Juan Carlos Campo se ha hecho famoso hacia las 10 de la mañana de este miércoles. A Campo, ministro de Justicia, no lo conocía casi nadie fuera de los gremios afectados, hasta que ayer anunció que el gobierno español estudiaría el indulto de los presos políticos la semana que viene. Lo ha dicho en tono un poco chulo, como suele, sin dar nombres y con un mohín de asco, como si se hubiera manchado la corbata en la boda de su hija: "Esos indultos que le interesan, porque les tocan", ha arrojado, como una carta perdedora, a la diputada Laura Borràs, que antes le había dejado sobre el tapete una pregunta como un as.

Los periodistas competentes han sabido en ese mismo momento que el ministro había hecho la portada de todos los diarios de Madrid y Barcelona. Encima, el, día antes se había sabido que su gobierno estudia reformar el delito de sedición como una puerta de atrás para la rebaja de penas a los presos. Y así es: todas las portadas abren con el asunto (excepto El Periódico, que hoy es como el Ara del domingo solo que en jueves). En fin, que el Quioscos & Pantallas podía haberse escrito sin esperar a la madrugada, catorce o dieciséis horas antes.

Así, la tuna mediática de la derecha cantaría en primera página el clavelitos de siempre, con las estrofas de siempre: Traición a España, Pedro Sánchez cobarde, Los golpistas no pagarán sus fechorías, El gobierno [español] se ríe de los españoles, La Justícia queda con el culo al aire, Humillación al Estado de Derecho, etcétera.

Los diarios más del gobierno, en cambio, en tono grave y contenido, con una pizca de azúcar, harían el relato de la distensión: El gobierno [español] guiña el ojo a los catalanes, Gesto de apaciguamiento desde Madrid; Sánchez busca rehacer puentes; España pasa página de la represión, Madrid mueve la ficha del reencuentro, bla, bla, bla.

La gracia de todo eso no es que sea cierto —con el agua que baja, acertar las portadas de hoy era un juego de niños— sino que ¡aun no ha pasado nada! No se han casado y los familiares ya hablan del bautizo. Abundan los malos precedentes. Quizá los diarios deberían ser un poco más prudentes y no dejarse llevarse por sus (buenos o malos) deseos o las ganas de que las cosas sean de esta o de aquella manera. Porque las últimas promesas de Pedro Sánchez —la mesa de diálogo, sin ir más lejos— han acabado en pizza con piña.

Para ser honestos, justos y ecuánimes, hay que destacar que hoy La Razón se desmarca de sus compañeros de tuna y lleva un título informativo, que hace ver la contradicción de estudiar medidas de gracia para los presos políticos y,  al mismo tiempo, negociar los presupuestos con Ciudadanos, que considera casi imperdonables a los presos y exiliados —al menos sus aspavientos van esta línea. La Razón no lo hace gratis. En realidad, dispara a Ciudadanos porque así ayuda la línea oficialista-rajoyista-casadista del PP, que ha sido siempre la suya.

Es destacable la frialdad de La Vanguardia —o esa es la impresión que da la portada. En el editorial se explica esa actitud. El diario de los Godó no baila nunca deprisa y se ve que no las tiene todas consigo. "No será un camino de rosas, tampoco será una vía rápida, ni se conoce el resultado final. Pero hay que celebrarlo como una noticia esperanzadora", dice. Mejor con moderación, que a Pedro Sánchez se le sospechan las malas intenciones.

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