La pérdida del gusto y del olfato ha sido uno de los síntomas más identificativos del coronavirus desde la primera ola hasta la llegada de la variante ómicron, que parece no tener efectos sobre estos sentidos. Ahora, casi dos años después de que estallara la pandemia, más de la mitad de las personas que se infectaron durante las primeras semanas de la crisis sanitaria siguen teniendo problemas de olfato. Esta es la principal conclusión de un estudio, publicado de forma provisional, realizado en el Instituto Karolinska d'Estocolmo por investigadores suecos y publicado en The Guardian. Además, también se ha constatado que la reducción de la función olfativa es "el síntoma con mayor prevalencia de la covid, con casi el 70% de las personas contagiadas que experimentaron una pérdida total del sentido del olfato en algún momento durante la enfermedad". Esta pérdida del sentido del olfato es conocida como anosmia y sus distorsiones reciben el nombre de parosmia. La información que estaba disponible hasta ahora apuntaba que hasta más de siete meses después de recuperarse de la covid, una gran proporción de estas personas todavía tenían algún tipo de disfunción en el olfato. Ahora, con el estudio sueco se ha descubierto que estas se pueden alargar hasta además de 18 meses después de sufrir el virus.

Problema común

Para elaborar esta investigación se han seleccionado 100 personas que se contagiaron de la covid durante la primera ola de la pandemia, es decir, durante los meses de marzo y abril del 2020, entre el personal sanitario de un hospital de Estocolmo, ya que es un perfil de contagiado que desde el estallido de la crisis sanitaria se hace pruebas frecuentes para intentar detectar los anticuerpos de la covid. Para evitar un sesgo que podría suponer incluir personas que antes ya habían sufrido alguna disfunción olfativa, también se creó un grupo de control con 44 personas que no han tenido que pasar la enfermedad.

De esta manera, los resultados del estudio apuntan que un 65% de los pacientes que habían sufrido la enfermedad presentaba alguna disfunción olfativa, aunque no todas con el mismo grado. Por otra parte, entre los 44 que no habían pasado la covid, un 20% también sufría alguna alteración, lo que demuestra que se trata de un problema común entre la población general. Ante estos resultados, los investigadores aseguran que existe la posibilidad de que las dificultades olfativas sean permanentes, teniendo en cuenta el tiempo que ha pasado desde que se infectaron.

Sin evidencias sobre ómicron

Entrando en detalle, en más de una tercera parte de los casos, la disminución del olfato se podía demostrar clínicamente mediante pruebas psicofísicas. Curiosamente, más de la mitad de las personas no sabían que tenían este tipo de problemas antes de participar en la investigación sueca. Además, hay que tener en cuenta que la covid no solamente afecta al sentido del olfato sino también al del gusto. Su prevalencia en este caso es mucho menor: 18 meses después de haberse infectado, solamente un 3% de los casos seguían sufriendo sus efectos.

La variante ómicron ha cambiado las reglas del juego de la pandemia en los últimos meses, mucho más contagiosa, pero también, según apuntan los estudios científicos, menos grave. Con respecto a los síntomas, también presenta diferencias con respecto a las cepas anteriores y la pérdida del gusto o el olfato ya no figura entre los más habituales. Con todo, los directores de esta investigación han advertido que no hay datos fiables que demuestren hoy por hoy que la nueva variante sea menos peligrosa para el sistema olfativo.