En la sociedad cada uno es "absolutamente solitario": una "mónada sin ventanas". En la comunidad en cambio reina la solidaridad. Son pensamientos en Individuo y sociedad, obra de la filósofa Edith Stein (1891-1942). Lo escribe una mujer que ha reflexionado en torno a la idea del Estado, sobre la organización de la comunidad y defensora de la empatía como fundamento de la experiencia intersubjetiva. Una empatía que es también la condición de posibilidad de un conocimiento del mundo externo existente. Ponerse en la piel del otro no nos motiva, de natural. Exige voluntad y esfuerzo. Y suele ser necesario si vivimos en comunidad. En estos espacios comunes donde nos movemos, a no ser que seamos ermitaños, podemos también decidir si nosotras somos personas-muro o personas-ventana. Los pintores suelen pintar las ventanas desde el interior mirando hacia fuera, y las personas que las miran –a menudo mujeres–, están de espaldas. Como las misas tridentinas en latín, donde el mosén está de espaldas al pueblo y mira al altar, porque este representa lo más sagrado, lo más infinito, lo menos contingente.

Las ventanas son resquicios, y son necesarias en la vida, para respirar, para transitar, para salir, para entrar

Si no interaccionamos, si somos "mónadas sin ventanas", no acabamos de ser plenamente humanos. Pero también podemos ser humanos-muro: no hay interacción posible con nosotros. Todo nos resbala. Somos inmunes a los otros. Indiferentes. Muros. Sin abdicar de la necesaria protección que hace falta para vivir, las ventanas son más evocadoras. Pasa la luz.

En el arte, las ventanas son una metáfora evidente entre el dentro y el fuera, y una alusión a la esperanza, el cambio, el camino, el horizonte, lo desconocido. Las ventanas son resquicios, y son necesarias en la vida, para respirar, para transitar, para salir, para entrar. El pintor Caspar David Friedrich utiliza las ventanas para enseñarnos el mundo exterior, rebosante de vida y de colores, en contraste con un mundo interior), con menos –aparentemente– cromaticidad. Aquellas ventanas-puerto (yo las veo más ventanas-aeropuerto) en que zarpas hacia mundos desconocidos, nuevos, diferentes de los que ya conoces y habitas. Si no hubiera abandonado Instagram, Facebook y Pinterest para tener más tiempo para leer, colgaría imágenes de ventanas. Adoro las ventanas, claraboyas, ventanillas, ventanales, aberturas, balcones, balconadas. Y las personas-ventana: vierten luz, o reciben la tuya. No es un detalle menor. De él puede depender toda una vida.

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