Las muertes por coronavirus en países de Occidente a menudo ha superado las cifras del este, con datos de mayo del 2021. Este es uno de los hechos que Dean T. Jamison y Kin Bing Wub en su artículo The East-West Divide in Response to covid-19 (la división este-oeste en la respuesta a la covid-19) publicado en la revista Engineering. La publicación constata las diferencias en la respuesta entre Occidente y Asia, partiendo de la base que se toma por Occidente a Francia, Alemania, Italia, España y Reino Unido, y alguna puntual mención a los Estados Unidos. En el este, se incluyen quince países del Asia oriental y Oceanía: Australia, Brunéi, Camboya, China, Indonesia, Japón, República de Corea, Laos, Malasia, Myanmar, Nueva Zelanda, Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam.

La publicación del genoma del virus el día 10 de enero del 2020 proporcionó información esencial para hacer pruebas de diagnóstico y poner en marcha el desarrollo de vacunas. El bloqueo de Wuhan el 23 de enero ya hacía entrever que alguna cosa no iba del todo bien. A finales de marzo, China había controlado completamente la epidemia mientras que otros países próximos habían tomado medidas similares y precoces para frenar la pandemia, incluyendo restricciones de viaje. Ante estas restricciones, los EE.UU. y la mayoría de países Occidentales permitieron que la enfermedad fuera avanzando. La diferencia, sin embargo, es que la mayoría de países asiáticos implementaron políticas enfocadas para aislar a las personas infecciosas. En Occidente, todavía se permitía mezclar burbujas. En este sentido, los autores destacan que "es plausible el resultado del fracaso en Occidente para implementar las políticas básicas de salud pública de acción precoz y aislamiento de casos". Los países del Asia y otros de Occidentales han apostado fuerte por la inmunización de las vacunas, aunque el despliegue de estas es lento en los países de ingresos bajos. Y eso comporta que precisamente de estos países salgan nuevas variantes, como por ejemplo la delta en su día o la ómicron, de manera más reciente.

¿China estaba más preparada?

Tal como exponen los autores en el mismo artículo, la respuesta de China contra el coronavirus, se ha comparado con la respuesta del virus del SARS, el año 2003. Los dos virus eran desconocidos, pero el virus ya enseñó algunas cosas al país. Sin ir más lejos, la respuesta en aquel momento se consideró lenta, con el SARS-CoV-2 ha sido mucho más rápida y más robusta.

El confinamiento estricto de Wuhan por parte de China el mismo 23 de enero fue un hecho sin precedentes que ningún país podía seguir ignorando ante el peligro que suponía la covid-19, desconocida totalmente entonces. A pesar de todo, Occidente no reaccionó suficientemente rápido. En el mes de marzo, describen, quedó claro que Occidente no aprovechó los avisos de Asia ni las advertencias. En este sentido, claro está que los dos 'bloques' tomaron decisiones diferentes. Una diferencia fundamental que resaltan es la rapidez y la magnitud de la respuesta, aunque ha habido críticas nacionales e internacionales hacia China, por haber tenido una respuesta inicial lenta. Un hecho que hace que los mismos autores se pregunten en qué sentido ha sido lenta. Y es que las evidencias demuestran que China y otros países asiáticos actuaron relativamente deprisa en relación con los países de Occidente, habiendo podido tener debajo contra la incidencia acumulada en siete días bajo control en unos meses.

test|tiesto coronavirus antigenes TAR unsplash

Test de antígenos para la detección del coronavirus SARS-CoV-2 / Unsplash

Si se toma de referencia el confinamiento de Wuhan, todos los países excepto la misma China tuvieron un tiempo con el fin de prepararse para la covid. El 1 de abril, diez semanas después, los nuevos casos en Europa aumentaron en varios millares por día y en los EE.UU. lo hicieron en 23.000, mientras que otros países del Asia los contaban por centenares.

Las diferencias

¿Qué explica, pues, esta diferencia? Los sistemas de salud pública de China y otros países asiáticos ya se habían preparado a consecuencia del SARS, MERS y la gripe aviaria. Cuando se detectaron los primeros casos de covid-19 el riesgo era el más elevado posible a todos los sistemas de salud, se impusieron restricciones y tenían capacidad de respuesta. Sin ir más lejos, la UE no siguió las mismas indicaciones, y no fue calificada de riesgo alto (4) hasta junio del 2020. Este hecho, resaltan en el artículo, hizo que las respuestas clínicas y de salud públicas no fueran tan rápidas como habrían podido ser. Por otra parte, en países asiáticos el nivel de cumplimiento de las restricciones sociales y físicas y el uso de la mascarilla era un hecho más integrado, ya que son valores culturales que enfatizan el bien común. Occidente, en un primer momento era contrario por la preocupación sobre los derechos humanos y privacidad, destacan. Y de hecho, en algunos países pasó a ser un hecho político. En algunos países Occidentales, pues, las restricciones llegaron tarde. La pandemia, sin embargo, ya había ido avanzando y mientras tanto, el coste de las medidas ha seguido también aumentando, igual que la fatiga en las personas que ha provocado algunas protestas. Los países asiáticos enseguida impusieron medidas centradas en identificar y aislar individuos con covid y también se potenció el rastreo de contactos, un hecho que tal como constatan los autores, algunos países Occidentales todavía van cojos.

¿Las olas duran más en un lado del mundo que en el otro?

Evidentemente, la respuesta es que no. ¿Sin embargo, qué dicen los datos? La evidencia demuestra que la duración de las olas ha ido marcada por las estrategias que se han adoptado de convivencia con el virus. De nuevo, países del Asia y Occidente han optado por medidas diferentes. De esta manera, los primeros han buscado la eliminación completa del virus, puede ser un ejemplo la estrategia de covid cero de China, en Occidente se ha apostado para mantener la pandemia bajo control, a un nivel que los hospitales pudieran hacer frente.

Entre las diferencias Jamison y Bing Wub constatan una similitud con respecto a las nuevas olas del virus: olvidar la protección de los desfavorecidos o grupos vulnerables. Según detallan a la publicación, este hecho ha facilitado que estas mismas personas se convirtieran en fuentes de infección. Las segundas, terceras olas y otros, constatan que ha estado por el diferente acceso a las vacunas que ha habido y sigue habiendo.

coronavirus rusia efe

Una persona lleva a cabo tareas de desinfección contra la covid en Rusia / Efe

Las últimas pinceladas

La característica más destaca de la pandemia entre Occidente y Oriente, pues, quizás se puede calcular respuestas al virus y sus resultados. De esta manera, en las conclusiones los dos autores resaltan que los países asiáticos reaccionaron deprisa y condujeron unos aislamientos eficaces de las personas infectadas por SARS-CoV-2. El hecho de no adoptar estas medidas básicas de salud pública, subrayan, podría haber contribuido de manera sustancial a los niveles de mortalidad que se vieron en Occidente y los confinamientos que se han ido repitiendo ola tras ola.

Las vacunas juegan un papel importante, aunque ya está marcando diferencias entre los países del Norte y del Sur, o los que tienen acceso a las vacunas y los que no. Un hecho que podría comportar evolución del virus. El artículo, de hecho, ya preveía la llegada de una posible nueva variante que finalmente ha acabado siendo, la ómicron. En este sentido, señala que si no se consigue un acceso global a las vacunas, la llegada de nuevas evoluciones víricas podría ir persistiendo de manera sistemática.

Imagen principal: miembros del personal sanitario en EPI para tratar pacientes con coronavirus en India / Efe