"Ella es una influencer, pero muy preparada (pues la palabra está denostada)". Así me presentaron, entre mis títulos universitarios y estudios internacionales, cuando me nombraron Mousquetaire de l’Armagnac la semana pasada. Yo tenía ganas de decir que sí, que soy una influencer, pero no solo del vino, sino también de los divorcios. Lo digo medio en broma, pero muy en serio. ¿Sabéis cuánta gente me ha escrito este mes para decirme que se ha separado? Supongo que —como yo hace unos cuatro años— muchos esperan a pasar las fiestas. Poco se habla de las últimas Navidades cuando sabes que serán las últimas. Incluso me llama gente con la que llevaba demasiados años sin hablar para contarme su separación. Y cuando no puedo dormir, empiezo a contar cuánta gente se ha separado después de mí… ¡Ya son más de una veintena!
Supongo que me lo cuentan porque nunca he escondido que mi divorcio no fue nada fácil. Seguramente, también porque nunca pregunto “por qué”. Flipo cuando la gente —sobre todo aquella con la que no tienes suficiente confianza— te pregunta por qué te has separado. Un día contestaré una tontería solo para que se den cuenta de lo banal de la pregunta. “No hay terceras personas”, dicen los famosos en sus comunicados. La verdad es que no te la explicarán, porque seguramente ni ellos mismos la saben. Igual que cuando alguien se muere: al final importa poco de qué ha muerto; el hecho es que está muerto. La gente se divorcia, entre muchas otras cosas, porque ya no hay amor. Porque se puede luchar contra casi todo, menos contra el desamor. O porque otras cosas pesan más. Con el gran amor de tu vida quizás es mejor no tener hijos, podría ser el titular. De los inventores de "¿por qué no tienes hijos?" llegan los que siguen preguntando "¿por qué os habéis separado?". Después están los que te dicen "felicidades". Creo que tampoco es necesario. Ni dar el pésame —a pesar de que aquella relación haya muerto, aunque las personas sigan vivas— ni simular una alegría desmesurada. Los que nos hemos separado sabemos que es uno de los períodos más dolorosos y complicados de nuestras vidas. Es curioso que algunas de las personas que más me juzgaban en ese momento en el que te sientes tan débil, ahora tampoco lo hacen mucho mejor. ¿Resentida? No. "Te dejo yo también a ti", como en la película Tres adioses de la Coixet. Lo contrario del amor no es el odio, es la indiferencia.
Los que nos hemos separado sabemos que es uno de los períodos más dolorosos y complicados de nuestras vidas
"Lo he intentado todo. Incluso la terapia que hemos hecho es la que me ha ayudado a decidirme", me dice una vieja amiga. No, no quiero ser influencer de divorcios, porque mi premisa es clara: si tu pareja no te cae tan y tan mal, quizás sea mejor no romperlo. Personalmente, habría hecho de todo para no tener que destruir la familia que tanto me costó construir. A veces, no es solo que no conocieras a esa persona como padre; quizás tampoco te conocías a ti misma como madre. Estoy cansada de los que me dicen que habría podido elegir a un mejor padre para mis hijos, sin escuchar que quizás la otra parte también haya tenido la suerte de encontrar a una madre responsable, valiente y multitasking. También hay que tener algo muy claro: si no lo cambia ni su madre, ¿cómo crees que lo harás tú?
Yo quiero ser tu sumiller de cabecera, pero creo que tengo claras las dos cosas que necesitas antes de divorciarte: una buena autoestima y un colchón económico para poder hacerlo. Sin eso, lanzarse puede ser aún más peligroso. No todo el mundo sale en el mismo sitio en esta carrera. Las situaciones favorables no pueden convertirse en ejemplos morales. No es victimismo: es contexto. No te dejes llevar por "el efecto divorcio" que se ve desde fuera. Sí, ahora me ves mil veces mejor que antes y es verdad, estoy muy bien, aunque cueste decirlo en voz alta, tal como va el mundo. Lo que no veías es lo mal que estaba al principio. El peor caso que conozco es el de la hermana de un amigo, que se divorció estando embarazada. O la de otra que acaba de descubrir que su marido está con otra persona mientras tienen dos niños pequeños. Por desgracia, conozco demasiados ejemplos de casos dolorosos como estos. No pongo ejemplos masculinos, porque no me los cuentan. Cuando tus hijos te siguen menospreciando tal y como lo hacía tu pareja, para mí es la alarma más grande. Ningún divorcio es Disney. Igual que hay gente que folla muy mal, aunque no se pueda decir.
La verdad es que sé más de vinos que de rupturas. Pero seguiré leyéndoos, estudiando viticultura e intentando maridar el vino con las relaciones. A pesar de que, cuando leo que Afganistán legaliza la violencia doméstica contra mujeres e hijos, pienso que esto tampoco pasa tan lejos de estas confesiones entre copas. Y que mientras nosotros esperamos la primavera, hay lugares donde se mueren de frío las cuatro estaciones del año y tienen la guerra dentro y fuera de casa.
