Albert Rivera ha encontrado este lunes la receta mágica "contra el adoctrinamiento" en las aulas: una asignatura titulada Constitución española. Esta materia, que sería "troncal y obligatoria", incluiría en su programa lectivo nociones sobre el "sistema constitucional" español o "qué es una constitución" y "un estatuto de autonomía". Pablo Casado y Santiago Abascal, que también se proclaman constitucionalistas, no han dicho todavía su opinión sobre esta propuesta. Quien sí que lo ha hecho es el secretario de organización del PSOE, José Luís Ábalos, que les ha recomendado que antes de dar lecciones de Constitución le den "un repaso".

Sin ir más lejos, en base al sistema constitucional y estatutario español, la competencia de enseñanza está transferida a las comunidades autónomas, que son la administración que tiene más poder para  definir sobre el sistema educativo. La Constitución sólo otorga al Estado la "regulación de las condiciones de obtención, expedición y homologación de títulos académicos y profesionales". Rivera no ha aclarado si también se explicaría la distribución competencial que proponen dinamitar. Al día siguiente que el líder de Ciudadanos volviera a insinuar, en una entrevista con Ana Pastor, que Pedro Sánchez no es "constitucionalista".

Pero la ocurrencia del día ha sido la de Pablo Casado, que en la presentación de su programa electoral desde Barcelona ha llevado a límites insospechados su escalada retórica contra Sánchez. Ha llegado a decir que el presidente español "prefiere tener las manos manchadas de sangre que pintadas de blanco". Pero quien ha terminado haciéndose sangre ha sido el mismo líder del PP, con una expresión más que desafortunada. Tanto es así que, en el resumen que Génova ha distribuido a la prensa, se ha omitido la frase pasada de vueltas. Dice simplemente que Sánchez "prefiere tener las manos pintadas de amarillo".

El programa electoral por si mismo, un total de 102 páginas que olvidan completamente la corrupción o el colectivo LGBTI, también contiene ocurrencias que lo tendrían que tener como mínimo complicado para superar la asignatura de constitucionalidad. Una de las primeras, volver a aplicar el artículo 155 en Catalunya "por el tiempo que resulte inexcusable" y aplicando "cuántas medidas sean necesarias". Otras propuestas son la derogación de la ley de memoria Histórica, comprando el relato de Vox de la "concordia", o cortar las subvenciones a los partidos independentistas e incluso ilegalizarlos si es necesario.

Todo eso el mismo día que Vox ha propuesto un referéndum. En una entrevista al programa Espejo Público d'Antena3, su líder Santiago Abascal ha apuntado su pistola contra el Estado autonómico, que quiere desmantelar. Es por eso que ha propuesto una consulta en todo el Estado para "recentralizar España". Ha defendido que "la recentralización es el único camino posible" para sacar adelante la economía sin subir los impuestos.

Los equilibrios de Podemos

Mientras tanto, Podemos trata de no quemarse. En este lunes de constitucionalismo, su líder Pablo Iglesias ha presentado el programa electoral para el 28-A en una versión reducida en forma de Carta Magna. Recoge los artículos que considera que se vulneran y sus propuestas para hacerlos cumplir. Una de las más destacadas es la supresión de la "irresponsabilidad" del Rey ante la ley o una comisión de investigación sobre la monarquía. En cambio, en esta mini-Constitución no se ha visto en ningún sitio el referéndum para Catalunya que defienden. Hay que ir hasta su programa electoral completo, colgado en su página web, para encontrarlo. Hacia el final del documento, la propuesta 256 de 264. Y eso que es uno de los temas de esta campaña electoral.

El PSOE, desde la barrera

Y el PSOE, el convocante de las elecciones, se lo mira todo desde la barrera. A Casado lo inhabilitan para liderar una alternativa gracias a sus ocurrencias lo inhabilitan, y a Rivera le recuerdan las pésimas encuestas. Ferraz aún no ha aclarado en qué debates participará en esta campaña electoral, y aprovecha la circunstancia para profundizar en la fragmentación y falta de liderazgo sólido de la derecha españolista. Los socialistas han depositado todas sus esperanzas en esta división. Sólo falta que el tiro de Vox no les salga por la culata.

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