Se veía venir. Soledad Gallego-Díaz (Madrid, 1951, en la foto) relevará a Antonio Caño (Martos, 1957) en la dirección del diario El País. Caño no ha durado ni dos días tras la toma de posesión del nuevo presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a quien el diario ha tratado entre muy mal y lo siguiente. Gallego será la primera mujer directora del periódico, que apareció por primera vez en mayo de 1976. La propia periodista ha confirmado a la agencia Efe que le habían ofrecido el puesto. Ahora deberá someter su nombramiento a la votación no vinculante de la redacción.

Gallego-Díaz ha pasado por casi todos los puestos del diario, al que se incorporó inmediatamente después de su fundación. Comenzó como reportera y llegó a directora adjunta. Pasó por las corresponsalías de Bruselas, París, Londres, Nueva York y Buenos Aires. Ejerció como Defensora del Lector. En 1988 le fue ofrecida la dirección y la rechazó. “En aquel momento me interesaba mucho más el manejo de la redacción, y eso lo llevan los directores adjuntos”, declaró a JotDown en 2012.

A sus 67 años, estaba de salida. Desde hace dos años escribe una columna dominical en el diario y colabora con la Ser, la radio del grupo Prisa, editora de El País. No se trata de alguien que vaya a orientar el futuro del diario. Se trata más bien del nombramiento de transición de una figura inatacable para calmar a la redacción, hacer regresar el diario a sus orígenes y rescatar la marca de sus recientes vaivenes derechistas. Atención pues a los adjuntos que nombre la nueva directora, que serán quienes cargarán de hecho con el peso de la cosa.

Regreso al pasado

“Como poco, viene a deshacer entuertos, que son múltiples, casi incontables”, comenta un veterano periodista que se hace eco del sentir de sus colegas de redacción. Nadie mejor para acometer esa tarea que Gallego, un “animal de redacción” cuyo prestigio profesional nadie discute y que es conocedora de todos los rincones de la redacción.

La tarea de la nueva directora será remontar la moral de la redacción y enderezar el rumbo editorial. Las críticas a la etapa de Caño, dentro y fuera del diario, coinciden en dos puntos. Uno, la derechización de su línea editorial, ubicada desde siempre en un progresismo liberal de mayor o menor intensidad, que convirtió al diario en la referencia informativa de la Transición española y más allá. Gallego es fiel representante de esa actitud.

En los últimos años, a rebufo del procés independentista en Catalunya, El País se ha escorado hacia un espacio político ya saturado de cabeceras y donde los lectores que pretendiera conquistar le miraban de reojo. “Ha colocado al diario donde no hay mercado”, explica un redactor senior. Al tiempo, otras cabeceras digitales, como eldiario.es o Público, se comían por la izquierda su espacio natural.

La otra gran crítica a Caño se refiere a los nombramientos en la redacción, en buena parte orientados a la reconversión digital de la cabecera. Los críticos hablan de “fichajes trekkies” o “jardín de infancia”, en malévola referencia a la designación de jefes con poca experiencia —en el diario, en la especialidad o en el oficio— y menos criterio propio. Las más afectadas por esa gestión han sido las secciones de opinión, que ha perdido firmas emblemáticas, y la de política. Son las áreas críticas que definen desde siempre al diario.

Tradición

El discurso de la nueva directora es más tradicional. "No tiene ni Twitter ni Facebook y siempre va con una libretita cuadriculada y un bolígrafo en el bolso", explica la crónica en que El País informa que ha concedido a Gallego-Díaz el premio Ortega y Gasset de periodismo a la mejor trayectoria profesional. El discurso de aceptación del premio de la veterana periodista es un canto a los valores y procedimientos de las redacciones.

“El periodista tiene una serie de obligaciones y principios que ha de respetar", a propósito de esa ocasión. "La primera norma es que jamás las cosas pueden ser verdad o mentira; los hechos son los hechos y tu obligación es buscar esos hechos y contrastarlos”.

En los últimos años, la versión impresa del diario no ha escapado a la caída de ventas que aqueja a toda la prensa occidental, ni a las subsiguientes caídas en el ingreso publicitario y los recortes de plantilla. En 2014 El País tenía una difusión de 259.000 ejemplares impresos, según el auditor OJD. En 2018 esta cifra ha caído un 32%. Su versión digital tiene 20,9 millones de usuarios únicos en marzo, según el auditor Comscore, y alterna el liderazgo con El Mundo.

Prisa, a causa de sus fallidos negocios audiovisuales, ha debido reducir una gran deuda, que ha convertido en accionistas principales a varios bancos acreedores, con el riesgo de interferencias que eso supone. La deuda actual asciende a más de 1.000 millones de euros. También ha perdido valor en bolsa: las acciones de Prisa han rebajado el 99,6% de su valor desde el 2000, según Bloomberg. Además, los últimos años de la presidencia ejecutiva de Juan Luis Cebrián, su primer director, han sido especialmente tumultuosos.

Soledad Gallego-Díaz estudió periodismo en la Escuela Oficial de Madrid. También asistió a algunos cursos de Filosofía y Letras en la Universidad Complutense. Es hija de una cubana y un jiennense, “matemático y comunista”, según una biografía oficial.

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