Si la reunión de las primeras espadas mundiales en Riad (Arabia Saudí) tenía entre sus principales objetivos propiciar la recuperación global, las vacunas han sido las grandes protagonistas de la cumbre. El anuncio de Pfizer-BioNtech de que la eficacia en los últimos ensayos clínicos era del 95%, quedando Moderna, la segunda en la gran aventura, con 94,5%, muy por encima de las exigencias de las autoridades de la salud norteamericana, condujo a ambos a solicitar la urgente aprobación de sus preparados.

El mercado empezó a pensar en una economía mundial que funcione con normalidad en vez de la alternancia entre períodos de fuertes restricciones sanitarias con periodos de relajación manteniendo la incertidumbre de las empresas sobre el entorno económico, lo que ha tenido consecuencias muy graves. Los inventores de la fórmula de BioNtech anticiparon un invierno duro pero adelantaron que a mediados de 2021 "todo volverá a ser como antes". 

Los bancos centrales se han mostrado cautos. Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, dijo que es demasiado pronto para decir cómo unas vacunas podrían influir en el ámbito económico. Chistine Lagarde, presidenta del BCE, previno de que la recuperación será "inestable".

Los mercados, que soportan menos el peso de la realidad inmediata, empezaron a posicionarse con compras aludiendo al medio plazo y a la mejora de las expectativas. El Wall Street Journal medió en la polémica indicando que "una vacuna Covid-19 impulsará la economía mundial, pero no de una vez". En cualquier caso, se ha aceptado que la política sanitaria es una política económica y, en tanto que tal, se encuentra bajo la ley de la competencia. Por tal motivo, Pekín anunció que un millón de chinos están experimentando vacunas de Sinopharm.

Y, de las mismas, coincidiendo con el G-20, China obtuvo el domingo 15 de noviembre una victoria cuando 15 naciones de Asia y el Pacífico firmaron el mayor pacto de libre comercio a través de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP en las siglas inglesas) tras ocho años de negociaciones. El acuerdo excluye a EE.UU., extendiendo el dominio chino en la región y dando alas al siglo asiático. 

Para expertos de Singapur, "deberíamos ver el pacto como la base para futuras conversaciones. El consenso final requiere el acuerdo en sus respectivos parlamentos nacionales. Incluso si no hay obstáculos, la fecha de inicio más probable sería el 1 de enero de 2022". Universidades americanas (de Washington y Boston) mostraron que el acuerdo agregará 186.000 millones de dólares a la economía mundial y un 0,2% del PIB de los países participantes. Pero el carácter simbólico se juzga muy alto. 

El recelo frente a China y a su política de crear vasallos se muestra especialmente en Australia, Malasia y Tailandia, países a los que Nick Marro, miembro de Economist Intelligence Unit, agregó a Corea del Sur y Japón ("con relaciones inestables durante los últimos años"). India quedó fuera por iniciativa propia en noviembre de 2019.

Encuestas realizadas entre 20.000 personas en Europa en 13 países revelan que la reputación de China ha empeorado en su gestión de la epidemia y su diplomacia agresiva

Frente a estas dudas, Stuart Tait, director regional de Asia Pacífico en HSBC, afirmó que "el RCEP puede resultar el tónico que Asia necesita para recuperarse de la depresión inducida por la pandemia". "El comercio intrasiático, que ya es mayor que el comercio de Asia y América del Norte y Europa combinados, continuará impulsando el crecimiento económico mundial y atrayendo el centro de gravedad económico hacia Asia", agregó.

Respecto a Europa, el presidente Xi Jinping se mostró contrario ante las demandas europeas de acceso al mercado chino y respondió con dureza a las críticas de la UE respecto a los derechos humanos. 

Encuestas realizadas entre 20.000 personas en Europa en 13 países revelan que la reputación de China ha empeorado en su gestión de la epidemia y su diplomacia agresiva, conocida como la del "guerrero lobo". Noah Barkin, un especialista del binomio UE-China, dijo que "el enfoque sobre lo que ocurre en Hong Kong y en Xinjiang muestra que los valores tienen un papel cada vez más importante". 

Desde Nueva York, el maestro mundial de la diplomacia, Henry Kissinger, ha subrayado que Europa y EE.UU. deben encontrar una postura común sobre las relaciones chino-estadounidenses". En lo que respecta al equilibrio global, "sería indeseable que Europa se transforme en una especie de continuación de Eurasia". 

Sumando cuestiones como el aplazamiento de las deudas de los países pobres y la intervención de Trump sobre el respeto a las fronteras, el encuentro de Riad ha supuesto un acontecimiento donde abordar e invitar a tratar cuestiones sobre las que puede girar el mundo en rápidas e imprevistas transformaciones.

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