Cuando creías que la sociedad —después del 1 de octubre de 2017— ya había tocado fondo, va y aparecen los therians y los transages. Queridos lectores, no pretendo asustaros, pero la humanidad se va al traste. Ya llegamos tarde para enderezarla. A algunos los ha pillado en bragas; al resto, no, porque ya hacía años que veíamos venir este declive intelectual de la humanidad. Hace demasiados años que las políticas woke-bonistas se han apoderado del panorama político y que meten la pata día sí, día también. Hemos perdido toda una generación, y las siguientes si no ponemos freno a todo este despropósito. Están más colgados que Tarzán en un columpio. Están como una regadera. Les falta un tornillo. Y todo gracias a estas políticas bonistas, que nos han pasado y nos pasan factura (literalmente, porque se están enriqueciendo con todo este caos). Tarde o temprano tenía que pasar: los totis, las personas con útero y el alumnado no podían acabar bien de ninguna manera. No hacía falta ser muy listo para intuirlo: se empieza con un totis y se acaba siendo un pastor belga malinois o un zorro rojo.
Se empieza con un totis y se acaba siendo un pastor belga malinois o un zorro rojo
Supongo que muchos de vosotros ya debéis saber qué son los therians, básicamente porque los medios de comunicación catalanes se hacían eco de ello la semana pasada a raíz del encuentro que se organizó en Barcelona, donde, como era de esperar, los participantes acabaron como perros y gatos con algunos curiosos que fueron a espiarlos. Para los que aún no lo sabéis, el término therian proviene de therianthropy (‘teriantropía’), una palabra de origen griego que está compuesta por el vocablo therion (‘bestia o animal salvaje’) y el vocablo anthropos (‘humano’). Es decir: animal-hombre. Que no quiere decir que sean hombres muy animales (que de estos siempre ha habido), sino que son personas que se identifican psicológica, emocional o espiritualmente, de manera parcial o total, con un animal. Dicho de otra manera, que un día puedes salir a pasear tranquilamente y encontrarte a un individuo encima de un árbol piando y gorjeando porque se cree que es un jilguero, o al lado de un árbol orinando con la pata levantada porque se cree que es un labrador retriever, o que te arañe y te bufe porque se cree que es un gato y que lo quieres atacar.
Estos individuos, por un lado, ahora centrémonos en los transages, que no tienen nada que envidiar a los therians. La palabra transage está formada por el prefijo latino trans- ('detrás de, al otro lado de' o 'a través de') y por la palabra inglesa age (edad). Son “personas” que no se identifican con la edad que tienen; que sienten que su edad "real" o "interna" (intra-age) es diferente de su edad física o legal (chrono-age). Así que te puedes encontrar a un hombre de sesenta años en pañales y con un chupete en la boca llorando en una cuna de dos metros de largo o un bebé con barba y un puro en la boca jugando a póquer con dos perros y un canario (therians, obviamente). Un poco como lo que pasa en las escuelas públicas actualmente, que en vez de estudiar se pasan el día de excursión o hablando de cómo hormonar a un niño de ocho años para que se pueda cambiar de sexo (porque todo el mundo sabe que un niño de ocho años ya es un adulto con las ideas claras para decidir si quiere tener pene o vagina, pero, en cambio, no es lo suficientemente maduro para suspender un examen —mejor ponerle un emoticono de una zanahoria triste y hacerle un discurso sobre la inclusión y abrazar un par de árboles, o dejarle pasar curso y que los profesores universitarios, si es que llega a la universidad, se encarguen de enseñarle lo que durante diez años no le ha enseñado nadie—). Nos ha quedado una sociedad muy coherente. Y recordad que esta gente son o serán médicos, políticos, psicólogos, albañiles, arquitectos, cocineros...; con las consecuencias que esto tiene o tendrá para todos nosotros. Estoy intrigada por ver qué será lo siguiente… Estaría bien que se creara una comunidad de adultos que quieren ser adultos y actuar como tales. A ver si tenemos suerte y vuelve la coherencia.
