Las cifras que aporta la Organización Mundial de la Salud acerca de la obesidad, asustan, y no es para menos. Se calcula que, actualmente, existen aproximadamente alrededor de 2.000 millones de adultos con sobrepeso en el mundo, de los cuales, más de 650 millones son obesos. Esto se traduce en que al 40% de los adultos de 18 o más años les sobran unos kilos y el 13% padece obesidad. Desde 1975, la prevalencia de esta enfermedad se ha triplicado.

La situación, por tanto es muy complicada, lo que ha provocado que desde la comunidad científica se esté haciendo un gran esfuerzo por conocer el origen de la obesidad y el posible tratamiento. Porque lo que se tiene bastante claro es que todo va mucho más allá de no tener fuerza de voluntad para comer menos o de hacer una dieta determinada, pues cada vez existe una mayor evidencia de la relación entre el cerebro y la obesidad.

Un nuevo estudio realizado en la Universidad de Turku de Finlandia concluye que los factores de riesgo de obesidad de origen familiar están asociados a cambios en la función cerebral. En concreto, los expertos han podido demostrar que la función de las redes neuronales que regulan la saciedad y el apetito ya se altera antes de que una persona desarrolle obesidad.

Uno de los aspectos que más se está estudiando al respecto es la insulina. La obesidad está relacionada con cambios en la sensibilidad a esta hormona por parte del cerebro y la función de los neurotransmisores. Estos cambios pueden explicar el aumento del apetito y el hecho de que algunas personas coman en exceso.

Obesidad

“Sin embargo, hasta ahora no se ha determinado si estos cambios son visibles en el cerebro antes de que una persona desarrolle obesidad o si aumentarían el riesgo de obesidad en el futuro”, asegura Tatu Kantonen, del Departamento de Medicina Clínica de la Universidad de Turku.

En el estudio, los científicos investigaron los cambios en el cerebro antes de producirse la obesidad mediante el estudio de la función de la insulina y los sistemas opioides y cannabinoides (que modulan el sistema nervioso central y pueden provocar efectos analgésicos) a través de imágenes de PET. Los participantes del estudio fueron 41 hombres jóvenes con un número variable de factores de riesgo de obesidad.

Los resultados mostraron que los factores de riesgo relacionados con la familia, como la obesidad o la diabetes de los padres, se asociaron con una señalización alterada de la insulina en el cerebro del sujeto, así como con una función reducida de los sistemas opioide y cannabioide.

“Los resultados pueden tener implicaciones para el desarrollo de intervenciones de prevención y tratamiento para obesidad. Demuestran que el cerebro y el sistema nervioso central son objetivos importantes en el tratamiento de la obesidad”, asegura Kantonen.