Los gobiernos catalán y balear se reúnen este viernes para preparar la apertura de la fosa de sa Coma, situada al este de Mallorca, donde se calcula que podría haber unos 500 soldados enterrados, la gran mayoría catalanes que participaron en el desembarco de Mallorca en 1936. El encuentro se enmarca en el convenio firmado el año 2018 entre las dos administraciones para colaborar en políticas de memoria democrática.

El convenio firmado entre los dos gobiernos establece que una comisión técnica del Gobierno de las Islas Baleares determinará el calendario de apertura de la fosa. El Departamento de Justicia de la Generalitat, por su parte, tendrá que enviar arqueólogos para extraer muestras de ADN y repatriar los cuerpos de los catalanes que sean identificados. El Memorial Democrático tiene que aportar su experiencia en la señalización de los espacios de memoria.

Objetivo: recuperar Mallorca

Las tropas republicanas desembarcaron al este de Mallorca la madrugada del 16 de agosto de 1936 con la intención de recuperar la isla, que estaba en manos de los franquistas. La operación fue ideada desde Catalunya y participaron unos 8.000 combatientes catalanes provenientes de diferentes partidos políticos o sindicatos, como el PSUC, la UGT o la FAI. Había también brigadistas internacionales y un grupo de mallorquines.

El desembarque fue un fracaso. Las tropas estaban poco preparadas, los refuerzos no llegaron y la aviación italiana fue determinante. Se calcula que los republicanos sufrieron unas 1.700 bajas en los veinte días que duró la ofensiva. El 4 de septiembre se produjo la retirada y el reembarco.

Víctimas lanzadas directamente en el mar

Las víctimas del desembarque fueron enterradas en diferentes lugares del frente, motivo por el cual hay varias fosas documentadas. La fosa mayor en extensión y en número de cuerpos está en la playa de sa Coma, en el municipio de Sant Llorenç del Cardassar. La zona fue también el objetivo prioritario de los aviones italianos. Los bombardeos y los ametrallamientos eran diarios. Las víctimas eran llevadas en carro hasta la fosa, donde las sepultaban. En muchos casos, para no tener que perder tiempo, los cuerpos estaban lanzados directamente en el mar.

No se hizo ningún registro en el momento de los entierros y, por lo tanto, tampoco hay información sobre la mayoría de las identidades. Hay familias catalanas que saben que sus parientes murieron durante el desembarque, pero desconocen el lugar preciso de la sepultura.

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