La posibilidad de que Esquerra Republicana facilite la investidura de Pedro Sánchez a través de una abstención de sus trece diputados y a cambio de una mesa de diálogo entre gobiernos no incomoda sólo a Junts per Catalunya y a la ANC. Demócratas, los otros socios de los republicanos, en este caso en el Parlament, también discrepan del resultado de la negociación.

Ahora mismo, el partido que surgió de los escindidos de Unió —en el cual milita entre otros Núria de Gispert—, está integrado en el grupo parlamentario republicano. Ambos partidos se presentaron juntos a las elecciones del 21-D. El resultado otorgó dos escaños a Demòcrates, que ocupan Asunción Laïlla y Antoni Castellà. Este último ha manifestado su malestar a través de un tuit en el cual expresa que "cuando estás en conflicto y tu enemigo sabes que siempre hace trampas y que además tiene rehenes retenidos, teniendo los votos para hacerlo caer, lo último que haces es estabilizar".

Para Demòcrates resulta imprescindible que el precio de una investidura sea, por lo menos, el reconocimiento del derecho de autodeterminación de los catalanes.

Si finalmente los de Junqueras acaban confirmando el aval a Sánchez en la reunión de su Consejo Nacional el próximo 2 de enero, eso podría llevar a Demócratas a replantearse la relación con ERC. Algunas fuentes apuntan a este diario que incluso podrían acabar abandonando el grupo parlamentario. Eso querría decir que los republicanos se quedarían con 30 diputados y que Castellà y Laïlla pasarían al grupo mixto.