No resulta extraño que alguien que fue descubierto para la política por el simple mérito de hacer tuits ingeniosos sea el que nos ha entregado una frase memorable: “Prefiero llenar tiktoks que bibliotecas”. De esta manera rotunda, aquel que fue en otro tiempo diputado del independentismo, y ahora convertido en salvador de las izquierdas españolas (aplaudido incluso con un “Viva España” en su conferencia con la Montero), nos ha hecho un Timothée Chalamet, aquel actor que no quiere trabajar en la ópera o la danza “porque ya no importan a nadie”. En el caso de Chalamet, se le han enfadado los del gremio, desde la Metropolitan Opera hasta el Liceu o la Scala de Milán. En el caso de Rufián, le ha respondido, lógicamente, el Colegio de Bibliotecarios. Y si Rufián ha hecho un Chalamet, ambos han hecho un María Pombo, aquella señora famosa por no sé qué futbolista y ahora elevada a la categoría de “influencer de referencia” que dijo que "leer no es cool". A la gente le da vergüenza decir que lee porque parece que eres un empollón. Los tres, representantes con honores de una insolvencia intelectual que considera que despreciar la cultura es un acto cool que otorga modernidad. ¡Entre TikTok y las bibliotecas, a quién se le ocurriría escoger a las segundas!

Este modo guay de ir contra la cultura es deplorable en general, pero, en el caso del catalanismo político, es un dardo a la propia esencia del movimiento que históricamente ha defendido los derechos catalanes. Todas las corrientes del catalanismo han estado fuertemente ligadas a una concepción elevada de la cultura; entendida su defensa como un rasgo identitario. Es Francesc Cambó creando en 1922 la colección "Bernat Metge", concebida con el objetivo de acercar los clásicos griegos y latinos a los catalanes a través de ediciones bilingües de gran rigor, y que ya ha publicado 440 volúmenes. Es la Mancomunitat, movida por la idea-fuerza de que un país moderno debía tener una cultura de primer nivel. Es Prat de la Riba creando la Biblioteca de Catalunya y la Xarxa de Biblioteques Populars. Es el Noucentisme, obsesionado con que las calles y plazas de Catalunya tuvieran esculturas de escritores y poetas, y no de generales. Es Ventura Gassol, cuyo lema era “una escuela es una fortaleza” y que fue el responsable de crear el Museu d’Art de Catalunya y de idear un posterior Arxiu Nacional de Catalunya. Es Jordi Pujol, que concluyó el Arxiu Nacional y creó el Teatre Nacional y el Auditori. Y fueron ambos, Gassol y Pujol, quienes salvaron los murales de Sijena: Gassol envió una expedición urgente para recuperar los que estaban indemnes del incendio del monasterio y Pujol ordenó la tarea de restauración científica de los murales que estaban en una situación muy precaria.

Del lema de Prat de la Riba —"una nación culta"— al lema de Macià —"una nación de ciudadanos cultos"—, la cultura ha formado parte del núcleo duro de la lucha política

Del lema de Prat de la Riba —"una nación culta"— al lema de Macià —"una nación de ciudadanos cultos"—, la cultura ha formado parte del núcleo duro de la lucha política; totalmente imbricados los derechos nacionales con la reivindicación cultural. No se entiende, por ejemplo, la resistencia política contra Franco sin la resistencia cultural catalana: la creación de Òmnium Cultural, el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes, el Sant Jordi, el Prudenci Bertrana, la revista Serra d’Or de la Abadía de Montserrat. En definitiva, la frase mítica de Salvador Espriu: “Hemos vivido para salvaros las palabras, / para devolveros el nombre de cada cosa”.

Está tan fusionada la defensa de la nación catalana con la defensa de la cultura catalana, siempre planteada en términos de rigor y universalidad, que no entender este maridaje profundo es no entender nada de lo que significa defender Catalunya. Por eso es tan significativa la frase de Gabriel Rufián: no solo por la inconsistencia de un pensamiento simplista circunscrito a los 280 caracteres de X, sino por cómo se aleja del sentido de la nación catalana. Lo dijo Jordi Pujol, y resume toda nuestra lucha histórica: “Un país es su cultura, y si esta se pierde, el país desaparece”. Está claro que ahora Rufián está por la labor de salvar España. Lo de Catalunya le queda lejos.