Maragall lo propuso en 1992 en una entrevista en La Vanguardia, rodeado de polémica: "El Senado efectivamente podría estar en Barcelona". El jefe de filas de la CiU de entonces en el Ayuntamiento de Barcelona, ??Josep Maria Cullell, se mofó: "Me gustaría ver si, en el Congreso, los diputados del PSOE apoyan la propuesta de Maragall". Felipe González, que presidía el gobierno español, ignoró al alcalde de Barcelona. Pero algunos cargos importantes dentro del partido como el portavoz de los socialistas en Madrid, Juan Barranco, encendieron la señal de alarma porque "la cocapitalidad es inconstitucional". Días después, Maragall reafirmaba su propuesta en un artículo del mismo periódico, en el que matizaba: "no me hago ilusiones para el futuro inmediato". Pocas podía hacerse. Tuvieron que pasar dos décadas hasta que el PSC sacara del desván la idea y abanderara de nuevo esta "maragallada". Pere Navarro incluyó la idea de la cocapitalidad, sin mucho éxito, en su programa electoral para las elecciones catalanas de 2012. Este martes, los socialistas han anunciado que el lugar escogido para el futuro "Senado Federal" sería La Sagrera, en la antigua villa de Sant Andreu, hoy distrito de Barcelona.

El 9N reactiva la propuesta

Ante el éxito de participación en la consulta del 9N, el PSC, con intención de concretar su apuesta federalista, buscó un revulsivo para esa idea, tan difícil de vender. Días antes, la influyente agencia de noticias económicas Bloomberg había informado que el Gobierno español preparaba ya el traslado de la cámara alta a Barcelona "para convencer a los catalanes de seguir formando parte de España". Jaume Collboni, el candidato socialista a la alcaldía de Barcelona, fue quien, consciente o inconscientemente, lanzó la propuesta al aire días después, en un encuentro con periodistas. Esa vez, la idea sonó diferente.

El PSOE se suma

"Puede ser parte de la solución", se sumó la portavoz adjunta del PSC en el Parlament, Eva Granados. El resto de partidos parlamentarios la rechazaban como "absurda". Al líder del PSOE, Pedro Sánchez, sin embrgo, le pareció tan oportuna que decidió convertirla en un argumento de campaña que ahora utiliza con frecuencia, hasta el punto de afirmar que "si el Senado no se traslada a Barcelona, ??se deberá cerrar". El PSC se ha comprometido esta campaña a convertir el Senado en una herramienta "útil" que, si hubiera sido impulsada antes, "habría evitado muchos problemas" actuales en la cuestión territorial, según la jefe de filas a las generales del 20D, Carme Chacón. Los socialistas quieren hacer de este nuevo Senado "la verdadera cámara territorial que la Constitución describe, que represente y permita la participación de las comunidades en la toma de decisiones."

El Senado, en un cruce

Hoy, pocos partidos creen en esta institución, a la que consideran poco más que un cementerio de elefantes. Ciudadanos propone incluso su sustitución por una conferencia de presidentes autonómicos. Trasladarlo a Barcelona es una quimera para el PP, que ya evitó hace cinco años la descentralización de la Comisión Nacional de Mercados a Barcelona. Ni la alcaldesa ni el jefe de filas de ERC en al ayuntamiento de Barcelona parecen entusiasmados con la idea: "No creo que vaya hacia aquí el futuro de Barcelona", decía Aznar en 1992 reaccionando a la idea de Pasqual Maragall. Es una afirmación que hoy quizás también suscribirían los partidos independentistas (y los que no lo son).
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