Hay quien se toma el inicio de cada año nuevo para ponerse metas, objetivos a cumplir, y propósitos. En mi caso, esa sensación llega cada mes de septiembre, cuando el curso comienza.

Durante las próximas semanas, unos quince millones de personas en España, entre trabajadores y estudiantes, retomaremos nuestra actividad habitual. Un buen momento para introducir hábitos más saludables como rutina en nuestro día a día. Puede que sea algo de lo bueno que podamos mantener vivo de las merecidas vacaciones que ya se terminan. Hay algunas claves que nos han dado salud y bienestar en estos días de cambio de actividad, que nos interesaría mantenerlas activadas de forma consciente.

Los psicólogos especializados en formación de hábitos saludables señalan que las transiciones vitales son momentos privilegiados para poner en marcha nuevas rutinas. El regreso de las vacaciones es un “reseteo natural” que puede facilitar la introducción de comportamientos muy beneficiosos. Hay expertos que consideran que, precisamente tras habernos “desintoxicado” de las tecnologías en estos días de verano, es el momento adecuado para controlar mejor su uso (https://www.tucanaldesalud.com/es/voz-especialista/vacaciones-desconecta-rutina).

La Universidad de Texas en Austin ha confirmado en un estudio que mantenernos alejados de las nuevas tecnologías durante solamente dos semanas reporta un beneficio del 71% en salud mental y del 91% en, al menos, un área esencial de la vida (https://www.dw.com/es/estudio-algo-asombroso-que-ocurre-cuando-apagas-el-internet-de-tu-m%C3%B3vil/a-71731870). Unas mejorías que son evidentes en un corto periodo de tiempo, y que se mantienen, en el tiempo.

El cerebro necesita periodos sin estimulación digital para poder consolidar la memoria y poder procesar emociones de manera correcta

Durante las vacaciones es posible que hayamos podido leer un libro completo, mantener conversaciones más largas, observar el cielo sin prisa, escuchar los grillos y chicharras por la noche. Prestar atención de manera consciente a lo que sucede a nuestro alrededor. Los estudios realizados hasta ahora han demostrado que el cerebro necesita periodos sin estimulación digital para poder consolidar la memoria y poder procesar emociones de manera correcta. Los beneficios pueden llegar a ser tan significativos como llegar a revertir el daño equivalente de 10 años de deterioro cognitivo asociado a la edad.  

Si fuéramos capaces de mantenernos alejados de las pantallas una hora antes de dormir, estaríamos teniendo mejoras inmediatas en la calidad de nuestro sueño, lo que incide en nuestro descanso, estado de ánimo y, en definitiva, en salud. La exposición a la luz azul incide en la melatonina de manera muy negativa (https://onefocusapp.com/es/blog/efectos-de-la-luz-azul-en-la-produccion-de-melatonina-y-el-sueno/).

Mantener conversaciones sin prisa es otro de los elementos necesarios que no deberíamos olvidar en nuestro día a día. De persona a persona. Con el vecino, con el amigo, con la familia en la mesa. Es imprescindible que busquemos esos momentos y no queden solamente para las vacaciones: nos ayudan a activar redes neuronales, a liberar oxitocina, cosa que la comunicación digital no ha sido capaz de conseguir.

No hay que marcarse metas imposibles o que nos supongan un estrés añadido. Se trata de plantearnos pasos alcanzables, medibles, que nos van a reportar mejoras visibles. Por ejemplo, proteger los primeros y los últimos quince minutos de cada día.

Por la mañana, por ejemplo, al levantarnos, ser capaces de dedicar los primeros quince minutos del día a nuestro propio cuidado. Estiramientos, respiración, suave meditación, higiene, sin asomarse a la pantalla. Por la noche, lo mismo: leer, escribir, conversar o escuchar música son hábitos muy saludables que han quedado relegados por la pantalla.

Las comidas son otro espacio donde podemos prescindir de pantallas. Bien para conversar con otras personas, o simplemente para poner nuestra energía en lo que estamos haciendo. Pero de manera consciente y sin el estímulo externo que nos atrapa la atención. Está demostrado que comiendo de manera consciente se mejora la digestión y se reducen los niveles de cortisol.

Se trata de dominar los tiempos, y que no sean las notificaciones constantes las que atrapen tu atención. Para ello, es positivo ponerse un horario concreto para revisar el correo, los chats personales. A esta técnica se le denomina batching digital. Eliminas las notificaciones (salvo para cosas muy concretas que sí requieran de tu disposición o atención, como familiares o personas muy concretas o asuntos específicos), y te asomas a mirar en momentos concretos y predeterminados. Por ejemplo, revisar el correo al comenzar la jornada, y otra última vez al final de la jornada. Es importante marcarse un tiempo organizado, garantizando que se está al corriente de lo que sucede, sin caer atrapado constantemente cada vez que entre un nuevo mensaje. El cambio en la atención es un desgaste enorme y un generador de estrés silencioso. Como los mensajes personales. Se puede consultar la aplicación de mensajería de la misma manera: momentos puntuales para una revisión general, contestar a lo que sea urgente, y dejar aquello que requiera tener que prestar un rato más prolongado de atención (como grupos de colegio, o cuestiones similares) para la noche. Se puede destinar un tiempo determinado para revisar este tipo de cuestiones, pero controlando de antemano el tiempo límite para no quedar atrapado.

Se recomienda dedicar, por lo menos, una tarde o una mañana del fin de semana a actividades que estén absolutamente “fuera de línea”. Caminar por el campo, cocinar sin usar pantallas, leer en papel, hacer manualidades, pasear por la ciudad. Estos momentos son de vital importancia y cada vez los tenemos menos. Se trata de ser un poco radicales, dejando el móvil en casa, llegado el caso. Hemos sobrevivido hasta aquí sin ellos y deberíamos recuperar las sanas costumbres.

Ahora que comenzamos curso es un buen momento para intentar tener algunas de estas propuestas en cuenta. Caminar cuando sea posible, tomarnos algo más de tiempo para hacer las cosas de una manera más relajada y consciente. Priorizar nuestro descanso, nuestro cuidado emocional, nuestros vínculos personales.

Es posible tener esos retazos de calma, de felicidad y disfrute que nos brindan las vacaciones en nuestro día a día. Sobre todo cuando nos demos cuenta del tiempo que perdemos sin darnos cuenta por estímulos externos que nos condicionan de forma constante.