Ana Patricia Botín, la presidenta del Banco Santander y referente del Ibex35, ha celebrado el nombramiento de Nadia Calviño como ministra de Economía. Dice de ella que es "una garantía". Alfredo Pérez Rubalcaba, que hace dos años impidió que Pedro Sánchez formara un gobierno con los mismos apoyos que ha conseguido ahora, también se ha deshecho en elogios hacia el nuevo Ejecutivo. Rubalcaba es ante todo un "servidor del Estado". Pertenece a un partido teóricamente republicano, pero fue el artífice del relevo al frente del Estado en el momento oportuno para salvar la monarquía. Rubalcaba forma parte del consejo editorial del diario El País, que se ha convertido en el órgano de expresión del deep state español. El 1 de junio, el editorial de este diario se titulaba "Un Gobierno inviable" y ahora, seis días más tarde, con otro director, en este caso, directora, su editorial se titula "Un buen gabinete". Hace una semana, España era un país en decadencia democrática y ahora, de repente, parece que todo se haya vuelto de colores, aunque como hemos podido ver, el vicepresident Oriol Junqueras continúa en Estremera pasando el mocho. ¿Qué es lo que ha sucedido exactamente?

La imagen de España en Europa se había degradado profundamente. Los medios internacionales presentaban a Mariano Rajoy como el presidente de un gobierno corrupto, incompetente y autoritario que era incapaz de resolver la crisis de Estado con Catalunya. Y estaba creando problemas en Europa forzando el exilio de políticos demócratas que los tribunales europeos no estaban dispuestos a extraditar. El cambio estaba cantado. Pedro Sánchez se ha colocado en el lugar adecuado y en el momento oportuno... cuando el Estado lo necesitaba.

Mariano Rajoy ha decidido abandonar la política pero no dimitió como presidente del gobierno porque la cuestión no era asegurar la continuidad del gobierno del PP, sino salvar el Estado. La dimisión de Rajoy habría alargado la inestabilidad política indefinidamente y no habría ofrecido en Europa el cambio de imagen que ha conseguido Pedro Sánchez.

España ha pasado de tener el gobierno más antipático del planeta a estar gobernada por un consejo "de ministras y ministros" con mayoría de mujeres, con un astronauta admirado y un periodista frívolo

España ha pasado de tener el gobierno más antipático del planeta a estar gobernada por un consejo "de ministras y ministros" con mayoría de mujeres, con un astronauta admirado y un periodista frívolo. Parece salido de Los mundos de Yupi, pero Sánchez ha hecho un casting cargado de intenciones.

Josep Borrell en la cartera de Exteriores, en tanto que catalán, es el hombre encargado de desmentir al mundo la existencia de una causa democrática catalana. Todavía más significativa es, aún, la incorporación de Fernando Grande-Marlaska en Interior, que asegura la continuidad de los criterios represivos del gobierno anterior y aumenta la tranquilidad de los encausados del PP por asuntos de corrupción. Grande-Marlaska ha sido un juez siempre promocionado desde la derecha que no ha tenido inconveniente en archivar el escandaloso caso del Yak-42 o de determinar que en los Centros de Internamiento de Extranjeros "no se vulneran los derechos fundamentales". Y tan significativo es su nombramiento como el "no nombramiento" de Margarita Robles, que sí es una jurista experimentada en la gestión de conflictos y que ha sido relegada a Defensa, un ministerio ficticio donde todo son decisiones técnicas determinadas por la OTAN y por los militares. Se ha querido adornar el nombramiento con el control del CNI, cuando todo el mundo sabe que el servicio de espionaje a quien reporta finalmente es al presidente.

Hay otro dato interesante del nuevo gabinete español como es la componente andaluza. Con Carmen Calvo en la vicepresidencia, María Jesús Montero en Hacienda y Luis Planas en Agricultura queda garantizado que, de llegar a negociarse un nuevo sistema de financiación que pudiera servir para aplacar las reivindicaciones soberanistas catalanas, en ningún caso será en detrimento del llamado flujo de solidaridad del norte hacia el sur. La propia presidenta andaluza, Susana Díaz, ya ha dicho que "Montero y Planas son una garantía para Andalucía", que es una manera de decir que "mandamos nosotros". La incorporación de la catalana Meritxell Batet a Política Territorial se venderá como la apuesta de Pedro Sánchez por el diálogo con Catalunya pero es una manera de circunscribir la negociación a un asunto de competencias estatutarias que no interesa a nadie.

Ciertamente, ahora ya no son nostálgicos del franquismo los que gobiernan España. La percepción europea de España y del Gobierno español no será la misma, pero el juez Llarena seguirá haciendo lo que hace, líderes políticos pacíficos y demócratas continuarán en la prisión o en el exilio acusados de delitos que no cometieron. Todo recuerda la máxima lampedusiana, "si queremos que todo continúe igual, hace falta que todo cambie". Y costará bastante más explicar por todas partes que Catalunya es víctima de un estado represor. ¿Quién dice que no estamos ante una cosmética y exitosa operación de Estado?

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