Aunque pensemos que la belleza humana es un concepto objetivo, fruto de criterios universales, la verdad es que cuando analizamos qué se considera una persona bella en diferentes poblaciones y sociedades humanas, nos damos cuenta de que la belleza humana es un concepto cultural, aunque seguramente hay algunos criterios comunes o compartidos. Por ejemplo, en general, consideramos más bello un rostro sonriente o expresivo que un rostro hierático e inexpresivo, probablemente asociado a que somos animales sociales que nos guiamos por la percepción de señales no siempre explícitas (gestos del rostro y del cuerpo, timbre y tono de voz, textura de la piel). En otras cuestiones corporales y faciales, podemos ser más variables, dependiendo de las circunstancias y el contexto histórico-social. Por ejemplo, en la época de Rembrandt, se apreciaban los cuerpos femeninos con volumen y curvas, mientras que actualmente los cánones mayoritarios se inclinan por cuerpos más musculados y deportivos.
No querría entrar en un discurso filosófico sobre la estética del cuerpo humano, sino que hoy os querría hablar de una costumbre cultural que afecta a la visión estética de las mujeres (en la mayoría de las culturas, las mujeres somos las que sufrimos mayor presión para acomodarnos a la belleza icónica aceptada y celebrada de esa etnia concreta). Hoy en día, por ejemplo, consideramos que el canon de belleza impuesto en las redes sociales hace que la mayoría de las chicas deseen tener unos rasgos faciales muy concretos, con ojos muy grandes, nariz pequeña, boca voluminosa y pómulos marcados. Sin embargo, hay otras culturas que priorizan otras características físicas que nos pueden extrañar mucho.
En Vietnam, varias etnias del norte y centro del país consideran que tener los dientes de un negro brillante, como si fuera azabache pulido, hace a las chicas más guapas y deseables. El blanco perlado de los dientes, en cambio, tan codiciado en muchas otras culturas, como la nuestra —en la que se venden los blanqueadores de dientes en cualquier droguería o perfumería—, es una característica que hace a las mujeres “sucias”, asociadas a “fantasmas y espíritus malignos” o a “animales salvajes” y, además, hace que cuando te mueras, los espíritus de tus antepasados te repudien. Con esta perspectiva, no es de extrañar que todas las chicas de estas poblaciones de Vietnam optaran por teñirse los dientes de un negro brillante, como si fueran pequeños espejos negros. Todavía ahora, hay muchas mujeres vietnamitas mayores, que crecieron sin ninguna influencia occidental, con los dientes teñidos de negro, que cuidan y retiñen todas las noches, ya que si hubieran querido conservar su color blanco natural, no se habrían casado y su sociedad las habría menospreciado. Os adjunto una fotografía de la agencia vietnamita de noticias (VNA) para que podáis ver el brillo de este negro, y el orgullo con el que muestra los dientes una mujer de la etnia Lu (norte de Vietnam).
¿Por qué y cuándo surgió esta costumbre? Según un artículo publicado recientemente, podemos encontrar cráneos humanos en Vietnam, datados de hace unos 2.000 años, que ya presentan los dientes negros. Una costumbre muy arraigada en Asia es la de mascar el hueso de la palmera areca (betel nut), que es altamente estimulante. La mascadura continuada de este hueso tiñe de color marrón o rojizo oscuro los dientes. Ahora bien, aunque muchas mujeres vietnamitas masquen este hueso, no es así como se obtiene este color negro distintivo que estamos comentando.
En Vietnam, varias etnias consideran que tener los dientes de un negro brillante, como si fuera azabache pulido, hace a las chicas más guapas y deseables
¿Cómo se puede generar este color tan negro? Parece que sea realmente “negro de azufre”, un pigmento sintético que contiene azufre de hierro, y que permite teñir tejidos de un color negro intenso. Los investigadores analizan el pigmento de los dientes de cráneos enterrados en distintos yacimientos arqueológicos de Vietnam, y siempre encuentran amalgamas con azufre de hierro más otros componentes botánicos, que, conjuntamente, harían que los dientes se vuelvan negros. Lo comprueban con dientes extraídos de perro, y comprueban cómo la dentina (la proteína del esmalte dental) cambia de color hacia negro intenso si se aplica periódicamente.
Por lo tanto, estamos hablando de una costumbre ancestral de hace miles de años que continúa hasta nuestros días, aunque las nuevas tendencias estéticas mundiales por redes sociales estén limitando su aplicación en la gente joven. Pero como esta costumbre estaba vigente hasta hace poco, encontramos a muchas mujeres mayores, todavía vivas, que nos cuentan con todo lujo de detalles por qué se tiñeron los dientes y cómo los conservan todavía tan negros. En cuanto a las razones, todas confluyen: todas las chicas, al llegar a la adolescencia, se teñían los dientes de negro como ritual de madurez del paso de niña a mujer, para ser más atractivas para el sexo masculino, para ser aceptadas entre el grupo de otras mujeres, para ser más pulcras y cerrar las puertas a los espíritus malignos y abrirse las puertas al más allá. El ritual no era trivial. Al principio, con una semana muy dura de preparación en la que la aplicación de varios ácidos (ácido de lima y vinagre de arroz) enternecía la dentina de los dientes. Después, hacía falta la aplicación de una pasta especial cuyo componente principal es el hierro y el azufre, más distintos extractos vegetales, que permiten la penetración del tinte en el interior del diente. A partir de este momento, hay que hacer nuevas tinciones para conservarlo, pero sobre todo, todas las noches, en el ritual de belleza, hay que aplicar nuevamente distintas pastas para conservar el color y el brillo. Eso sí, como contrapartida, matan todas las posibles bacterias de la microbiota bucal, y no tienen nunca ningún problema de sarro ni caries dental. Conservan los dientes durante toda la vida, unos dientes brillantes como espejos negros, hasta el momento de la muerte, unos dientes que te abren las puertas del más allá. Quizás no era tan mal negocio, si tenemos en cuenta que la pérdida de dientes es un mal común en muchas sociedades envejecidas.
En todo caso, esta diferencia cultural nos hace plantear qué es la belleza femenina, y cuál es el súmmum de cualidades que, según muchas culturas, debe presentar una mujer para conseguir un potencial marido y ser aceptada socialmente, lo que siempre termina con una justificación de belleza física, un componente de “pulcritud” personal y otro de “virtud”, en este mundo y también en el que nos espera, si creemos en el más allá. Nunca a los hombres se les pide estos extremos de potencial “perfección”. Como mujer, y en mi opinión —sin criticar las costumbres del pasado, que deben quedarse en el pasado—, creo que ha llegado el momento en que las mujeres del presente y del futuro debemos sobrepasar las limitaciones y constricciones sociales, para aceptarnos a nosotras mismas tal y como somos. Ni más ni menos.
