El estado Español pierde de nuevo eso que llaman la batalla del relato en el conflicto catalán. El arresto del presidente Carles Puigdemont en Alemania pone de nuevo a Catalunya en la agenda europea y pondrá a prueba la cohesión sobre el concepto "estado de derecho" entre los miembros de la Unión Europea (UE), además de pasar examen de las relaciones entre los estados alemán y español.

Es el análisis del corresponsal de The New York Times, Raphael Minder, este martes. Para Minder, el gobierno español quiere ganar el conflicto en los tribunales y se frota las manos imaginando a Puigdemont encarcelado y ante el juez. Esa victoria, sin embargo, le puede salir por la culata si la consecuencia es que "galvaniza al movimiento separatista y alarga una disputa que amenaza la cohesión territorial de España".

La novedad es apenas 24 horas antes, el mismo Minder decía, en un tuit, que Puigdemont "ha fracasado" en su propósito de llevar el caso de Catalunya al corazón de Europa, porque la UE "le ha cerrado sus puertas". Ahora tiene que ajustarse a otra cosa. En aquel tuit, de salida, también adelantaba el argumento que modula este martes: "el poder judicial español está haciendo de[l caso de] Catalunya un asunto jurídico genuinamente europeo":

Este corresponsal, como otros colegas suyos en Madrid y otros medios europeos, insiste en su línea de interpretación tradicional: desde 2012, los políticos en Madrid y en Barcelona discuten y no negocian. Eso, explica, "ha permitido que una disputa inicialmente centrada en la demanda catalana de mejor trato fiscal se transformara en un reto secesionista". El primer responsable de todo, según Minder y los otros, es el gobierno español de Mariano Rajoy, que insiste en tratar el conflicto "como un problema de cumplimiento de la ley y no como un asunto político".

Minder no está solo. Es, más o menos, la posición del diario londinense The Times en su editorial del lunes pasado: el independentismo existe como propuesta política que "el gobierno español sólo ha gestionado (...) con imprudencia, pereza y un deseo aparente de transformar una situación difícil en otra de mucho peor". Una cosa parecida decía Nikolas Busse, editorialista del también conservador e influyente Frankfürter Allgemeine Zeitung, y Thomas Urban, el corresponsal del Süddeutsche Zeitung, diario liberal de referencia. Una otro tótem del periodismo de aquel país, Jakob Augstein, del semanario Der Spiegel, se ha añadido al coro en una columna titulada "Asilo para Puigdemont"!. Etcétera.

Todo queda peor si se sabe que ninguno de estos periodistas y cabeceras son favorables al independentismo, al contrario. En realidad, lo que les sorprende es la (in)capacidad del estado español de hacerse cargo de su principal problema y de actuar con juicio y proporción. Su tendencia es decir que España actúa con ira y algunos se preguntan si la UE no debería mediar y/o si el estado no haría mejor dejando de lado la represión judicial. Libération hace un buen resumen de los últimos acontecimientos y habla de un "estado brutal".

Otros lo dicen indirectamente, como los que se quejan de que la incompetencia del gobierno Rajoy traslada a Europa la indeseada tarea de resolver el caso. Una muestra sólo: este editorial del Irish Times ("Catalunya, un dilema para|por Alemania"). Otra, esta crónica del gran diario conservador francés Le Figaro ("El arresto de Puigdemont preocupa a Alemania"). Una más: doble página en el relevante semanario comunista italiano Il Manifesto, con el comentario de Marco Bascetta ("La guerra de Madrid por vía judicial"). En la columna de Charles Bremner en The Times de Londres...

Está por todas partes. También en este chiste de Chapatte en el diario suizo Le Temps (suerte que no se lo ha encargado The New York Times, donde colabora a menudo):

CHAPATTE

"Veamos si la petición de Madrid es compatible con el derecho alemán..."

"España está creando una situación donde se pide a los jueces europeos, y no a sus políticos, que la resuelvan", razona en The New York Times Sergi Pardos-Prado, profesor de política en la Universidad de Oxford. "En un momento en que la UE necesita mayor legitimidad y volver a conectar con sus ciudadanos... ¿[esta manera de hacer] no parece un proyecto distante y tecnocrático"?, concluye.

La UE, además, no pasa por su mejor momento. El contexto es "especialmente combustible", como dice Minder. Europa se enfrenta al Brexit, al rampante populismo en Italia, Chequia y Eslovaquia, a la inquietud de los sindicatos franceses con las reformas de Macron, a la fricción entre Bruselas y los gobiernos autoritarios de Hungría y Polonia y al enfrentamiento diplomático con Rusia. Alemania, además, acaba de estrenar otra Gran Coalición entre democristianos y socialdemócratas, el gobierno que nadie quería.

Entre los periodistas que no se privan de intervenir con más o menos cortante figuran nombres de prestigio: Gideon Rachman, el jefe de opinión internacional del Financial Times; Eva Giovannini, reportera internacional estrella de la RAI; Jean Quatremer, el ubercorresponsal de Libération en Bruselas; Ferruccio de Bortoli, exdirector del Corriere della Sera y de Il Sole/24 Ore; Mark Seddon, corresponsal en la ONU de Aljazeera; Tobias Buck, corresponsal del FT en Berlín (y antes en Madrid); John Lee Anderson, reportero supremo de la revista The New Yorker; Concita de Gregorio, de La Repubblica, la periodista más influyente de Italia; Guy Hedgecoe, en Madrid para la BBC y Politico. De todas partes y de todos colores:

Dos encuestas para remachar el clavo, indicativas, una más científca que otra. La primera es de la casa de sondeos alemana Civey. Pregunta "Alemania tiene que entregar a Puigdemont"?. El 57% de los 5.047 encuestados entre ayer y hoy dicen que no.

Por contextualizar, el 11 de octubre del 2017 (qué fecha: un día después de la declaración/suspensión de independencia), Civey había preguntado, en encuesta libre y abierta, "Queréis que Catalunya se declare independiente de España y tenga su propio estado"?. Respondieron 41.275 personas, el 60,6% de los cuales decían que no. Este martes, el diario Süddeutsche Zeitung publicaba otra, abierta, entre sus lectores (ya la han descolgado). De los más de 150.000 (¡son muchos!) que respondieron, el 73% también respondía que no.

Menos científica, pero igualmente reveladora, es la conversación alemana sobre Catalunya. Los comentarios de los lectores de los dos principales diarios serios tampoco dejan España en buen lugar, aunque Carles Puigdemont no sea santo de su devoción.

En España, entretanto, la profundidad y el tono de los análisis sobre el caso son otros, más cerca del género parte de guerra, piezas de golpearse mucho el pecho, menospreciar a Puigdemont y asociar el independentismo al terrorismo. Sin mucho disimulo y menos datos.

Una muestra, y con esta basta, es "Junts per Estremera" en El País. Arranca así: "La justicia alemana tiene en sus manos la posibilidad de crear el partido que acabará con el procés: Junts per Estremera, con la ayuda inestimable de los antisistema de la CUP" donde habla de que hay que evitar "incendiar las calles con enfrentamientos que sólo llevan al abismo". Lo que hay en medio no es difícil de imaginar ("nefastos", "prófugos", "fugados", "rebelión", etcétera). Eso: un parte de guerra al estilo del que se hizo famoso en abril de 1939. El autor de la cosa regresó a El País en 2015. Los diez años anteriores había trabajado como director de comunicación del BBVA y de portavoz de la Casa Real en tiempo de Joan Carles I. Todo en orden.