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Este sábado 15 de agosto no es un día cualquiera en la frontera de Ceuta. Está marcado en rojo desde que hace días circulan por las redes sociales mensajes que animan a miles de personas a intentar repetir la entrada masiva de finales de julio, cuando aproximadamente 72.000 migrantes cruzaron la frontera nadando o a pie, a través del espigón de Tarajal, para acceder a la ciudad autónoma. España y Marruecos han decidido esta vez no esperar a comprobar si la convocatoria es real o solo un rumor viral: ambas bandas de la frontera han reforzado de manera considerable los dispositivos policiales y de vigilancia. Sobre el terreno, la respuesta ya es visible: más policías, más guardias civiles, más controles, más vigilancia en el litoral y un Marruecos decidido a impedir que las concentraciones lleguen hasta la frontera. Hace dos semanas, la avalancha sorprendió a las autoridades. Esta vez, al menos, nadie podrá decir que no la esperaban.

Casi 500 agentes más que durante la avalancha del 30 de julio

La frase que hizo saltar todas las alarmas es tan simple como potencialmente explosiva: "La frontera de Ceuta estará abierta el día 15". Mensajes de este tipo se han extendido por redes sociales y aplicaciones de mensajería durante los últimos días y han recordado inevitablemente lo que pasó el 30 de julio, cuando los rumores sobre una supuesta apertura de la frontera contribuyeron a desencadenar una entrada sin precedentes. Esta vez, sin embargo, tanto Madrid como Rabat quieren que la sorpresa no juegue a favor de una nueva avalancha. El Ministerio del Interior español ha aumentado de manera muy considerable la presencia policial en Ceuta. El dispositivo suma 880 agentes de la Policía Nacional y 714 guardias civiles, es decir, 1.594 efectivos, casi 500 más de los que había cuando se produjo la entrada masiva de finales de julio. La Comandancia Militar también ordenó la cancelación de todos los permisos de sus militares destinados a la ciudad autónoma desde este jueves, a pesar de que mañana es un día festivo.

El refuerzo todavía crecerá con la llegada de 45 agentes de las Unidades de Prevención y Reacción (UPR) de la Policía Nacional, especializadas en seguridad ciudadana y control de situaciones con grandes concentraciones de personas. Con estos efectivos, el dispositivo policial superará los 1.600 agentes. La diferencia respecto a hace quince días es sobre todo preventiva. Interior no quiere esperar a que una concentración de miles de personas llegue hasta la misma frontera para reaccionar. La prioridad es disuadir, detectar movimientos con antelación y disponer de suficientes efectivos para contener simultáneamente posibles intentos de entrada por tierra y por mar.

Los controles no se concentran exclusivamente en el paso del Tarajal. También se ha reforzado la presencia policial en las playas, en el puerto y en los puntos considerados más vulnerables del perímetro fronterizo. El precedente explica las precauciones. El 30 de julio, la llegada masiva desbordó en cuestión de horas el dispositivo policial, los servicios de emergencia y la capacidad de acogida de Ceuta. Ahora, ante los llamamientos que circulan por las redes para este sábado, Madrid intenta que la improvisación no vuelva a marcar la respuesta.

Marruecos quiere frenar la avalancha antes de que llegue a la frontera

La pieza clave del dispositivo, sin embargo, está al otro lado. En Fnideq —Castillejos—, la ciudad marroquí situada inmediatamente al lado de Ceuta, Rabat ha desplegado centenares de agentes antidisturbios, también cañones de agua, equipos de gas lacrimógeno, ambulancias y efectivos militares. Algunas fuentes hablan de más de 20.000 efectivos. También se han intensificado los controles en las carreteras y accesos que conducen hacia la frontera. El objetivo es evitar que grandes grupos puedan concentrarse a pocos metros del perímetro fronterizo o llegar masivamente al litoral, como ocurrió hace dos semanas.

El refuerzo no es solo humano. Las autoridades marroquíes han reforzado los obstáculos físicos, la vigilancia y los puntos de control alrededor de las zonas que consideran más vulnerables. La filosofía es clara: si miles de personas consiguen llegar simultáneamente hasta la misma frontera, cualquier dispositivo policial corre el riesgo de quedar desbordado por pura aritmética. Por eso Rabat intenta actuar kilómetros antes. Las fuerzas de seguridad marroquíes también han incrementado la vigilancia sobre las convocatorias en las redes y han perseguido algunos de los perfiles sospechosos de alimentar rumores sobre una supuesta apertura de la frontera.

El mar, la gran grieta del 30 de julio

Una de las principales lecciones de la crisis anterior es que la frontera de Ceuta no acaba en la valla. Buena parte de los migrantes que entraron el 30 de julio lo hicieron nadando alrededor del espigón del Tarajal. El mar se convirtió así en una prolongación de la frontera terrestre y en uno de los puntos más difíciles de controlar. Por eso la vigilancia marítima también se ha reforzado y se han instalado vallas neumáticas, tanto en Ceuta como en Melilla, para impedir la entrada de quienes quieren llegar nadando o, en caso de que se consiga superarlas, poder sortear la sentencia del Tribunal Supremo que impide el retorno en caliente.

La Guardia Civil concentra efectivos en el litoral y en los espigones, especialmente en el Tarajal, para detectar posibles grupos que intenten entrar por mar. La respuesta esta vez no se centra, pues, únicamente en impedir un salto de la valla, sino en controlar una franja mucho más amplia de costa. En Melilla, aunque la amenaza principal se centra en Ceuta, también se han reforzado las infraestructuras marítimas y la vigilancia en el Dique Sur, junto a la frontera con el puerto marroquí de Nador.

¿Por qué una convocatoria en las redes puede movilizar a miles de personas?

Este es uno de los aspectos más difíciles de gestionar en esta crisis. No es necesario que exista una orden oficial ni una organización centralizada para que miles de personas se pongan en movimiento. Puede bastar con una combinación de rumores, vídeos, mensajes de WhatsApp, Telegram, TikTok o Facebook y testimonios que aseguren que "la frontera está abierta" o que "España no podrá retornar a quienes entren". Cuando esta información circula entre personas que ya viven cerca de la frontera o que esperan una oportunidad para intentar llegar a territorio europeo, el efecto multiplicador puede ser enorme. Y cuando la multitud se pone en marcha, distinguir entre rumor y realidad deja de ser relevante: la misma concentración de personas acaba creando el problema que anunciaba el rumor. Esto es, precisamente, lo que España y Marruecos quieren impedir este sábado.

Una operación de disuasión

El despliegue tiene, por tanto, una función física, pero también psicológica. Las filas de policías marroquíes, los controles de carretera, los centenares de agentes españoles, la vigilancia de la costa y la presencia visible de fuerzas de seguridad envían un mensaje muy concreto: esta vez no habrá una frontera sin control. Madrid confía en que esta imagen de blindaje reduzca el atractivo de la convocatoria y evite que miles de personas intenten desplazarse hasta Ceuta. El Gobierno también insiste en que conseguir entrar en la ciudad autónoma no implica obtener papeles ni tener garantizado el paso a la península, uno de los rumores que tradicionalmente alimentan este tipo de movimientos migratorios.

Una frontera y una relación diplomática bajo examen

La situación tiene todavía otra dimensión: la relación entre España y Marruecos. El control de Ceuta depende en gran parte de la capacidad —y de la voluntad— de Rabat de impedir que miles de personas lleguen simultáneamente hasta el perímetro fronterizo. Esta dependencia convierte cada crisis migratoria en una prueba diplomática. Madrid insiste en que la coordinación con las autoridades marroquíes es buena, pero la crisis de finales de julio ha vuelto a poner de manifiesto hasta qué punto Ceuta y Melilla son dos de los puntos más sensibles de la relación bilateral. Este sábado servirá, por tanto, para comprobar no solo si funciona el despliegue policial, sino también si la cooperación entre los dos países es capaz de evitar que una convocatoria nacida en las redes acabe convirtiéndose en una nueva crisis internacional.