Una polipíldora integrada por tres medicamentos, desarrollada por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) y la farmacéutica Ferrer, consigue reducir un 33% la mortalidad cardiovascular tras haber sufrido un infarto. Esta polipíldora incluye aspirina, estatina (disminuye los niveles de colesterol en sangre) y ramipril (inhibidor de la enzima convertidora de angiotensina que se utiliza para tratar la presión arterial, la insuficiencia cardiaca y también la enfermedad renal diabética). Los resultados del estudio SECURE se han presentado este viernes en el marco del Congreso Europeo de Cardiología, que tiene lugar en Barcelona. El investigador principal de SECURE y director general del CNIC, Valentí Fuster, ha indicado que "por primera vez, la polipíldora consigue reducciones clínicamente relevantes en pacientes que han sufrido un infarto de miocardio".
Esta investigación ha contado con 2.499 pacientes de siete países de Europa (Alemania, España, Francia, Hungría, Italia, Polonia y la República Checa) que habían sufrido una angina de pecho. El 31% de las personas participantes eran mujeres, con una edad media de 76 años. De ellas, casi el 80% tiene hipertensión, prácticamente seis de cada diez presentan diabetes y la mitad también habían sido fumadoras. Lo que se pretendía, pues, era incluir aquellos casos de pacientes con más riesgo de sufrir alguna enfermedad cardiovascular, extendiéndolo a posibles casos de ictus o revascularización urgente. El estudio ha hecho un seguimiento durante tres años de estas personas que siguieron el tratamiento de la polipíldora y los resultados apuntan que el riesgo de sufrir algún accidente cardiovascular bajaba un 24% en comparación con los que siguen el tratamiento por separado. Concretamente, la incidencia de muerte cardiovascular ha pasado de 71 pacientes en el grupo de tratamiento habitual a los 48 que testaron la polipíldora.
Buena adherencia al tratamiento
Por su parte, José María Castellà, director científico de la Fundación de Investigación HM Hospitales, ha puesto el foco en el hecho que "la adherencia al tratamiento después de un infarto agudo de miocardio es esencial para una prevención secundaria eficaz". Precisamente, esta polipíldora, "para ser una estrategia muy sencilla que aúna tres de los tratamientos basales en este tipo de pacientes, ha demostrado su valor porque el aumento de la adherencia implica que los pacientes están siendo mejor tratados y, gracias a eso, tienen un menor riesgo de sufrir eventos cardiovasculares".
Con los resultados obtenidos, Valentí Fuster ha abierto la puerta al hecho que la polipíldora pueda formar parte de las estrategias y tratamientos que existen para prevenir accidentes cardiovasculares en aquellos pacientes que ya han sufrido un infarto de miocardio. "Al simplificar el tratamiento y mejorar la adherencia, este enfoque tiene el potencial de reducir el riesgo de enfermedad recurrente y muerte cardiovascular a escala mundial", ha señalado Fuster.
