El debate sobre el vapeo en Europa sigue centrado en el producto, pero los hechos apuntan a otro problema de fondo: los canales de acceso. Mientras en Bruselas el propio sector reclama una regulación más eficaz para impedir la venta a menores, el foco se desplaza cada vez más hacia la proliferación de puntos de venta fuera del circuito regulado.
El reciente caso de un joven británico fallecido en España tras haber utilizado un aceite de vapeo falsificado vuelve a evidenciar los riesgos asociados a estos entornos no controlados. Aunque no hay una causa oficial confirmada, el contexto del caso apunta a un producto adquirido fuera de canales supervisados, donde no existen garantías sanitarias ni trazabilidad.
Productos ilegales que escapan al control regulatorio
Este no es un fenómeno aislado. Diferentes análisis del mercado europeo vienen alertando de la creciente penetración de productos ilegales, hasta el punto de estimar que una parte muy significativa del mercado escapa al control regulatorio. En España, el propio sector sitúa el problema en niveles elevados por la falta de supervisión administrativa, lo que facilita la circulación de productos sin control.
A esto se suma una realidad visible en el terreno: estos productos pueden encontrarse en canales donde no debería ser posible, desde bazares hasta marketplaces online, sin verificación efectiva de edad ni control del origen del producto. Esto amplifica el riesgo especialmente entre menores, que acceden a dispositivos sin las barreras que sí existen en los canales regulados.
En este contexto, cobra especial relevancia el mensaje que llega desde el propio sector: el problema no es únicamente el producto que llega desde países sin control, sino el canal. Sin un sistema que limite la venta a establecimientos registrados, con controles efectivos y supervisión administrativa, el mercado paralelo seguirá creciendo y con él los riesgos para el consumidor. Además, los productos que circulan fuera de estos circuitos —como aceites falsificados o manipulados— introducen un factor adicional de incertidumbre, al no existir controles sobre su composición. Esto abre la puerta a episodios graves que no pueden desvincularse de la ausencia de regulación efectiva en los canales de distribución.
La conclusión es clara: mientras el acceso siga abierto en canales no regulados, seguirá habiendo exposición a productos sin garantías. Avanzar hacia un modelo que saque estos productos de circuitos ilegales y refuerce el control sobre dónde y cómo se venden no es solo una cuestión de mercado, sino una medida imprescindible para reducir riesgos y evitar que casos como este vuelvan a repetirse.
