Anteayer, en el Parlament, Salvador Illa intentó salir del atolladero como pudo. Justificó haberse cargado el PSC de Ripoll porque ni su gobierno ni los socialistas, subrayó, no deben acordar nunca nada, ni por activa ni por pasiva, con los que hacen discursos de odio y se alinean con “Netanyahu, Trump, Orbán o Alternativa por Alemania". Pero, ¿qué tienen que ver, por ejemplo, los bombardeos en el sur del Líbano con Ripoll? Resulta que, como a estas alturas ya sabe toda Catalunya y toda España, los dos concejales que tenía el PSC en Ripoll, Enric Pérez y Anna Belén Avilés, han sido despedidos de mala manera por haberse abstenido en la votación sobre los presupuestos de Ripoll. Los motivos de Pérez y Avilés son claros y, a mi entender, razonables. Si se hubieran tumbado los presupuestos de Ripoll, la alcaldesa, Orriols, habría presentado una cuestión de confianza para poder sacarlos adelante. Como la oposición no dispone de un candidato alternativo de consenso, los presupuestos finalmente hubieran seguido su curso.

Lo que motivó a los dos concejales socialistas a abstenerse no es una hipótesis. Es que el año pasado ya sucedió. El rechazo a los presupuestos llevó a una cuestión de confianza y después a la luz verde a los presupuestos del Ayuntamiento. La victoria de Orriols el año pasado fue doble: no solo pudo disponer de presupuestos, sino que logró unos días y semanas de atención mediática gratis, mientras que la oposición hacía el paripé y daban todos la impresión de ser una panda de chapuceros. Para evitar que se reprodujera este año el espectáculo, los socialistas Pérez y Avilés simplemente se abstuvieron —no acordaron nada—, dejando así que los presupuestos se aprobaran. Hay que decir que, si no lo hubieran hecho ellos, todo indica que habría sido ERC quien hubiera votado abstención. Los dos concejales despedidos hicieron aplicar una ley fundamental en política: la ley del mal menor. O lo que Max Weber llamó “la ética de la responsabilidad”, es decir, tomar decisiones atendiendo a las consecuencias de dichas decisiones. No quisieron dar nuevamente semanas de protagonismo a Orriols ni que los presupuestos de su ciudad —es a Ripoll y a los ripolleses a quienes tienen el deber de servir— quedaran empantanados durante semanas, con los problemas y perjuicios que esto conlleva. Cuando trascendió que se habían abstenido, dicho así, sin más explicaciones, se produjeron enseguida grandes alaridos demagógicos, grandes rasgaduras de vestiduras, amplificadas por las redes.

Además de atención mediática, además de los presupuestos, Aliança Catalana ha visto cómo un grupo de la oposición saltaba por los aires

Total, que Salvador Illa despidió a los dos pobres concejales. Optó por la patada en el culo. Por tirar a sus correligionarios ripolleses por la ventana. ¿Por qué? ¿Es que no comprenden las razones de los dos concejales? Claro que las comprenden. Y también comprenden perfectamente que la política municipal siempre, siempre, tiene una historia y unas razones y unas pasiones específicas, que son distintas en cada pueblo y ciudad. Ya sea en Ripoll, en Masquefa, en El Vendrell o en Camprodon. Illa y el PSC podrían haber optado por apoyar a sus concejales de Ripoll y explicar por qué habían actuado como lo hicieron. Cualquier persona con dos dedos de frente puede entender, si se le explica, la abstención socialista en los presupuestos. Pero no. Illa y el PSC no se vieron capaces de asumir la situación de Ripoll y explicar a la gente las cosas tal como son. Concluyeron que, fuera de Ripoll, nadie sería capaz de entenderlo. Llegaron a la conclusión de que era demasiado complicado, lo que, obviamente, contiene un componente de menosprecio a la inteligencia y el entendimiento de los ciudadanos. Es como decir que la sociedad es demasiado corta. “Los tenemos que echar, la gente no lo entenderá, esto de Ripoll”, me imagino que sentenciaría alguien, dando la discusión por terminada. Entonces, empujados por el miedo a la erosión pública de la marca PSC, optaron por el teatro. La única vía posible. Es decir, renunciaron a la realidad de los hechos y empezaron a actuar, a interpretar. Lo primero fue despedir a los pobres Pérez y Avilés. Después, blandir —fingiendo una enorme indignación— unas supuestas convicciones político-morales que dictarían que es pecado mortal abstenerse sobre los presupuestos de Ripoll. Finalmente, llegaría el intento de justificación (?) de Salvador Illa, sacando a colación a Netanyahu, Trump, Orbán y Alternativa por Alemania.

Si hace un año votar en contra de los presupuestos fue una equivocación, el PSC ha conseguido, y mira que era difícil, hacerlo aún peor este año. Superarse. Hacer un pan como unas hostias, vaya. Además de atención mediática, además de los presupuestos, Aliança Catalana ha visto cómo un grupo de la oposición saltaba por los aires. Sílvia Orriols solo tenía que rematar, como ha hecho por tierra, mar y aire. La alcaldesa ha dado las gracias irónicamente a Salvador Illa y al PSC "por los presupuestos, pero sobre todo por haber desarticulado el PSC en Ripoll". Constatando: “Esto ha sido una jugada maestra sin precedentes”.