sin incidencias—, una vez empiece no se puede salir, ¡callad y escuchad!, bolígrafo negro o azul, el tipp-ex invalida el examen, no comer y solo se puede beber agua, las dos manos sobre la mesa, las orejas descubiertas, aunque acabéis rápido no podréis salir hasta que no haya pasado una hora, ¡callad y escuchad! —de nuevo—, no pongáis el nombre escrito en el papel, solo la etiqueta amarilla, ¿alguna duda? Una vez resueltas todas las cuestiones, "¡mucha suerte y tranquilos, haced lo que podáis!". Empieza la selectividad 2026.
