¿Dimitirá o no dimitirá? Si dimite, ¿entonces qué? Y si continúa, ¿hará como si nada? Las preguntas son inacabables y las certezas prácticamente inexistentes. El líder del PSOE tiene delante suyo muchos escenarios abiertos, con Catalunya y el 12-M en medio. El entorno de Pedro Sánchez insiste, en público y en privado, en que no tiene ni la más remota idea de qué puede acabar decidiendo este lunes, cuándo comunique a la ciudadanía cuál será su futuro después de cinco días de reflexión. Este sábado, un PSOE convulsionado hizo todo lo que podía para mostrar músculo en un Comité Federal reconvertido en un acto de apoyo al líder del PSOE y su pareja, Begoña Gómez. Incluso salieron puertas afuera de Ferraz a participar en un baño de masas. Varios miembros de la cúpula socialista llegaron a llorar. Puertas adentro, con los micrófonos y las cámaras apagadas y los sentimientos a flor de piel, el análisis que hace el núcleo duro de Sánchez es que la cosa se ve cruda.

 

Un ministro de la máxima confianza de Sánchez, abatido, espera que este domingo el presidente español le llame para comunicarle su decisión, antes de hacerla pública el lunes a toda la ciudadanía. Es pesimista. Su entorno más próximo está respetando el periodo de reflexión del líder socialista de descansar y no tener contacto con prácticamente nadie. Y tienen "la esperanza" de que el pseudomitin de este sábado haya "llegado" a la Moncloa, donde continúa clausurado. Incluso el barón más crítico con Sánchez, Emiliano García-Page, salió a apoyar al líder socialista. Sea como sea, los máximos dirigentes del PSOE aseguran que ahora no quieren ni pensar en un proceso de sucesión. "Mientras estemos todavía en la pantalla actual, nada de nada," manifiestan.

Vamos por partes. En caso de que Sánchez optara finalmente por mantenerse como presidente del Gobierno, sería muy poco comprensible que dijera que continúa y basta. Después de haber situado en el limbo la política española durante cinco días, se da por hecho que el líder socialista tendría que buscar un golpe de efecto para legitimar su movimiento. Uno podría ser someterse a una moción de confianza. La otra, convocar elecciones generales. ¿Y si dimite? También podría decidir volver a convocar la ciudadanía a las urnas, o sencillamente abandonar el cargo y dejar que Felipe VI designe a un nuevo candidato para someterse a una nueva sesión de investidura. Vamos punto por punto.

La cuestión de confianza con el 12-M en el horizonte

Qué puede pasar este lunes —que, por cierto, es día 29 de abril y por lo tanto día de San Pedro Mártir— si Sánchez decide continuar como presidente del Gobierno? El escenario que coge más fuerza es que se someta a una cuestión de confianza. Hasta ahora solo lo han hecho Adolfo Suárez y Felipe González, pero por motivos que no tienen nada que ver con los de Pedro Sánchez: pidieron a la cámara que avalaran sus modelos económicos. Se trata de la antítesis de una moción de censura, porque es el mismo presidente del ejecutivo quien solicita al Congreso que lo avale como mandatario. Hay una sola votación, y el presidente recibe la confianza solo con la mayoría simple.

La pérdida de esta moción no implica que el presidente pierda automáticamente el cargo, pero la derrota tendría un poder simbólico tan grande que Sánchez estaría entonces obligado a dimitir. ¿Por otra parte, qué sentido tiene presentar una moción de este estilo cuando no hace ni medio año que la misma cámara de diputados le ha transmitido su confianza en una investidura?

Sea como sea, sus socios parlamentarios habituales lo animan a presentarse a esta moción de confianza. El PNV, Bildu o el BNG ponen este escenario sobre la mesa como la mejor de las salidas para Pedro Sánchez. Incluso Esquerra Republicana ha medio-avanzado que le concedería su voto afirmativo. Es más, Carles Puigdemont también empuja al líder socialista a optar por este camino; aunque no ha dejado claro cuál sería el sentido del voto de Junts per Catalunya. Esta solución, pues, puede hacer que Pedro Sánchez choque con un encarecimiento de sus apoyos parlamentarios.

¿Y si la moción de confianza sirve para resolver el callejón sin salida del 12-M? Si rebobinamos un poco, podemos recordar que, antes de que el miércoles Sánchez comunicara que quería plantearse su futuro, las únicas nubes que aparecían en su horizonte eran las de las elecciones catalanas. Las alianzas posteriores a estos comicios podían mover las placas tectónicas de Madrid, porque existe la posibilidad de que ERC o Junts queden fuera de la gobernabilidad de la Generalitat; y eso podría hacer desaparecer los incentivos de alguna (o las dos) formaciones independentistas para mantener a Sánchez en pie en la Moncloa.

Ahora bien, si Sánchez sitúa una moción de confianza antes de que empiecen a cocinarse las alianzas posteriores al 12-M, podría conseguir que formaciones como Junts o ERC le mostraran públicamente su confianza antes de poder dejarlo colgado si Salvador Illa hace, por ejemplo, un Collboni. Pero estos escenarios están todavía tan abiertos, y dependen de tantos factores, que es complicado pensar que el presidente del gobierno haya elaborado una hoja de ruta tan quirúrgica.

Algunas fuentes de Sumar consultadas por ElNacional.cat animan a Sánchez a presentar una moción de confianza acompañada de un proyecto de ley para modificar el sistema de acceso a una carrera a la judicatura; y evitar así que, de facto, las únicas personas que pueden llegar a ser juezas provengan de familias ricas, cosa que ayuda a que estos jueces acostumbren a tener ideales conservadores. Cuando las mismas fuentes del partido de Yolanda Díaz hacen cábalas señalan que lo más incomprensible de todo sería que Sánchez anunciara su dimisión. "Porque un presidente no puede dimitir en dos tiempos; si dimitiera lo tendría que decir de golpe, no pensárselo durante cinco días", afirman, admitiendo que el escenario es del todo imprevisible.

 

Elecciones anticipadas

Pedro Sánchez siempre puede optar por trasladar esta moción de confianza directamente a la ciudadanía. Es decir, volver a convertir las urnas en un plebiscito sobre su figura, como ya hizo en las elecciones generales del 23-J, en las que consiguió instalar un marco en el que el PSOE se enfrentaba a toda la derecha y la ultraderecha (palabras clave en su carta publicada el miércoles). Aquellas elecciones le permitieron aglutinar grandes cantidades de voto útil en todo el Estado y tener una mayoría progresista en el Congreso de los Diputados, aunque la correlación de fuerzas y la aritmética resultante sea complicada de gestionar. Si Sánchez opta por echar los dados en unas nuevas elecciones, podría tener la suerte de no tener que ser tan dependiente en una futura legislatura de formaciones independentistas como ERC o Junts.

Pero si acaba escogiendo este camino, La Moncloa tendrá que convertirse en una especie de gestoría durante un mes. Porque la ley no permite a Pedro Sánchez convocar elecciones anticipadas hasta el día 30 de mayo, cuando se habrá cumplido un año exacto desde la última disolución de las Cortes españolas. Esta vía también le permitiría españolizar las elecciones catalanas, convertirlas en un plebiscito y fortalecer la candidatura de Salvador Illa. Al fin y al cabo, el protagonista de la política catalana (y española) de las últimas semanas ha sido Carles Puigdemont desde que anunció que volvería a Catalunya; ahora lo es Sánchez después de que haya puesto en duda su futuro.

Dimitir y crear un proceso de sucesión en el PSOE

¿Y si dimite sin convocar elecciones generales? El Gobierno cesaría de forma automática y María Jesús Montero pasaría a ser la presidenta en funciones (Sánchez siempre podría optar por ser él quien se mantuviera como presidente en funciones hasta que no hubiera un sucesor, por supuesto). Entonces el rey Felipe VI tendría que abrir una nueva ronda de consultas con los diversos grupos parlamentarios para designar al nuevo candidato a la investidura. Habría que ver si eso abriría un juego de tronos dentro del PSOE, en tanto que Pedro Sánchez no ha preparado hasta día de hoy su sucesión al frente del partido. Por jerarquía, dentro de las filas socialistas, todo hace pensar que tendría que ser María Jesús Montero quien diera este paso; pero todo eso todavía estaría por ver. En caso de que la actual vicepresidenta primera del ejecutivo recibiera la confianza de la cámara, pasaría a ser presidenta y tendría delante de ella tres años de legislatura.

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Pedro Sánchez mirando su móvil en el Congreso de los Diputados / Foto: Europa Press

La presión del caso Pegasus

Si alguien considera que la presión mediática y judicial sobre Begoña Gómez no es suficiente para que alguien tan 'resistente' como Pedro Sánchez se plantee tirar la toalla, sepa que hay otro asunto que también pesa en la cabeza del presidente del Gobierno, y que lo podría empujar a dimitir: el caso Pegasus. El martes pasado, el día antes de que el líder socialista anunciara que entraba en un periodo de reflexión, la Audiencia Nacional decidió reabrir el caso sobre el espionaje a su teléfono móvil y a tres ministros suyos más entre junio y julio de 2021: Margarita Robles, Fernando Grande-Marlaska y Luis Planas.

No es ninguna tontería que se haya podido extraer información sensible del móvil del presidente del Gobierno de un estado como España. Además, la empresa creadora de Pegasus, NSO, es de Israel, un estado con el que España no tiene buena relación desde que Pedro Sánchez se ha decidido a reconocer el estado palestino. El pasado mes de julio, cuando Hamás ni siquiera había atacado al país de Benjamin Netanyahu, en aquella ya histórica ofensiva del 7 de octubre, el juez del caso Pegasus decidió archivar la causa por "la absoluta falta de cooperación jurídica por parte del gobierno de Israel".

Hay que recordar que España le ha regalado a Marruecos la soberanía del Sáhara Occidental, y todavía no se sabe cuál ha sido la contraprestación a cambio de este gesto. Y Marruecos ha sido precisamente el principal sospechoso de estar tras el espionaje en el móvil del líder socialista. También hay que tener en cuenta que entre las personas investigadas con este software espía en territorio francés (otro país afectado) hay varias de origen marroquí y activistas del pueblo saharaui.

Candidato a las elecciones europeas o presidir el Consejo Europeo

Un dato: este viernes el PSOE comunicó su decisión de aplazar hasta el martes —el día siguiente que Sánchez anuncie su decisión— la confección de las listas europeas. ¿Y si al final Pedro Sánchez optara por presentarse a estos comicios? Hace tiempo que se especula que al presidente del Gobierno le podría interesar ocupar un 'top job' internacional.

Pedro Sánchez sí que podría aspirar a presidir el Consejo Europeo, por ejemplo. Pero hay otros candidatos bien posicionados para sustituir a Charles Michel en el cargo. Los socialdemócratas ya cedieron este puesto a los liberales el pasado 2019, y dos nombres que suenan en varias quinielas para ocupar este cargo de alta responsabilidad son António Costa y Mario Draghi.

Uno de los puntos a favor de Sánchez para aspirar al cargo es que tiene ya una considerable experiencia como presidente del gobierno de un estado, que el papel internacional de España ha aumentado durante su mandato, y que en los últimos años ha liderado debates importantes relativos a la energía o a los fondos de recuperación. Ahora bien, juega a su contra la voluntad que ha manifestado en los últimos meses de querer reconocer —prácticamente de forma unilateral— el estado palestino.

El caso portugués de António Costa

Uno de los escenarios que también debe estar analizando estos días Pedro Sánchez es que, en caso de dimitir y convocar nuevas elecciones generales, en España podría pasar un caso similar al de Portugal, aunque haya algunas diferencias, como en cualquier comparación. La Fiscalía portuguesa sacó adelante el pasado noviembre una operación para investigar irregularidades en la aprobación de proyectos empresariales por parte del gobierno de António Costa. Llegaron a registrar la casa del primer ministro portugués.

Muchas voces lo animaron a mantenerse en el cargo, pero Costa consideró que un presidente no podía estar investigado. Dimitió. Después de que el socialismo portugués hubiera conseguido una mayoría absoluta en 2022, hubo elecciones, y ahora gobierna la derecha. Ahora, además, hay una aritmética parlamentaria más inestable, con más división y con un auge de la extrema derecha que ha conseguido 50 diputados. Todo, para que la investigación sobre António Costa haya acabado en nada. Esta semana, para convencer a Pedro Sánchez de continuar al frente de la Moncloa, José Luis Rodríguez Zapatero pedía que no pase en España lo mismo que ha pasado en Portugal.