Dos de noviembre del 2005. Representantes de una mayoría absolutísima de los partidos presentes en el Parlament de Catalunya asisten a un debate parlamentario en el Congreso de los Diputados donde presentan la reforma del Estatut. Horas antes, Òmnium organiza un acto en el Círculo de Bellas Artes y convoca a la sociedad civil de la capital. La España Plural presente fueron dos, Santiago Carrillo y su esposa. De los "intelectuales españoles megacomprometidos" no fue ni uno.

Caso Julian Assange o como los estados vulneran todas las leyes para destruir al disidente. Sobre todo cuando el disidente los desnuda. WikiLeaks hizo jaque al sistema durante un tiempo. El suficiente para encender la llama de las llamadas "Primaveras Árabes" y para extender por la opinión pública de occidente la verdad de lo que sus dirigentes hacían en la guerra del Iraq. Pero, como diría el filósofo Josep Lluís Núñez "eso no se podía permitir". El sistema reaccionó y Assange empezó a tener problemas con la ley. Muchos de los que se lo habían creído, dieron por buenas las acusaciones y le retiraron el apoyo. Tiempo después, y viendo cómo funciona la justicia política en algunos lugares del planeta, a muchos de ellos les cayó la vena de los ojos. Assange era demasiada verdad en un mundo que se rige por el control de la información, que es el control del poder. Y el poder es más que Dios y no le hacen falta ni siete días para crear una realidad que te aparca para siempre en el olvido de una prisión. Y así fue como Assange, con sus virtudes y equivocaciones - que serían más o menos las de todo el mundo- se convirtió en un símbolo de libertad.

Hoy la justicia del Reino Unido tenía que decidir si accedía o no a la demanda de los EE.UU. de extraditarlo. La decisión ha sido que no. Por lo tanto, de momento se escapa de ser condenado a los 175 años de prisión que suman los delitos de los que lo acusan. Naturalmente, durante este tiempo los "intelectuales españoles megacomprometidos" nunca le han manifestado ningún apoyo. Ojo, y la mayoría de ellos (y de ellas) estuvieron en un "No a la guerra" donde "la guerra" era la del Iraq.

Y también hoy hemos sabido que una cincuentena de personalidades internacionales han firmado un manifiesto impulsado por Òmnium que reclama la amnistía para los presos políticos, los exiliados y todos los represaliados catalanes. Si mira la lista verá nombres como los de Ai Weiwei, Dilma Rousseff, Adolfo Pérez Esquivel, António Lobo Antunes, Colm Toibin, Gerry Adams o... Yoko Ono y Joan Baez. Y cuándo se haya mirado toda la lista volverá a comprobar que los "intelectuales españoles megacomprometidos", aquí tampoco están. Porque, como hace años que ya no están en ningún sitio, lo más normal es que hayan desaparecido para siempre. ¿Y sabe por qué?

Estuvieron toda la vida dándonos clases de superioridad moral. Y llegó el día en que tuvieron que decidir si mojarse, asumiendo un cierto riesgo personal consistente en que el Estado les pusiera una cruz roja de verdad, o mantener su estatus. Y dimitieron. Y su exquisitez intelectual quedó hecha añicos. Y todo el mundo vio que eran un fraude. Y se dieron cuenta de que lo mejor que podían hacer para salvar la poca dignidad que les quedaba era callar a la puta boca para siempre y dejar de dar a los otros unas lecciones que ellos nunca se atrevieron a aplicárselas. Y los pocos que después han abierto boca, justamente lo han hecho para alinearse con lo que denominaremos "Régimen del 78".

Carambolas, es que los vicios son muy caros y la vida muy larga. Tanto, que resulta que Yoko Ono es ahora mismo el dedo que nos señala qué es (y quien es) una intelectual comprometida de verdad.

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