5 años después, vuelven las elecciones europeas. Los políticos volverán a explicarnos por qué nuestra voz tiene que estar mejor representada en las instituciones europeas argumentando que las directivas europeas tienen un impacto directo en nuestra vida diaria. Un discursito bastante previsible y, a la vista de la participación ciudadana de los últimos años, poco efectivo.
En nuestro país, sin embargo, como hace un lustro, un sector del soberanismo catalán plantea nuevamente un debate interesante: ¿hay que presentar una sola lista a las elecciones al Parlamento Europeo? El espacio postconvergente apuesta preferentemente por esta vía, consciente de que su reconstrucción interna no concluirá antes de mayo del 2019. Su apuesta por esta fórmula, sin embargo, es defendida con argumentos de unidad, como cuando el año 2015 CiU se presentó conjuntamente a las municipales para romper la federación pocos meses después.
Pienso que, para cualquier elección, presentar una única lista desposee al soberanismo de su condición de movimiento. En cambio, la diversidad de listas permite desplegar una estrategia donde se ocupen todos los espacios electorales disponibles; en el eje izquierda-derecha y en las diferentes estrategias independentistas que han aflorado durante el último año.
En primer lugar, hay que recordar que la idea de concentración, como la de frente nacional o la de cinturón sanitario, surge en un contexto de debilidad y de necesidad de movilización. El soberanismo, en plena etapa de reconfiguración interna y de definición de estrategias a largo plazo, necesita el matiz partidario más que la uniformidad que esconda debilidades internas. Y, precisamente, necesita esta diversidad para llegar a nuevos votantes. Dicho de otra manera, aquellos votantes que apoyan la independencia pero que no harían de esta reivindicación su principal bandera se inclinarán con más facilidad por una de las listas soberanistas que por una lista de unidad. En cambio, el voto del independentista convencido no se perderá en ningún caso, porque en un escenario de más de una lista este simplemente escogerá su opción preferida.
¿Hay que presentar una sola lista a las elecciones al Parlamento Europeo?
En segundo lugar, configurar un frente siempre hace crecer las opciones del adversario, ya que dibuja claramente a dos bandos en vez de cuatro ejes. Ciudadanos es especialista en aprovecharse de la unidad independentista; movilizando a su electorado por motivos nacionales y dejando de lado la agenda social. Las elecciones europeas de este año 2019 coinciden, además, con las elecciones municipales. No parece buena idea ultramovilizar al adversario político ante un escenario donde podrían arañar no sólo sillas en Estrasburgo sino también alcaldías en nuestro país.
Un factor muy relevante para rechazar una única lista a las elecciones en el Parlamento Europeo es el papel de los partidos catalanes en el seno de los partidos políticos europeos. La reciente expulsión de los Liberales europeos del PDeCAT es una mala noticia para el soberanismo, pero tendría que ir acompañada de una estrategia para dotar al espacio postconvergente de una familia política europea. La elección idónea, a mi parecer, sería el Partido Demócrata Europeo, que la pasada legislatura obtuvo 14 eurodiputados y que formó grupo conjuntamente con los liberales de ALDE. Los neoconvergentes harían, en este caso, un viaje similar al que hizo al PNV después de que el PP de Aznar consiguiera su expulsión de los populares europeos.
En el seno del Partido Demócrata Europeo el espacio postconvergente podría hacerse fuerte y dominar su estructura (parlamentaria y partidaria) sin muchas complejidades. Sin duda, la reedición de un pacto entre los jeltzales del PNV y el centroderecha independentista favorecería esta posibilidad de cara a la próxima legislatura europea. Hace falta que los soberanistas catalanes ocupen todos los espacios, lo más plurales posible, y que compartan estructuras con fuerzas del máximo de países posible. Sólo así pueden crecer las complicidades con el independentismo catalán.
En cuarto lugar, las elecciones europeas son un tipo de elección bastante experimental, donde los sentimientos negativos a menudo se imponen a la racionalidad de un programa político. El año 2014 en Francia ganó el Frente Nacional y en el Reino Unido el UKIP. Por lo tanto, parece que hace falta ofrecer al elector incentivos extras (y discursos un poco más complejos) para representar este malestar social. Una única lista simplemente sería vista como el enésimo intento independentista de reafirmar su mensaje, después de meses de reyertas internas recogidas con luz y taquígrafos por los medios de comunicación.
La diversidad de listas permite desplegar una estrategia donde se ocupen todos los espacios electorales disponibles
Por último, la verdadera valía de la presencia independentista en la Eurocámara reside en su participación en el proyecto europeo y en su capacidad de explicar el mensaje político soberanista. Ahora bien, la aritmética siempre será insuficiente, ya que lo verdaderamente estratégico son los apoyos de actores terceros con impacto internacional. La nómina de eurodiputados o eurodiputadas soberanistas tiene que ser relevante, pero donde verdaderamente se da la batalla es en el seno de los grupos parlamentarios y de los aliados europeos.
En conclusión, la unidad puntual no es un valor definitivo en las elecciones europeas. En cambio, por separado se puede ofrecer una imagen de potencia coordinada e ideológicamente diversa como la que se ha ofrecido durante la pasada legislatura, donde por primera vez se ha constituido una plataforma de solidaridad con Catalunya y donde los eurodiputados de ERC y el del PDeCAT han desarrollado un trabajo conjunto en temas nacionales.
La manera más efectiva de sumar en Europa es presentarse por separado, cultivando las coaliciones políticas que históricamente han acompañado el soberanismo en Europa. Las alianzas con Bildu y BNG, por ejemplo, han ayudado a tejer alianzas en el seno de la Izquierda Unida Europea, un grupo parlamentario donde no hay ningún eurodiputado catalán. La diversidad es, por lo tanto, la suma más eficaz y eficiente en el contexto de las elecciones del 2019.
Silvio Falcón es politólogo y profesor asociado de Ciencia Política a la UB