La sentencia de la Audiencia Nacional que absuelve al mayor Trapero, la intendente Laplana y la cúpula de Interior puede leerse también como una condena a los diarios de Madrid (y de Barcelona) que dieron por bueno y santo el relato que criminalizaba a los cuatro absueltos, relato fabricado por la Fiscalía sobre los atestados de la Guardia Civil. Empezaron creyendo la rebelión, saltaron a sedición con opción a desobediencia y han acabado en nada, siempre que la sala de Apelaciones de la Audiencia o el Tribunal Supremo del magistrado Manuel Marchena —otro que queda retratado— no cambie la cosa en apelación.

Estos años se han publicado títulos a toda portada como "Los Mossos detallan el plan de Trapero para no impedir el 1-O" o bien "Trapero facilitó 'información crucial' para frenar la acción del Estado el 1-O" (El Mundo, 29.11.2017 y 16.09.2018). El Periódico, ese mismo día, publicó el sumario del 1-O —buena exclusiva— y destacó agresivamente las partes más crudas contra los Mossos. Era todo un ponerse por sombrero la presunción de inocencia y por camiseta la narración del tándem Fiscalía/Benemérita. Aun el 20 de enero de este año, ABC abría a toda portada "El brazo policial del 1-O, al banquillo", utilizando una gramática peculiar (al, como quien lo desea, y no en el, como quien lo explica) que delata sus intenciones y la seguridad (o las ganas) que tenían de la culpabilidad de Trapero y compañía. Esto es apenas una cata. La lista de chapuzas periodísticas es tan larga que hoy no te daría tiempo a leer otra cosa. Es el Periodismo de Estado™.

Sin embargo, los atestados que convencieron a los diarios no han convencido a la Audiencia Nacional, salvo a la magistrada Concepción Espejel (Querida Concha), que saltó a la fama al ser una de los dos jueces separados del caso Gürtel por haber perdido la apariencia de imparcialidad, a causa de su proximidad al PP. (El otro es Enrique López, ahora consejero de Justicia en el Madrid de Isabel Díaz Ayuso y hombre fuerte del gobierno regional).

Estos atestados son, más o menos, los mismos que sirvieron para construir las acusaciones de rebelión primero, y sedición y malversación después, en la vista seguida en el Supremo contra los políticos independentistas ahora encarcelados. También sirvieron para hacer muchas portadas. En la Audiencia Nacional sin embargo, supuestas pruebas incuestionables y decisivas han quedado en humo sólo por el hecho de traducirlas correctamente del catalán, por mencionar un famoso caso. Es decir que, junto con los diarios, también quedan retratados el jefe de la represión del 1-O y acusador en jefe de los Mossos, el coronel Diego Pérez de los Cobos, y el jefe de la, ejem, investigación y redactor de los atestados, teniente coronel Daniel Baena.

Por todo ello, no resulta tan chillona hoy la ausencia en las portadas de Madrid de la sentencia de la Audiencia Nacional. Tampoco es extraña: las portadas también hicieron el vacío a la vista, quizás porque a medida los responsables de la represión policíaca del 1-O pasaban por la trituradora de la abogada Olga Tubau y el resto de la defensa, portadas y títulos como los mencionados antes salían hechos picadillo, junto con acusaciones y acusadores. Como la famosa "reunión secreta" entre Trapero y Puigdemont. Otros supuestos hechos y documentos clave —la Moleskine, los papeles de la incineradora, etcétera, etcétera—, han resultado ser apenas un "planteamiento teórico" de los investigadores de la Guardia Civil, fantasías que nunca han podido probar y que los diarios creían.

Quizá por estos motivos ninguna portada madrileña se hace mucho eco de la absolución de Trapero y compañía. Que después de tantas portadas llegue ahora la Audiencia Nacional a desmontarles el chiringuito no debe hacerles mucha gracia. Además claro, de la pereza que da reconocer que tomaron partido por una investigación que, como ahora se ve, era de medio pelo, tal vez tanto como su, digamos, "información".

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