Ni la derecha española quiere los indultos, y ni por asomo los quiere el tribunal sentenciador. Los indultos tendrán lugar, rodeados de polémica, con una profunda grieta entre la derecha y la izquierda españolas. Y todavía dentro de esta última con división de opiniones.

Hay aquella máxima que reza divide y vencerás. Pues es obvio que la cuestión de los indultos ha roto el bloque constitucionalista entre partidarios y feroces detractores. Claro está que también ha provocado opiniones de todo signo y pelaje dentro del independentismo. Una clara mayoría, a favor, ni que sea con la boca pequeña. Y una minoría que abierta o implícitamente los acoge con desdén o extendiendo la sospecha a diestro y siniestro.

Para la estrategia del cuanto peor, mejor, los indultos molestan más que servicio. Para los que defienden el cuanto mejor, mejor, los indultos sirven más que molestan. El problema del cuanto peor, mejor es que no ofrece ningún tipo de alternativa plausible que no sean maximalismos que ni están cerca ni se sabe cómo materializar. "Obriu les presons" fue el clamor de la impotencia. Y en el peor de los casos un arma arrojadiza de desgaste político que, por muy inverosímil que fuera, se pronunciaba con absoluta frivolidad. Incluso desde las filas del mismo partido que ostentaba la presidencia en un ejercicio rocambolesco de atribución de responsabilidades para encañonar a la consellera republicana Ester Capella, titular de Justicia. No hay que decir que nada parecido ni se ha dicho ni se ha exigido ahora que la responsabilidad directa en la gestión de prisiones ha pasado a otras manos.

Es inimaginable pensar que si el Gobierno indultara a los chicos de Altsasu, la izquierda abertzale reaccionara en contra. ¿Quién no tendría que estar contento con que estos chicos volvieran a casa? Durante muchos años, y todavía ahora, la izquierda abertzale exigía acabar con la dispersión de los presos. Es decir, acabar con una política penitenciaria que hacía que los presos vascos estuvieran dispersados por toda España, incluidas las Canarias. "Euskal presoak, euskal herrira" decían. Es decir, los presos vascos, al País Vasco. Campaña que era compatible con el ''Presoak kalera, amnistia osoa". Presos en la calle, amnistía total. Hoy, cada acercamiento de un preso vasco es recibido con alegría por los familiares, por los amigos y por el conjunto de la izquierda abertzale. ¿Qué no dirían si fueran indultados todos de una tacada? ¿Resolvería eso el contencioso vasco? Evidentemente que no. ¿Preferirían una amnistía general? Sin duda. Pero tocan de pies en el suelo. Y saben que a corto plazo es inviable.

Después de años y años en el cuanto peor, mejor, la izquierda abertzale hizo un cambio de rumbo, de estrategia, que ha servido para maximizar su apoyo electoral pero también para ir excarcelando presos, con un goteo constante, y para ir acercando progresivamente al colectivo a prisiones vascas. Y es obvio que ahora, cuando el Gobierno vasco asuma las competencias en prisiones, se aplicarán todos cuyos beneficios penitenciarios de los que hasta ahora han sido privados la inmensa mayoría. Desde permisos de trabajo a terceros grados, a la vez que se acabará con la doble pena impuesta a los familiares que tenían que recorrer hasta mil kilómetros para ir a ver sus seres amados, hasta llegar al extremo que se han sucedido las muertes en carretera, acentuando el sufrimiento y el dolor.

Los indultos son una modesta victoria del independentismo frente la represión y el autoritarismo. Y una alegría. No resuelven la situación de los exiliados, ni de todos aquellos millares de personas que esperan un proceso penal, ni la extorsión económica, ni la situación de dependencia del país. Ni siquiera resuelven la situación de Raül Romeva que vive pendiente de un segundo proceso penal además de la amenaza del Tribunal de Cuentas. Pero permitirá que más de medio Gobierno del 1 de Octubre pueda volver a casa y pisar la calle después de cerca de cuatro años. Y si esta no es una buena noticia se hace difícil de decir cuál de tangible lo puede ser y cuál la alternativa. Ni una flor significa que sea verano, ni dos primavera republicana. Pero en este largo camino, todo paso más es un paso adelante.

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