En su trabajo Convergència amb els frugals i dèficit fiscal publicado por la Cambra de Comerç, Joan Ramon Rovira se pregunta, como decíamos ayer, si la eliminación del déficit fiscal crónico que registra la economía catalana nos acercaría a unas economías pequeñas de nivel relativamente parecido a la catalana, como son Austria y Dinamarca. El análisis se centra en el impacto del déficit sobre 1) el nivel productivo (representado por el PIB por habitante) y 2) el nivel de bienestar de la población (representado por la suma del consumo privado y público por habitante).

Empecemos por la incidencia sobre el PIB. Eliminar un déficit fiscal (equivalente al 8% del PIB catalán, 16.000 millones de euros anuales en los últimos años), no incidiría en el corto plazo sobre el PIB por habitante porque el déficit no lo determina, sino que es un uso del PIB que se ha producido. De hecho, el PIB lo podemos destinar a consumir (a través de las familias o a través de servicios públicos) o a fines diferentes del consumo, como por ejemplo hacer inversiones (que generarán PIB en el futuro) o bien transferir una parte al exterior de nuestra economía. Precisamente, en el caso catalán una de las vías de transferencia al exterior es el déficit fiscal con el estado español, dinero generado aquí pero que se queda allí. Así pues, el déficit fiscal no reduce el PIB, se detrae del PIB una vez este ha sido producido.

Lo anterior no quiere decir que en el medio y largo plazo la eliminación del déficit fiscal no pueda incidir sobre la actividad productiva. Lo haría de manera indirecta. Por ejemplo: a través de la mayor actividad derivada de un consumo superior por parte de las familias que dispondrían de más nivel de renta; a través de un mayor gasto público en educación, en sanidad, etc.; a través de una posible reducción de impuestos sobre la actividad productiva; a través de una mayor inversión productiva pública (más infraestructuras, mejor formación, más I+D), etcétera.

Para equipararse con Austria, Catalunya tendría que invertir anualmente todo el déficit fiscal, y eso haría converger con los frugales

Donde la eliminación del déficit fiscal tendría una incidencia directa y en el corto plazo es en el consumo, en el bienestar de la población catalana. Se produciría un desplazamiento hacia arriba de la curva de consumo por habitante, de manera permanente, independientemente del ritmo de crecimiento del consumo por habitante. Un salto cuantitativo de 16.000 millones anuales acercaría el consumo per cápita catalán al austríaco y al danés. ¿Hasta qué punto, según Rovira? Comparémoslo con la situación con déficit fiscal: en el horizonte del 2040 la proyección del consumo por habitante de Catalunya con el déficit fiscal actual nos situaría un 22-23% por debajo; eliminando el déficit fiscal esta desventaja se reduciría a menos de la mitad. Lo cual no sería indoloro para el resto del Estado: su consumo por habitante comparado con el catalán pasaría a ser un 10% inferior actualmente (2019) a un 20% inferior en el 2040.

Rovira hace a continuación dos ejercicios que él mismo califica de exploratorios o preliminares sobre el impacto de una hipotética supresión del déficit fiscal (lo que llama "dividendo fiscal") en la producción de la economía catalana a largo plazo y su convergencia hacia los niveles de Austria y Dinamarca. Todo debidamente formalizado, discute cómo la disposición de estos más recursos podría incidir sobre la inversión productiva privada y sobre el aumento de la inversión pública como determinantes del progreso técnico. Este factor, el progreso técnico, sería el auténtico motor de la convergencia hacia los frugales, más que no el grado de frugalidad que alcanzara la economía catalana, afirma.

Uno de los vehículos para conseguir un mayor progreso técnico es la calidad del marco institucional de los países, y en este caso en Austria y Dinamarca es de nivel alto; otro vehículo acelerador del progreso técnico es el gasto en determinados ámbitos, como la I+D, la educación y la inversión pública. Aquí Catalunya presenta unos niveles muy distanciados de los frugales. Como muestra, el autor coge datos del 2017, donde se ve que Catalunya invierte por habitante en los conceptos indicados menos de la mitad de lo que lo hace Austria y una tercera parte de Dinamarca. Para equipararse con Austria, Catalunya tendría que invertir anualmente todo el déficit fiscal, y eso haría converger con los frugales.

Al fin y al cabo, el trabajo de Joan Ramon Rovira viene a añadirse a los numerosos y rigurosos estudios relacionados con el problema del déficit fiscal catalán y sus consecuencias, a pesar de los negacionistas y los que esconden la cabeza bajo el ala para no verlo. Casualidades de los tiempos, la semana pasada un grupo de economistas de trayectorias muy distintas, autollamado Economistes pel benestar, publicó un informe titulado Com millorar la qualitat de vida dels ciutadans de Catalunya, bajo la hipótesis de eliminar, no todo el déficit fiscal, sino de reducirlo en poco más de la mitad. Y casualidades de la vida, en su trabajo Rovira coge como frugales dos países que, en el 2013, Cuadras, Puig y yo mismo utilizamos como título del libro Com Àustria o Dinamarca. La Catalunya possible.  

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