Cincuenta años después de su celebración, la Marxa de la Llibertat —iniciada el 4 de julio de 1976— se recuerda hoy como un acontecimiento fundamental en la Transición en Catalunya y un símbolo de la lucha no violenta. Las marchas recorrieron el territorio de los Països Catalans de punta a punta: desde Esterri d'Àneu, l'Escala, Girona, la Sénia, Oliana y Guardamar de Segura hasta Montblanc, donde se encontraron las seis columnas el 12 de septiembre de aquel 1976, un año clave en la lucha antifranquista y la Transición. Después de la creación de la Assemblea de Catalunya en 1971, el clamor por la “llibertat, amnistia i Estatut d’Autonomia” se había consolidado como el eje vertebrador de la oposición al franquismo. Mientras que en Barcelona las manifestaciones ya eran un fenómeno más habitual —aquel mismo año se produjeron dos grandes manifestaciones en febrero—, la Marxa de la Llibertat tuvo la particularidad de trasladar esta lucha al ámbito rural, llegando a lugares donde hacía décadas que no se vivía ninguna muestra de disidencia pública.
Las marchas elevaron a otra dimensión las manifestaciones antifranquistas. En las zonas rurales, donde todavía no se habían dado grandes muestras de lucha contra el régimen, las columnas tenían un componente de toma de conciencia muy importante para la población. Los símbolos de la catalanidad como Els segadors y las sardanas, "atraían a los vecinos curiosos", recuerda en declaraciones a El Nacional, Lluís Llobet, uno de los integrantes de la columna Francesc Macià, la de Esterri d'Àneu; y eso generaba una gran solidaridad en los pueblos. Precisamente, el pasado 20 de junio, cuatro marchistas de 1976 —Llobet entre ellos— recordaron en la Guingueta d'Àneu cómo vivieron aquella manifestación de antifranquismo desde las profundidades del Pirineo. Lo hicieron en la cuarta edición de Àneu en Moviment, que reivindica la memoria colectiva de las Valls d'Àneu como preludio del festival de culturas del Pirineo, Dansàneu.
La represión franquista después de la muerte de Franco
Aquel 1976, la iniciativa fue impulsada por unas 200 entidades sociales y de no violencia y algunos movimientos cristianos como Pax Christi y Justícia i Pau, y contaba con personalidades de la talla de Àngel Colom, Arcadi Oliveres o Lluís Maria Xirinacs, entre otros. Fue presentada el 20 de mayo —justamente medio año después de la muerte del dictador—, pero dos días después el Gobierno, entonces bajo la tutela del franquista Manuel Fraga, la ilegalizó y prohibió que se llevara a cabo. Aun así, la iniciativa continuó adelante. "La Marcha tenía grandes probabilidades de éxito, porque se hacía en verano y, por lo tanto, muchos estudiantes podían participar", señala a El Nacional el historiador Josep Calvet. Esto hizo encender las alarmas de los servicios de inteligencia españoles, que veían con preocupación cómo este movimiento desbordaba la normalidad franquista. El miedo se trasladó, pues, de los manifestantes a los franquistas, a quienes les preocupaba que se rompiera el régimen. Por eso, Calvet recuerda que la represión no vino únicamente de la Guardia Civil y la policía, sino que gente vinculada a la Guardia de Franco, Fuerza Nueva y la Falange Española fueron utilizadas para ir a reventar la manifestación e, incluso, "agredir a los participantes".
A pesar de su juventud, Llobet era uno de los responsables de aquella columna aneuenca, que partió de Esterri el 4 de julio de 1976 y el mismo día "ya nos detuvieron y nos llevaron a unos cuantos a la prisión de Lleida", explica. De hecho, la represión era de tal magnitud que para llegar a Esterri, "tuvimos que ir por la Vall d'Aran y bajar por el puerto de la Bonaigua. Si hubiéramos subido desde Sort, ya nos habrían detenido antes", comenta. Las detenciones fueron el pan de cada día durante el verano del 76. Decenas de detenidos de todas las columnas, algunos hasta cuatro o cinco veces en los 72 días que duró la marcha, y multas de más de 5.000 pesetas. Pero el anhelo de libertad no se detenía y "por mucho que la Guardia Civil detuviera a los manifestantes, una vez puestos en libertad se volvían a unir a sus respectivas columnas", incide el historiador Calvet.
La resistencia pacífica de los manifestantes
La actitud de los activistas sacaba de quicio a las fuerzas policiales. La resistencia pacífica y la no violencia fueron la punta de lanza de aquellas manifestaciones que abrieron camino a la sociedad catalana y, tal como indica Llobet, "asentamos las bases de la lucha popular en Catalunya desde la no violencia", en contraposición con la lucha armada del País Vasco. Esto, "sirvió también para lo que hemos vivido después con revueltas pacíficas como las del 1 d'Octubre", añade. La firmeza de los manifestantes hizo que, incluso, algunos agentes de la Guardia Civil mostraran su curiosidad por las reivindicaciones. En este sentido, Llobet recuerda que un agente le pidió que le escribiera algunas estrofas de Els segadors y que después se lo guardó. "Generamos mucha contradicción en los cuerpos policiales", afirma.
De hecho, Llobet recuerda aquellos días como una experiencia muy positiva y no tiene mal recuerdo de las horas que pasaban entre rejas. "La primera noche, recuerdo que éramos 33 personas; a los hombres nos pusieron a todos juntos y fue una fiesta. Nos lo pasamos muy bien, la verdad". En la cárcel les fue a ver el gobernador civil de Lleida —entonces Luis Mardones— y, "incluso, él nos dijo que lo sentía, aunque sabía que no podíamos hacer estas cosas".
Un legado vivo
De aquellas marchas salió una "gran escuela" para muchos de los participantes, que vivieron su primera experiencia reivindicativa. De hecho, "aquello fue una gran cantera de liderazgos antifranquistas y catalanistas, algunos de los cuales acabaron convirtiéndose en alcaldes y concejales en la primera oleada de ayuntamientos democráticos en 1979", explica Calvet. Cincuenta años después, la memoria de aquel verano de 1976 sigue siendo un testimonio de la capacidad de la sociedad civil para organizarse pacíficamente ante el autoritarismo y la conmemoración de esta marcha pone de relieve cómo la tenacidad de aquellos manifestantes sirvió para alcanzar las libertades actuales.
