La diputada del PSC Eva Granados ha abierto un debate muy interesante sobre cómo tienen que ser las relaciones entre clase política y clase ciudadana y, sobre todo, sobre cuál de las dos clases tiene que decidir cómo se solucionan los conflictos sobre los grandes temas.

Preguntada en el programa Catalunya Nit de Catalunya Ràdio sobre la posibilidad de celebrar un referéndum, dijo que "mientras gobierne el PSOE" es imposible. ¿Por qué? "No tiene que ser la ciudadanía quien dirima una cuestión tan importante como la autodeterminación". Esto ha generado una discusión que ella ha derivado hacia el referéndum sobre el Brexit. Lo resumió en un tuit: "Ante una cuestión que divide a la sociedad, los ciudadanos tienen que encontrar el acuerdo a través de sus políticos y no de un referéndum que, como se ha visto en el Brexit, consolida la división y no soluciona nada".

O sea, Granados defiende que cuando hay un tema polémico que genera dos opiniones enfrentadas, no tiene que ser la sociedad quien lo resuelva dando su opinión. No, tienen que ser los políticos quienes acuerden una salida "equidistante" en la cual, se supone, ni todo el mundo lo gane todo ni todo el mundo lo pierda todo. Insisto, lo encuentro un debate muy interesante porque plantea un "usted calle, que ya me ocupo yo que sé de qué va" frente a un "usted decida y yo le doy forma a la decisión y se la gestiono".

Pero hay un segundo piso de debate, todavía más interesante. Granados propone solucionar los conflictos con el acuerdo entre políticos basado en el "ni tú ni yo" y en el "yo cedo por aquí y tú por allí", pero llega después de negar cualquier posibilidad de hacer un referéndum para que los catalanes decidan cómo quieren relacionarse con España.

Dicho de otra manera, la señora Granados considera que la clase política tiene que solucionar los conflictos importantes porque si lo hace la gente entonces todo se estropea, pero cuando llegamos al primer tema a solucionar ella viene con un no rotundo e inamovible bajo el brazo que imposibilita ninguna equidistancia.

¿Esta es la propuesta? ¿Un consenso (acuerdo, pacto, o como le queramos llamar) entre el sí y el no donde sólo vale el no?

¿Oiga, y el sí? O el psse... O el mera... (donde la "e" es como una "i" arrastrada).

Si juntamos las dos reflexiones de la señora Granados nos sale la fórmula de la coca-cola atómica: no tiene que ser la ciudadanía quien dirima una cuestión tan importante como la autodeterminación porque divide a la sociedad y, por lo tanto, los ciudadanos tienen que encontrar el acuerdo a través de sus políticos... que no podrán acordar nada porque una de las dos partes no piensan moverse del no. Y si no pueden acordar, quiere decir que una de las dos partes impondrá. Y si impone, la sociedad seguirá dividida. Infinitamente. 

Si, como yo, usted no ha entendido mucho el sentido de la aportación-reflexión, quizás nos ayudará otra frase de la señora Granados que llega en forma de comodín del público: "Lo que necesita Catalunya es reconciliación". Efectivamente, no como España, una armonía cósmica donde van repitiendo elecciones, donde el Congreso de los Diputados es una trinchera irreconciliable con una extrema derecha que vive anclada en la guerra civil y donde las autollamadas izquierdas se disparan a matar. Allí no hace falta ninguna reconciliación, no. Y allí ante una cuestión que divide a la sociedad, los ciudadanos también encontrarán el acuerdo a través de sus políticos, sí.

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