El pleno para la investidura de Pedro Sánchez ha empezado este fin de semana de Reyes mientras sobre el Congreso todavía caía la tempestad desatada la víspera por la Junta Electoral Central cuando decidió inhabilitar al presidente, Quim Torra, y quitar el escaño al vicepresidente Oriol Junqueras en el Parlamento Europeo.

En el hemiciclo y en los pasillos todas las miradas caían encima del líder del grupo republicano, Gabriel Rufián, que ha atribuido la decisión de la JEC a un "ataque" de la derecha al PSOE. Rufián ha encajado la situación sin cambiar el ademán.

Antes de empezar el pleno ha dado a entender en declaraciones a diferentes emisoras que no se cambiaría la decisión que tomó el consell nacional de ERC, esto es, la abstención -de hecho, la ejecutiva reunida en Barcelona la ratificado después-, pero en el receso ha añadido que la dirección de su partido tenía previsto volver a analizar el nuevo escenario y ha soltado un enigmático: "es bueno que los partidos se adapten".

Montañas rusas emocionales

No ha querido añadir nada más. "No entro en montañas rusas emocionales, en sensaciones, no somos futbolistas", ha replicado cuando un periodista le ha preguntado cuál sería su decisión en una comparecencia en el escritorio del Congreso.

En los pasillos de la Cámara Baja española todo el mundo daba por descontado que ERC mantendría su decisión, pero también todo el mundo es consciente de que hasta que no se haga la votación no habrá nada definitivo. En Barcelona también se tiene que reunir el pleno del Parlament a las cinco de la tarde.

Y todos los ojos observan Rufián y los escaños republicanos mientras habla el candidato Sánchez. ¿"Ha aplaudido Rufián"?, se escucha en la tribuna de prensa. Pero no. Rufián sólo aplaude. Sólo lo ha hecho dos veces. Cuándo el candidato habla de dignificar la memoria histórica y cuándo anuncia la mesa de diálogo acordada entre socialistas y republicanos.

Desde la segunda fila del Congreso, justo detrás del Gobierno, escucha el líder de la oposición, el popular Pablo Casado. También en la segunda fila, en el extremo opuesto, lo sigue el líder de Vox, Santiago Abascal. Esta es una de las novedades del pleno: populares y Vox compartiendo la primera fila de escaños de diputados.

El pleno empieza con el diputado de JxCat Jaume Alonso-Cuevillas tomando posesión del cargo con uno irónico "con permiso de la JEC". Las protestas, sin embargo, se han disparado cuando ha continuado en catalán "en defensa de los derechos fundamentales y entre ellos el derecho a decidir de todos los pueblos".

Acto seguido la diputada del PP Álvarez de Toledo ha pedido que se leyera el acuerdo entre PSOE y ERC y la presidenta del Parlamento, Meritxell Batet, ha desestimado la propuesta porque es conocido el contenido.

Rufián debate investiduraGabriel Rufián después de la intervención de Sánchez / M.L.

El discurso de Sánchez

Y, finalmente, ha llegado el turno de Sánchez. El candidato ha querido aclarar dudas desde el primer momento y ha dejado claro sólo tomar la palabra que "no se romperá España, no se romperá la Constitución".

No obstante, el discurso, si bien milimetrado, ha traicionado a Sánchez, que, acto seguido, ha asegurado que los españoles quieren que se supere "el conflicto político que desde hace tiempo enturbia las relaciones entre Catalunya y España". De repente, ha reconocido Catalunya como un ente separado de España y el conflicto como una reivindicación de todo un territorio, una de las cuestiones más criticadas desde las filas constitucionalistas.

Las explicaciones del candidato no han satisfecho, evidentemente, las ruidosas filas de la derecha, que incluso ha dejado ir un "¡qué vergüenza!" mientras intervenía el candidato. "No les pediremos que renuncien a su ideología, sólo les pediremos que renuncien a su sectarismo", ha replicado el candidato.

Sánchez ha llamado a desjudicializar el debate y reducir con el diálogo y la política la tensión territorial. Pero no ha habido demasiadas más concreciones.

A pesar de la trascendencia del pleno, la tribuna de invitados aparece medio vacía. El diputado de Vox Javier Ortega Smith se ha dedicado a leer un libro mientras el candidato hablaba. Detrás suyo, en tercera fila, Inés Arrimadas, de Cs, sin Albert Rivera.

El más entusiasta hoy, aparte de los diputados socialistas, era Pablo Iglesias, que no ha ahorrado en aplausos al candidato, y ha acogido de pie el final de su intervención. Y con este panorama ha empezado después de un descanso la intervención de los grupos de la oposición.

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