El investigador David Sinclair, profesor de genética en Harvard, se ha convertido en una de las voces más escuchadas cuando se habla de longevidad. Lleva años defendiendo una idea que puede sonar provocadora: envejecer es inevitable, pero cómo lo hacemos depende en gran parte de nosotros. Según sus estudios, basta con adoptar tres hábitos muy concretos para rebobinar el reloj biológico hasta diez años, sin importar si tienes treinta, cincuenta o setenta.

Sinclair insiste en una diferencia clave: la edad biológica no siempre coincide con la que marca nuestro DNI. Dos personas nacidas el mismo año pueden presentar organismos con estados de salud muy distintos. “Las velas en la tarta son un número, pero no un diagnóstico”, explica. Por eso centra sus investigaciones en cómo preservar la vitalidad de las células y retrasar el desgaste natural.

Envejecimiento
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Tres consejos para controlas el envejecimiento

El primero de los hábitos que recomienda tiene que ver con lo que comemos. Concretamente con un compuesto: el resveratrol. Está presente en frutas oscuras, frutos secos e incluso en el vino tinto. Actúa como un potente antioxidante y ayuda a mantener a raya el azúcar en sangre, mejorar la circulación y proteger frente a enfermedades crónicas. Para Sinclair, es como darle al organismo una capa extra de defensa frente al paso del tiempo.

El segundo hábito es, en cierto modo, la otra cara de la moneda. No se trata de añadir, sino de eliminar. En este caso, reducir el consumo de azúcar al mínimo posible. Según Sinclair, el exceso de azúcar acelera el deterioro celular, provoca inflamación y favorece el desarrollo de problemas metabólicos. Él mismo confiesa que evita también los lácteos y el alcohol, salvo en ocasiones muy puntuales. “Cuanto menos azúcar tenga tu vida, más años de calidad tendrás”, asegura.

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No es el elixir de la vida eterna, pero ayuda a mantener el envejecimiento a raya

El tercer consejo se relaciona con la forma en la que distribuimos las comidas. Sinclair es firme defensor del ayuno intermitente. En su caso, lo practica saltándose el desayuno y concentrando la alimentación en un periodo de horas reducido. Esta estrategia activa procesos internos de reparación celular, mejora la resistencia a la insulina y favorece la regeneración natural. Eso sí, advierte de que no todo el mundo debería aplicarlo sin control: los jóvenes o quienes tienen necesidades especiales de nutrición deben consultar siempre a un especialista.

No son fórmulas mágicas, pero sí herramientas poderosas para ganar tiempo de calidad. Sinclair asegura que no busca “vivir eternamente”, sino vivir mejor. Más energía, menos enfermedades y la sensación real de haber rejuvenecido varios años.