Un modest es un café solo y corto. Un espresso o un ristretto, en boca de los italianos. Los amigos del capellán e intelectual Modest Prats i Domingo (1936-2014) compartieron muchos, tanto en Roma, adonde se llevaba a sus amigos a pasar un día cuando se estrenó el vuelo directo desde el aeropuerto de Girona, o en el bar Neptú. No es necesario añadirle leche ni ningún licor, porque el aroma del buen café es el adecuado. Con él tampoco hacían falta suplementos: una buena dosis de Modest era más que suficiente para activarte, para hacerte pensar. Modest Prats era una licuadora intelectual, un auténtico monstruo hecho de cultura, fe y sentido del humor. Una tríada no siempre a disposición.
Hoy hace doce años que murió este defensor y protector de la lengua catalana, de una manera de hacer Iglesia y de un modo de entender la política, como capacidad para hacer cosas y para ser útil. Fue el 29 de marzo de 2014 el día en que murió el filólogo y capellán de la diócesis de Girona, Modest Prats, y nos quedamos empobrecidos de su palabra, de la que era un orfebre cuidadoso y perseverante.
Modest Prats es uno de esos hombres que se merecen un busto, como el padre Miquel Batllori, y quien dice busto dice plazas, placas o recuerdos. Gente que ha pensado esta tierra, que ha edificado con ramificaciones clásicas quiénes somos, de dónde venimos. Y que se han preocupado seriamente de adónde vamos. La formación en el Seminario, los estudios por universidades de prestigio europeas y el conocimiento profundo de la literatura y la historia, bordadas con el hilo de la filosofía y la teología, fueron las muletas para que Modest Prats transitara casi ochenta años entre nosotros. Modest vivió sin padre (lo fusilaron cuando él tenía tres meses) y la figura de la madre fue capital para este sacerdote erudito y socarrón, de porte de príncipe renacentista y de carácter contundente. Modest Prats tenía autoridad, y amaba tanto nuestra lengua catalana que sufría por su extinción.
Modest estaba convencido de que la lengua no es una reliquia: "Una lengua que no se use en situaciones normales, no sobrevive"
Su formación como filólogo y teólogo se completó con estudios en Roma (Universidad Pontificia Lateranense) y París (Instituto Católico de París). Podía recitar en latín, y tenía una oratoria envidiable.
Modest Prats era un referente y, ahora que no está, su voz resuena y nos orienta todavía como una advertencia perenne. Modest estaba convencido de que la lengua no es una reliquia: "Una lengua que no se use en situaciones normales, no sobrevive", advirtió. Le sabía mal que la gente no amara la lectura, y se lamentaba de la falta de conciencia del catalán como lengua minoritaria y amenazada hasta el peligro real de la extinción. Celebremos la existencia de personajes como Modest Prats, figuras que la cultura catalana ha regalado al mundo. Leeremos hoy el periódico con él, y con un modest. Un espresso corto. Intenso. Y bueno.
