Hace 120 años, Leitat nació en Terrassa para resolver un problema muy concreto de la industria textil: estandarizar la medida del peso de la lana mediante ciencia aplicada. Hoy, más de un siglo después, el centro tecnológico más antiguo de Europa continúa haciendo exactamente lo mismo —resolver problemas reales— pero con tecnologías radicalmente diferentes.
Uno de los ejemplos más sorprendentes es el iDIABETES, un dispositivo que permite medir la glucosa a partir de la saliva. Una innovación que podría reducir la dependencia de los pinchazos tradicionales en el control de la diabetes y mejorar la calidad de vida de miles de personas. Es un caso claro de cómo la tecnología solo tiene sentido cuando se traduce en soluciones aplicables, reales y útiles.
Pero iDIABETES es solo una parte de lo que ocurre dentro de los laboratorios de Leitat. El centro trabaja en ámbitos tan diversos como la salud y la biotecnología, la energía y la descarbonización, los materiales avanzados, la digitalización o la economía circular. En todos los casos, con un mismo objetivo: convertir conocimiento científico en competitividad empresarial.
Afrontar retos industriales, tecnológicos y ambientales
En sus instalaciones, equipos multidisciplinares de diferentes nacionalidades desarrollan prototipos, ensayan materiales, validan tecnologías y trabajan codo con codo con empresas —grandes corporaciones y también pymes— para ayudarles a afrontar retos industriales, tecnológicos y ambientales. Desde soluciones para reaprovechar materiales y reducir residuos hasta proyectos vinculados a la movilidad del futuro, como las pilas de hidrógeno o los electrolizadores para la generación de energía limpia.
Los centros tecnológicos como Leitat tienen un papel clave en el ecosistema de innovación: son el puente entre el conocimiento científico y la industria. La investigación, por sí sola, no transforma la economía. Lo hace cuando llega al mercado, cuando se convierte en producto, proceso o servicio útil. Y esta transferencia es, precisamente, la especialidad de Leitat.
El 120º aniversario no es solo un hito histórico, sino la demostración de una coherencia: la innovación solo tiene sentido si resuelve problemas reales. Ayer era una estufa para secar lana. Hoy es un sensor de glucosa no invasivo o una tecnología para descarbonizar la industria. Mañana, probablemente, será otra solución que aún no conocemos, pero que volverá a nacer con la misma lógica. Porque hace 120 años que Leitat ayuda a las empresas a innovar. Y continúa haciéndolo con la misma idea fundacional: poner la tecnología al servicio del progreso industrial y social.
