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Los cambios se producen lentamente, sin que nos demos cuenta; van penetrando en la sociedad como quien no quiere la cosa y, cuando te das cuenta de que las cosas ya no son como eran antes, ya es demasiado tarde para dar marcha atrás o para debatir si nos hacía falta hacer este cambio o no. Catalunya se encuentra, como muchos otros países del mundo, ante un cambio de paradigma social, económico, cultural… ¿Nos hacía falta llegar a este punto de no retorno? ¿Lo podíamos evitar? ¿O nos hemos visto empujados porque la corriente era demasiado fuerte y no había dónde agarrarnos ni teníamos suficiente fuerza para hacerlo?

Empecemos por el principio: ¿de qué cambio de paradigma os estoy hablando? Diría que solo con poner un pie en la calle ya puedes olerlo, pero profundicemos un poco más, no nos dejemos llevar por una percepción que podría ser meramente subjetiva. Catalunya (me centraré en Catalunya, pero es extrapolable a muchos otros países) se ha visto inmersa en los últimos años en toda una serie de cambios (poco a poco, como quien no quiere la cosa…). Estoy segura de que no soy la única que los ha notado y los sufre a diario; por lo tanto, si es una paranoia, es una paranoia compartida. Por un lado, tenemos la irrupción de la IA en todos los ámbitos (educativo, médico, laboral, social, económico…); hecho que ha provocado una grieta gigante entre los jóvenes y la gente mayor y una reducción de la socialización (al menos como la entendíamos hasta ahora: cara a cara y afrontando la realidad). La gente mayor no entiende nada de lo que pasa ni lo quiere entender; quieren acabar de vivir los años que les quedan lo más tranquilos posible. Los más jóvenes no pueden concebir la realidad sin la IA, la tecnología y las redes sociales y, si se lo quitaran, no sabrían ni comunicarse ni hacer una división. Los que nos encontramos en medio, es decir, los que hemos vivido sin tecnología ni IA, pero que, cuando aparecieron, todavía éramos lo suficientemente jóvenes para adaptarnos a ellas, vivimos atrapados entre una nostalgia de un pasado que fue extraordinario (tenía cosas buenas, pero también tenía unas cuantas malas) y un miedo a un presente desconocido y que cambia constantemente (que aparentemente parece que va de mal en peor, pero que quizás también tiene cosas buenas). Este cambio provocará (ya lo empezamos a notar) una crisis en el mundo laboral (más máquinas y menos personas; ya veremos qué hacen con las personas).

Otro cambio que se ha producido, y que nos afecta profundamente, es la entrada masiva de recién llegados, que ha provocado un aumento sustancial de la violencia

Otro cambio que se ha producido, y que nos afecta profundamente, es la entrada masiva de recién llegados, que, por más que algunos lo nieguen porque no les interesa que se sepa que el oh bienvenidos, pasen, pasen sin control acaba como el rosario de la aurora, ha provocado un aumento sustancial de la violencia (asesinatos a plena luz del día en calles concurridas, robos con violencia, venganzas con armas blancas, atracos…). Todo muy bucólico. Lo que también ha aumentado (y no deja de hacerlo) son los precios, de la vivienda, de los alimentos, de los bienes de primera necesidad…, de todo en general; lo que ha provocado una separación cada vez más acentuada entre los grandes tenedores y los que se comen los mocos porque no tienen nada más en la nevera. Relacionado con la entrada masiva de recién llegados (sobre todo de países castellanohablantes y con pocas ganas de integrarse), también se está produciendo una uniformización lingüística (un genocidio lingüístico, hablando claro y catalán); es decir, las lenguas imperiales están aplastando las lenguas minoritarias o minorizadas gracias a una globalización cada vez más acentuada; lo que provoca que vayan desapareciendo muchas lenguas y que cada vez haya más hablantes de una sola lengua imperialista, como puede ser el castellano (gracias a castellanohablantes que consideran que el catalán es un dialecto) o el inglés (gracias a los expats, que a pesar de que tienen un poder adquisitivo más alto, provocan un aumento del coste de la vida en Catalunya y marginan la lengua y la cultura catalanas).

También ha aumentado notablemente la precariedad de la educación pública a causa de esta inmigración masiva y de la negativa de mejorarles la situación (más profesores, menos alumnos por aula…; aunque creo que el problema radica en el hecho de que estamos atendiendo a más gente de la que podemos asumir); lo que favorece la desaparición de lo que se conocía como la clase media, ya que los grandes tenedores llevan a sus hijos a la escuela privada —donde los conocimientos que adquirirán se encuentran a años luz de los que adquirirán en la escuela pública. Por este mismo motivo (la barra libre para la inmigración), también ha aumentado la precariedad de la sanidad pública: menos tiempo para atender a la gente, listas de espera más largas; en definitiva, más ineficiencia.

Una de las razones que dan los socialistas para abrir las puertas de par en par a los recién llegados (cuantos más, mejor; da igual si de vez en cuando pegan un tiro a alguien que no les cae bien o apalean y amordazan a una pareja de ancianos para robarles…; ya los dejarán libres para que no se diga que son unos racistas de extrema derecha) es que en Catalunya se está produciendo un envejecimiento de la población. Lo que se está produciendo en Catalunya es un aumento de la mala leche por la falta de escrúpulos de algunos, y eso hace que envejezcamos más deprisa.

Otro cambio interesante que se está produciendo ya hace tiempo, y con este acabo porque no acabaría nunca, es el aumento de la toxicidad alimentaria (a causa de la sobrepoblación mundial, esta vez). Se producen alimentos masivamente y, consecuentemente, se ha deteriorado y han deteriorado la calidad de los alimentos (es inevitable, si quieres producir más de lo que la tierra te puede ofrecer; no entraré a hablar de los intereses que hay de que la población enferme). Esto contrasta con una conciencia cada vez más generalizada de llevar una vida saludable. Los jóvenes de ahora, cosa que en los años noventa del siglo pasado no pasaba, están más centrados en tener un cuerpo sano y atractivo (y en mostrarlo en Instagram) que en hacer chorradas de adolescente. Diría que sí: estamos ante un cambio de paradigma, y grande.