"Estoy aquí por mis ideas y porque no renuncié a mi actividad política". ​La última palabra de Jordi Turull al juicio del procés ha sido un escrito de acusación contra las acusaciones. El exconseller de la Presidencia ha denunciado este miércoles delante de la sala segunda del Tribunal Supremo el "propósito de escarmiento que decapite el independentismo al coste que sea, aunque signifique retroceder muchos años." A pesar de todo, ha advertido que "no decapitarán al independentismo ni la voluntad de tantos catalanes de decidir su futuro".

"Confundir la crítica con el ataque es de mentalidades autoritarias", ha criticado Jordi Turull, que ha continuado su alegato: "Se ha asimilado las críticas al gobierno del Estado, a las decisiones del Tribunal Constitucional o a la policía con ataques al Estado". En este sentido, ha lamentado que "nos quieren aplicar unas normas diferentes al resto de mortales".

En este contexto, el exportavoz del Govern ha defendido que durante su carrera política siempre "se ha dedicado al pacto y al acuerdo", y ha añadido que ha llegado al banquillo de los acusados defendiendo la independencia pacíficamente. "Tronco independentista y no lo esconderé", ha insistido. Ha apelado al diálogo, que "tiene que ser siempre el camino".

"Ofrecimos una mesa de diálogo al Gobierno, y el gobierno del Estado quiso afrontarlo sentándonos en el banquillo de los acusados", ha cargado el dirigente independentista encarcelado, que ha vuelto a advertir que el conflicto "de raíz política" no se resolverá con "soluciones penales".

Turull ha sido especialmente duro con el papel que han jugado las acusaciones durante el juicio, que han hecho que "el principio de legalidad pase a mejor vida".

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