Cada uno tiene una preferencia a la hora de ducharse. Hay personas que prefieren las duchas calientes y, sin embargo, hay a quienes les gustan más las duchas frías. Si es por gusto, no hay duda de que la elección de la temperatura del agua puede variar independientemente del clima del lugar en el que se viva o del momento del año en el que se esté.

Pero la ciencia se ha encargado desde hace años de estudiar si las duchas frías –que estadísticamente tienen lugar en un número sensiblemente menor de la ocasiones– tienen o no algún beneficio para la salud de quienes las disfrutan… o las sufren, según se quiera mirar.

Al parecer, tomar una ducha fría puede hacer que una persona se sienta más alerta durante el día debido a los efectos que produce en el cuerpo humano. Según un metaanálisis de la investigación de inmersión en agua fría publicada en el British Journal of Sports Medicine, las duchas frías tienen muchos efectos fisiológicos en el cuerpo. Entre ellos destacan el aumento de la frecuencia cardiaca, una presión arterial más alta y una frecuencia respiratoria más elevada.

Cascada

El agua fría también aumenta el metabolismo del cuerpo porque tiene que trabajar más para mantener una temperatura estable. Las duchas frías crean una sensación de vigor y alerta, lo que puede provocar que una persona sea más activa físicamente.

Un sistema inmune más fuerte

Una investigación publicada en la revista PLoS One concluyó que los que toman duchas frías tienen un 29% menos de probabilidades de caer en el absentismo laboral o escolar. Una de las conclusiones que dejó el estudio fue que el agua fría activa el sistema inmunológico del cuerpo independientemente de su duración.

Un mejor estado de ánimo

Algunos investigadores teorizan que las duchas frías pueden tener beneficios para mejorar el estado de ánimo.

La revista Medical Hypotheses publicó un trabajo que sugería que debido a que las duchas frías activan el sistema nervioso simpático y aumentan la disponibilidad de neurotransmisores como la noradrenalina y las endorfinas, las personas pueden ser menos propensas a experimentar síntomas depresivos después de una ducha fría.

Mejora en la recuperación física

La inmersión en agua fría y la terapia de agua de contraste –primero usando agua caliente y luego fría– pueden ayudar a mejorar la recuperación y reducir la sensación de fatiga. Un aspecto que conocen bien quienes se dedican al deporte de élite y del que podemos aprovecharnos todos.

Chico

Menos dolor

La exposición al agua fría hace que los vasos sanguíneos se contraigan, lo que puede ayudar a reducir la hinchazón y el edema que causan dolor. El agua fría también puede disminuir la velocidad a la que las señales nerviosas conducen los impulsos. Esto puede reducir la velocidad a la que los nervios transmiten señales de dolor al cerebro, lo que puede disminuir la percepción del dolor de una persona.

Consejos para iniciarse

El agua no necesariamente tiene que estar fría durante toda la ducha para que la persona experimente efectos positivos. Se puede comenzar tomando una ducha tibia y luego cambiar el agua a fría durante un tiempo breve, entre medio y dos minutos, por ejemplo.

Por agua fría, muchos estudios científicos entienden que puede hablarse de 20º centígrados. Sin embargo, la percepción de lo que puede ser agua fría varía de unas personas a otras, por lo que es suficiente que uno mismo sienta fría el agua para que el cambio de temperatura resulte efectivo.

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