En esta semana se incorporan a las aulas más de 7 millones de alumnos de Infantil, Primaria y Secundaria en todo el Estado español, una cifra considerable cuya gestión en tiempos de pandemia requiere enfrentarse a situaciones muy específicas, puesto que es necesario ejercer un control de la expansión del virus en las escuelas infantiles, colegios e institutos.

Con la vacunación en marcha para los mayores de 12 años y, previsiblemente, en las próximas semanas para los menores de esta franja de edad, el Observatorio de Enfermería Escolar, junto a la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP) y la Federación Española de Diabetes (FEDE), entre otras asociaciones de pacientes, han hecho un llamamiento a las administraciones sanitarias y educativas para que regulen la figura del enfermero y la enfermera escolar, que adquiere una gran importancia en la situación actual.

Los expertos del ramo subrayan la importancia de que las segundas dosis de los mayores de 12 años y, una vez que la Agencia Europea del Medicamento lo permita, se lleve a cabo desde los centros educativos y sea la enfermera escolar la que se encargue de gestionar, preparar y administrar la vacuna, así como controlar posibles efectos adversos durante el proceso con el apoyo de Atención Primaria.

“Las enfermeras escolares han sido siempre una figura clave en los colegios que cuentan con ella para el manejo de enfermedades crónicas, educación para la salud o promoción de hábitos saludables, pero en esta ocasión suponen un valor añadido en la campaña de vacunación. Una enfermera puede vacunar en un día a 80-100 niños, por lo que trasladar el centro de vacunación a los colegios aligeraría enormemente la inmunización de los menores”, afirma Florentino Pérez Raya, presidente del Consejo General de Enfermería.

Asimismo, esta figura también puede ayudar en la concienciación de los padres y madres para que vacunen a sus hijos, informándoles antes y después de la vacuna y convirtiéndose en un nexo comunicativo con los centros de Atención Primaria para tramitar y organizar la campaña.

Además del apoyo para el tratamiento de enfermedades crónicas, la educación en la salud y la atención de posibles urgencias durante la jornada escolar, esta figura debe convertirse en el profesional encargado de gestionar y controlar los posibles casos positivos y brotes que puedan surgir en los colegios durante este nuevo año.

“Contar con un servicio de enfermería escolar permite, por ejemplo, acompañar al menor en momentos agudos de la enfermedad, así como administrar el medicamento que tenga pautado, si lo requieren, a través de profesionales capacitados, de manera que no tengan que ser los padres quienes acuden al centro escolar, y más en una situación de pandemia como en la que se encuentra España. Son una necesidad para que las niñas y niños con enfermedades crónicas puedan acceder a una educación plena y en igualdad de condiciones y una oportunidad para la comunidad educativa de introducir la cronicidad como parte de la gestión de la diversidad en los colegios”, afirma Carina Escobar, presidenta de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP).